
Mientras aclaraba las piedras decorativas del bambú me llegó un recuerdo de la infancia, estar sentada en el bordillo de la acera con mis amigas jugando con unas piedras, creo recordar que eran cinco, y se iban lanzando una a una hacia arriba y después se recogían de distinta forma intentando que no se te cayera ninguna, es un vago recuerdo que no termino de recordar tan bien como me gustaría, ni como se llamaba el juego ni siquiera si se me daba bien, aunque seguramente sea que no, porque ese tipo de juegos de habilidades y los deportivos nunca se me dieron bien.
Si recuerdo las risas con mis amigas y el sentirme feliz con poca cosa, esa infancia que viví era así, con poca cosa pero lo suficiente para ser feliz, a veces no se necesita tanto.
Justo no hace mucho lo comentaba en el blog de un amigo, quizás vivir en la periferia nos privó de lujos, pero puede ser que en aquel momento no se necesitaran.
Crecí en un ambiente humilde pero con una educación y valores que mis padres siempre me enseñaron, eso junto al amor que nos daban a mí y a mis hermanas, creo que fue suficiente para tener una bonita infancia.
Creo que el peor momento que recuerdo de aquellos años fue el día que tuvieron que salir del país por unas semanas para trabajar en Francia en la vendimia, él se había quedado sin trabajo y algo tenían que hacer para sacarnos adelante, pero para mí fue duro separarme de ellos. El mejor día (lo he escrito en varias ocasiones) su regreso. Si cierro los ojos aún puedo verlo a la perfección, salir de clase y verlo a él esperando tras la valla del colegio, creo que fue el único día que nos recogió del cole (siempre iba mi madre) y si fue alguno más, ese es el único que recuerdo, y salir corriendo hacia él mientras mis lágrimas rodaban por las mejillas.
Con que poco nos conformábamos ¿verdad? Y que poquito necesitábamos para ser felices, a veces unas piedras eran suficientes, otras un regreso, una mirada, una sonrisa y unas lágrimas de felicidad…
B.D.E.B.

Eran las tabas. Se elegían planas y suficientemente grandes para atraparlas pero cupieran en la mano, y se agarran primero de una en una, luego de Dos en Dos. Y al final las cinco a la vez… Qué tiempos, gracias por el recuerdo de lo sencillo amiga ☕✒️🫂🥰🤍
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Ay amigo!! Veo que tienes mejor memoria que yo. A veces cualquier cosa despierta esos recuerdos, mientras aclaraba esas piedras, para meterlas de nuevo en el jarrón, me llegó esa escena y ese recuerdo.
Lo sencillo formó parte de mi infancia y quizás por eso ahora se necesita de lo sencillo para encontrar la tranquilidad.
Un abrazo Manu 🫂🫂☕️☕️😘
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Estamos hablando del mismo juego y en mi tierra se llamaba el juego de las «chinas» eran sí cinco piedras que lanzabas al aire y luego en distintas fases había que recogerlas, de una en una, de dos en dos, o todas a la vez. Recuerdos de nuestra infancia y la vida que a unos y a otros nos ha tocado. Cosas sencillas que hacen la existencia, al menos para mi, muy grande. Un abrazo, y van ya tres, siempre mejor que uno solo.
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Creo que aquí también se llamaba así, mi memoria a veces tiene lagunas. Pero sí, con las cosas sencillas hemos crecido, las hemos valorado y quizás por eso ahora seguimos disfrutando de lo sencillo, de lo que está ahí, como nuestro mar ¿verdad?
Abrazar siempre nos hace bien, así que ahí va otro de vuelta.
Feliz noche Paz.
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Me gusta mucho que hayamos establecido una especie de dialogo epistolar vía blog (blogolar¿?) Creo que la mayoría de las infancias, en condiciones normales, son felices porque los adultos levantaron un muro que nos aislaba del mundo exterior. Mi historia era más triste, más marga, quizás por las reflexiones posteriores, cuando armé todas las piezas del rompecabezas y comprendí las sombras que planeaban sobre esa felicidad.
Imagina lo que has comentado de la vendimia, la angustia, los miedos, quizás incluso las discusiones que se produjeron, y nada de eso te llegó, ¿verdad?
Y me parece bien, claro, no hay ninguna prisa por dejar de ser niños.
Un abrazo
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Empezó con esa entrada tuya, el comentario posterior y después llegó ese momento de las piedras y supe que tenía que escribir sobre ello.
Cierto Beauseant, los adultos levantaban ese muro y no dejaban que los problemas llegasen a los niños, creo que a veces ahora seguimos haciendo lo mismo, ya llegará el momento de que esos problemas les hagan ser adultos. Aún con esas, sin tener conocimiento de los problemas, la ausencia de nuestros padres, ya era un gran problema, estaba demasiado pegada a ellos, me faltaba esas «buenas noches» cada día al acostarme, esos juegos que, él sobre todo, siempre tenía con nosotras, unas semanas difíciles y la alegría de ese día que creo lo recordaré siempre.
Disfrutábamos de lo sencillo, de ser niños, no importaba los lujos, el único del que se disfrutaba (quizás el más importante) ser una familia feliz.
Un abrazo enorme querido Beauseant.
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