
Siempre digo que el otoño es la estación que menos me gusta. He hablado muchas veces de ello y creo que por esa razón, cuando vuelvo a algún lugar en esa temporada, me demuestra que es bonito, que sus colores pueden hacer el lugar más bello de lo que ya es.
Una parte de esa belleza son las hojas que van cayendo y formando una alfombra, en aceras, jardines o la repisa de una ventana. Puede parecer triste, el árbol, la planta, se queda solo con un simple esqueleto, incapaz ya de dar sombra, de cobijar a nadie. Pero no es así, se despoja de ellas para recibir unas nuevas, quizás más grandes, firmes, frescas, con colores brillantes y volveran a llenarlo de vida.
Nosotros pasearemos bajo esas sombras, nos guardaremos de esa fina lluvia primaveral, nos pondremos a su sombra los días fuertes de verano, hasta que de nuevo el otoño se las vuelva a «llevar».
Si nos fijamos bien, nosotros tenemos alguna función parecida, a veces hay que soltar para renovarse, para que crezca algo nuevo, algo más brillante, para volver a ser cobijo, para proteger a quienes se acercan a nosotros a cuidarnos y descansar bajo nuestra sombra.
B.D.E.B.

Y esas hojas caídas alimentan la tierra, y traen el recuerdo de cuando éramos niños y las arrastrábamos con los pies jugando. Hay belleza en todo cuando nos paramos a mirar diferentes amiga 🏹😉🍂🍁😘☕🌛
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