Aligerar el peso

Aligerar el peso

Recuerdo hace diez meses, mi primera vez y no sabía si pesaba más la incomodidad o la mochila cargada de piedras que llevaba a mis espaldas. Tanto pesaba que no podía respirar y esa presión creo que subía lentamente hasta los ojos y les obligaba a soltar lágrimas constantemente.

Pesaba la intranquilidad, los nervios, la culpa, la traición (sin saber si era traidora o traicionada). Me pesaba la incomprensión, el egoísmo, la ironía, la maldad..

Recuerdo el no poder más, el sentir ganas de tirar la toalla, el verme incapaz de superar la situación, de desear un buen fin que nunca llegó, que sigue sin llegar.

Pero también recuerdo el ir liberándome poco a poco, de ir soltando aquello que pesaba en esa mochila a base de palabras, lágrimas y de ir aprendiendo a gestionar todo aquello que sentía, desde el dolor, a la rabia y a el sentimiento de culpabilidad, porque cuando no conseguimos arreglar algo aparece ese sentimiento de creer que la culpa es nuestra, no importa que el resto no busque o quiera una solución, eso no nos sirve, es más sencillo culparse.

Hoy no sentía incomodidad, me sentía como en casa, la mochila pesaba menos porque muchas de esas piedras se han ido soltando cada día. No puedo evitar sentir aún ese «miedo», esa incertidumbre, pero ya no ocupa la mayor parte de mis pensamientos, a cambio se han ido asentando otros sentimientos de los que no pesan, de los que curan.

Algunos días pesan sin poder evitarlo, algunos días algo hace que todo se remueva sin poder evitarlo, pero son momentos y es irremediable, solo hay que impedir que esos ratos superen a los buenos y así seguiremos bien.

Esta tarde el atardecer estaba precioso, hasta las nubes lo hacían más hermoso.

B.D.E.B.

Ricardo Arjona – Acompáñame a estar solo.

10 comentarios en “Aligerar el peso

  1. Y es que con algunas piedras pasa como las grandes montañas, que los efectos del tiempo y de los vientos hacen que se desgasten. Y algunas piedras en la mochila de tanto golpearse unas a otras se van haciendo piedras pequeñas y más tarde arena que se escurre por cualquier agujero, el final descubres que la mochila es cada vez más ligera porque tú que la llevas encima es más fuerte que cualquiera de esos pesadas 🫂🫶💙✒️☕

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  2. me has recordado a eso que escribí sobre subir una montaña e ir soltando cosas por el camino 🙂 en caso de duda, la respuesta siempre es simplificar, ¿verdad? ¿cuántas de esas piedras no son imaginarias aunque pesen como reales?, ¿cuántas de ellas son, en realidad piedras de otras personas? , qué paz, ¿verdad? cuando comprendes que puedes ir soltando esas piedras, que no tienes ninguna responsabilidad sobre ellas.

    Un abrazo.

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    1. Cierto Beauseant, recuerdo esa entrada y, aunque ya sabes que mi vértigo y mi pierna me impiden subir montañas, en mi caso voy soltando esas piedras en el mar (al final la playa de arena se convertirá en una de rocas)
      De todo lo que has dejado preguntas, hay una de ellas que me ha tocado «¿cuántas de ellas son en realidad de otras personas?»… que cierto es pero también las cargamos. No tenemos remedio.
      Un fuerte abrazo.

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