
En ocasiones vamos paseando y de repente vemos algo que nos hace mirar hacia arriba, un reflejo de lo que no vemos si no alzamos la cabeza hacia allí.
Entonces miras y ves ese cielo azul, con las nubes blancas decorándolo y haciendo que luzca «de revista» de hecho seguro que los que aparecen en las imágenes de una revista de viajes se asemejan mucho a él. Pero lo curioso es que si no llega a ser por ese charco que formaba el agua del mar, no me había fijado en él, no había mirado hacia arriba, no había visto más que lo que tenía al frente (aunque claro, esa imagen siempre hace que ande despistada).
Esa imagen me hizo pensar en algunas veces en las que tenemos algo importante, algo bonito (o alguien) y no lo descubrimos si no está delante, quizás está detrás, o a un lado y nosotros ni nos damos cuenta.
Lo malo en estas situaciones es que no tenemos un charco, un espejo o una superficie brillante para que se refleje y nos demos cuenta de su presencia.
Me gusta pasear observando todo, mirando hacia los lados, buscando qué hay arriba mía, qué es lo que está en el suelo y tener cuidado de no pisarlo, incluso en ese rincón perdido o detrás de esa columna donde nos gusta escondernos a los más tímidos.
Me gusta pasear así pero no solo por el mar, también por la vida, buscando el reflejo de aquello que siempre merece la pena.
B.D.E.B.

En Doñana este año descubrí que los flamencos a veces cruzan a ras, y si miro al cielo no los veo. Pero si abres los demás sentidos notas el sonido que hacen, y abrirse a otros sentidos nos hace pasear diferente. Tú lo has descubierto en ese charco, pero hay miles de personas charco. Un abrazo enorme amiga 🫶🫂☕🤍🌊✒️
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