Primera noche…

Primera noche…

Esa primera noche, que no es la primera, pero sí en esa ocasión. Sales, observas el cielo estrellado, la luna de lejos, pequeñita, pero en un rato la sentirás más cerca.

Las palmeras brillando y los árboles luciendo sus primeros brotes, intentas recordar cuando fue la primera noche, no esta, la primera de todas, hace mucho tiempo ya…

Y de repente llegan otras primeras noches, nada tienen que ver con esa imagen, pero aparecen en tu mente como por arte de magia quizás…porque  ¿fueron importantes? Tendría sentido.

Después de esa primera noche hubo una primera madrugada y un primer amanecer, ¿lo recuerdas? Supongo que no, no siempre recordamos por igual esas primeras veces, no siempre son igual de importantes para cada persona…

Y hubo una primera mañana en que nos dijimos adiós, ¿o fue una tarde?, no consigo recordarlo, mi memoria retiene mejor esas primeras veces de lo que aún hoy me hace sonreír.

B.D.E.B.

Ricardo Arjona – Primera vez
Pedacitos

Pedacitos

En casa tengo un pedacito de mi mar, observo las caracolas, paso la yema del dedo sobre ellas para sentir su textura, dentro de alguna todavía conserva un poquito de esa arena fina. Las observo muchas mañanas café en mano, las recoloco en la bandeja, sujeto alguna cerrando mi puño, sintiéndola, recordando el momento en que la vi durante mi paseo, en qué amanecer fue de tantos vividos, tantos sentidos…

Suelo hacerlo cuando llevo tiempo sin esos paseos, aunque hayan sido sustituidos por momentos bonitos, los echo de menos y tengo ganas de volver. No es cuestión de ver, es cuestión de sentir y noto que ya hace falta.

En mi casa tengo un pedacito de jardín, unas flores que dan color al día a día, que dan vida a esos otros objetos inanimados que conservamos, que hacen la vista bonita, que me recuerdan cuando en ocasiones me he perdido entre árboles y flores silvestres.

Ese pedacito de jardín me invita a hacerme pequeña e introducirme en él, a pasear por la naturaleza, a respirar ese aire puro, el aroma de las flores, sentir la fresca sombra de los árboles y recordar, siempre recordar…

También hay algo parecido a un pedacito de río, el río… tengo uno en mente por el que he paseado en muchas ocasiones, que me trae recuerdos dulces y otros amargos. Un río por el que paseé con una sonrisa, agarrada a una mano, y también paseé con lágrimas en los ojos cuando esa mano se olvidó de agarrarme, esos brazos olvidaron abrazarme.

Un río por el que quizás no vuelva a pasear, a veces nos negamos lo que duele demasiado.

B.D.E.B.

Antonio Orozco y  Alejandro Fernández – Estoy hecho de pedacitos de ti.
Callejeros…

Callejeros…

Hoy conseguí sacarle una foto, normalmente se esconde debajo de los coches y te mira así, «con cara de pocos amigos», creo que se sabe importante en el barrio, a diferencia de sus compañeros callejeros, ella entra y sale de su casa cuando quiere.

Es un «alma libre» sabe que cada vez que regresa tiene su plato de comida, su cama mullidita, un techo sobre el que resguardarse del frío invierno y del caluroso verano, y lo más importante, una humana que la llena de mimos cada vez que se le acerca.

Sus compañeros le permiten acercarse, ella no va de «diosa», cuando está en la calle se convierte en una más de la colonia, no mantiene distancias con ellos, se acerca y comparten el césped del jardín para tumbarse a la fresca o se esconde como cualquier otro debajo de un coche.

Hoy, mientras me miraba y posaba cuando le tomaba la foto, uno de sus compañeros tomaba el sol como que con él no iba la cosa…

B.D.E.B.

