
Hoy una publicación en las redes me llamó bastante la atención y me dejó pensando en cuanta razón había en ese escrito.
Era un vídeo de un edificio con todas las ventanas cerradas y tan solo había una abierta. Por esa ventana abierta, una cortina salía y se movía libremente, sin nada que la detuviera, ondeaba al aire como si de una bandera se tratara.
Había muchas frases con muchas verdades, pero entre todas hubo unas que me llamaron la atención:
» La cortina volando no es desorden, es libertad. Es el viento entrando donde todavía existe espacio para sentir.»
Estamos muy acostumbrados a contestar ese «bien» a la pregunta de como estamos, por no preocupar, porque realmente nos gustaría estarlo, porque es «más bonito» y más fácil para el otro, alguien que esté bien a alguien que no lo esté, el edificio estéticamente está más bonito con todas las ventanas cerradas que con algunas abiertas dejando volar esas cortinas.
Nos cerramos como esa ventana, y no nos damos cuenta de que así no somos tan libres como nos gustaría, que no está nada mal abrir de par en par, dejar que entre el aire, sentirlo y ondear mientras él nos lleva de un lado a otro, sentirnos vivos.
Hoy comienza un mes que siempre he vivido con mucha ilusión, y aunque este año de nuevo vuelve a ser complicado porque hay asuntos que sobrevuelan por ahí, voy a abrir ventanas, voy a sentir y dejar que el viento me haga ondear y me lleve donde crea conveniente. Voy a abrir y dejar que entre el olor a pólvora, la música y el brillo del fuego, a permitir que afloren los sentimientos y compartirlos una vez más y esa ventana solo se cerrará para evitar que se cuele aquello que venga a enturbiar la claridad que siempre entra cuando abrimos una ventana, quizás a la esperanza…
B.D.E.B.
