
Recuerdo de pequeñita que me decía, «acercatela a la oreja y escucha, se puede escuchar el sonido del mar», y desde entonces, cada vez que hay alguna de un tamaño adecuado, no puedo evitar hacer ese gesto, acercármela para escucharlo.
Supongo que siempre he estado unida a ese sonido, de una forma u otra, ahora puedo escucharlo siempre que quiero, en vivo, con una simple visita, con un paseo, pero aún así, siempre hay alguna concha en mi casa, quizá por tener un poquito de él más cerca aún.
Es como cuando tenemos una cajita de recuerdos, la abrimos y miramos esos objetos que un día fueron importantes y que los guardamos como verdaderos tesoros, para volver al lugar, para volver al momento.
Lo curioso es que muchas veces también se siente y un objeto nos puede traer el recuerdo de lo que hacíamos justo en ese momento.
Ocurre también con las personas, ese bolígrafo prestado que finalmente te dijo que te quedaras, un pequeño obsequio en algún momento que nunca olvidamos, ese accesorio que siempre te la recuerda, esa prenda con su olor, esa imagen grabada en tu memoria, ese momento guardado en el corazón…
B.D.E.B.

Pequeños objetos que nos hacen volar en el tiempo o trasladarnos por arte de magia a un momento, lugar, a una persona. Tengo una de esas conchas aquí… y escucho mi mar🌊💙🫶☕✨🫂😘
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Es como estar más cerca de todo ello ¿verdad? A pesar de lo cerca que lo tengo, tengo algunas conchas por aquí a mano para sentirme aún más.🫂🫂☕️☕️🌊💙
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