Sin voz…

Sin voz…

Ayer, mientras realizaba la romería, me noté un ligero picor de garganta pero no le di mucha importancia. Conforme pasaban las horas y el día avanzaba, mi voz se iba «agotando» a la par de las energías, así cuando llegué a casa, aparte del cansancio de todo el día, mi voz se había quedado bastante más flojita de lo habitual, y esta mañana cuando levanté, casi no había rastro de ella.

Pocas veces me he quedado sin voz, cuando me resfrío se nota que la voz se apaga un poco, cambia, pero afonía muy pocas veces he tenido y como en esta ocasión diría que es la primera vez.

Así que cuando esta mañana intenté hablar y me quedé en eso, en el intento, me sentí un poco agobiada de ver que había mucho que decir pero costaba hacerlo y cuando me fuerzo el picor de la garganta me provoca toser.

Peor ha sido cuando he tenido que llamar a mi padre por teléfono para avisarle que no podría subir a comer con ellos, al hombre le ha costado un mundo entenderme y yo aún me he sentido más agobiada.

A partir de ahí me he puesto a pensar lo complicado que es en ocasiones hacerse entender, en esta ocasión por no tener voz,pero en otras ocasiones por más que tengamos esa voz para explicarnos, no siempre lo logramos hacer o no siempre la otra persona logra entendernos por muy bien que lo expliquemos.

Otras veces somos nosotros mismos los que preferimos no «tener voz» y no entrar en debates absurdos que no nos van a llevar a ningún sitio porque sabemos de antemano la posición inamovible de la otra persona.

También puede pasar que quienes tenemos enfrente se pongan a hablar y hablar y no te den opción para que tú puedas dar tu opinión, y si lo haces quizás tu voz no se escuche a malas penas entre las otras.

Y no podemos olvidar esos casos en los que no hay voz porque alguien te deja sin palabras o no encontramos las adecuadas para expresar algo.

La voz es muy importante y debo reconocer que me alegra un mensaje pero lo hace mucho más una llamada o un audio, que hoy sentí que me faltaba algo para poder expresarme y sin embargo sé que a veces puedo hacerlo mejor a través de las letras que hablando.

Hay más formas de comunicarse y ya lo he dicho en muchas ocasiones, una mirada, una sonrisa, un abrazo… dicen mucho más que mil palabras pronunciadas.

B.D.E.B.

Leiva – Hasta que me quede sin voz
Romería

Romería

Hay cosas que repetimos a través de los años y, aunque parezca que siempre es lo mismo, cada año nos trae algo nuevo, algo que recordar más adelante, porque no hay dos días iguales, ni siquiera dos momentos iguales, siempre hay algo, por pequeño que sea, que hace que sea diferente a lo vivido.

Hoy de nuevo blusón, gorro, zapatillas cómodas y mochila a la espalda, todo listo para hacer la romería. A primera hora ya estábamos listos en el punto de partida, caña en mano y muchas ganas de hacer una vez más ese camino y de pasarlo bien en la mejor compañía.

La romería (ya lo he comentado en alguna ocasión) la hacemos creyentes y no creyentes, algunos con alguna petición en modo de promesa, otros por tradición y otros con el único fin de compartir el día y pasarlo bien.

Y, como decía antes, hoy ha sido diferente. Salir más tarde esperando a los más rezagados, que cada año parece que la gente «aumente» y que por primera vez la realizo junto a dos personas que se han vuelto bastante importantes para mí, un apoyo fundamental en esos momentos pasados y sé que en lo que esté por llegar.

Además ha sido un día de esos en los que ves que todo está tranquilo, que parece que se hayan limado asperezas y que no ha habido ni una mala cara, solo sonrisas, risas y momentos de compartir.

Pensaréis que es lo normal, pero en ocasiones, cuando los grupos son bastante grandes, esto es todo un logro.

Un buen día, una romería mejor aún y un cansancio al final del día que nos demuestra que los años no pasan en balde, pero mientras se pueda y la salud lo permita, repetiré año tras año ese camino que me inculcaron desde niña y que es una tradición bonita de seguir.

B.D.E.B.

Viva Suecia y Zahara – Días amables