
Me gusta observar las olas cuando se acercan a la orilla, como dejan esa arena lisa,con una superficie que parece un espejo, donde se refleja el sol,las nubes, o cualquier persona que pasee por allí en ese momento.
Después vuelven hacia atrás, regresan a ese mar para volver quizás con más fuerza y llegando un poquito más lejos, pero siempre regresan a él, siempre…
En nuestras vidas también se revuelven «las aguas» a veces como un mar furioso, otras como ese mar en calma. Pero ya sea de una forma o de otra, también vuelven a su cauce y esto nos da tranquilidad, de saber que ya todo está como debía de estar.
Intento mantenerlas así pero al igual que no podemos controlar el mar, que el decide cuando estar revuelto o en calma, tampoco nosotros podemos tener las situaciones bajo control, aunque lo que si podemos llegar a conseguir es que vuelvan a su sitio, intentar reorganizar y que cada cosa ocupe su lugar.
Mi problema es que a veces anticipo estos antes de que lleguen, imagino que va a llegar una tormenta solo por haber visto una nube y quizás remuevo el mar que de momento está en calma. Y ahí es cuando me obligo a respirar profundo y visualizar lo que tengo delante en ese momento, intentar no llegar a donde la vista aún no alcanza.
Las olas cuando regresan ya no son las mismas, parte de lo que llevaban se ha quedado en el camino y ya no regresa, en nuestro caso pasa algo parecido, aunque todo vuelva a su sitio, algunas cosas se pierden por el camino y ya no regresan, quizás estas sean las que provocan algunos cambios en nosotros, quizás por ello no siempre se puede volver a ser los mismos, aunque regresemos a nuestro sitio.
B.D.E.B.

Quizás tenemos muchos sitios, uno para cada momento, uno que las olas en su baile de ir y venir nos van moldeando. Y quedamos anticipar o no el mal sigue su curso igual que lo hace la vida querida amiga 🫂🫶🤍🌊🌊☕☕
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