
Hoy, mientras te encontrabas frente a mí, las observaba. Esas manos que de niña cepillaban mi cabello, esas que acariciaban mi rostro y secaban mis lágrimas cuando rodaban por mis mejillas.
Esas manos que fueron curtidas en el campo, que troceaban los ingredientes y los añadían para hacer el más delicioso de los platos. Y esas mismas que después lo servían para deleitar nuestros paladares.
Esas manos que sostuvieron no sólo a sus hijos, también a cada uno de sus nietos desde el día que nacieron.
Hoy, están llenas de marcas por el paso de los años, cansadas del trabajo realizado, arrugadas, y aún así, son suaves y delicadas.
Esas manos, que me sujetaron desde que me diste la vida y lo siguen haciendo, aunque a veces tú no lo sepas…
B.D.E.B.

Son manos de amor. No hay más que decir 🙏🫶🤍☕🫂
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Cierto amigo, las que nunca nos sueltan. 🫂☕️😘
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Madres. Tesoros. Siempre allí, cerca. Siempre ellas y su ternura, esa que jamás envejece y que nos arropa sin importar la edad que tengamos.
Cómo te envidio, Beatriz, porque tienes esas manos maternales que aún pueden acariciarte las mejillas, porque puedes ver cada arruga y reseguirla con los dedos.
Dile muchas veces te quiero, aunque ella lo sepa.
Buenas noches.
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Me siento afortunada por poder sentir esas manos aún y disfrutar de ella aún con sus lapsus de memoria.
Hay veces que me invade la tristeza pero otras doy gracias por tenerla a mi lado.
Muchísimas gracias.
(Soy Blanca aunque me han llamado ya en alguna ocasión Beatriz 😉)
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