
Algunas imágenes son capaces de decirlo todo, creo que esta es una de ellas. Después de esos primeros días de montaje, de los siguientes de colocar y «adaptarte» un poco, llegan esos días de «casi» relax.
Por las mañanas un poquito de trabajo escuchando música (en los casquitos para no molestar), y cuando ya está todo listo y una vez asegurada de que no necesitan más de mí, entonces llega ese relax tan ansiado.
Este año es diferente, al llegar un mes antes aún no han llegado los amigos. Hay muchas parcelas vacías y más extranjeros que españoles, pero no importa, casi se aprecia más la tranquilidad y cuando llego yo a la piscina siempre queda alguna hamaca libre, eso en agosto es imposible.
Esta tarde, después de un baño para sofocar ese calor horrible que está haciendo estos días, me tumbé en esa hamaca y dejé la mente en blanco, simplemente observar el movimiento de las palmeras, las nubes, el sol aún pegando fuerte y dije para mí misma «ahora sí».
Esta mañana hablaba con el técnico del WiFi mientras lo instalaba, y hablábamos justo de eso, de lo necesario que son esos cambios de aires, ya sea por un par de días o por más tiempo, lo que se pueda, pero muy necesario. Necesitamos desconectar del día a día, o hacerlo diferente al menos, dejar a un lado los problemas que aún no han llegado y que en ocasiones anticipamos, y disfrutar de esos ratitos.
Aquí está claro que los disfruto más, que la tranquilidad se multiplica y cuando estoy como esta tarde, o como ahora mismo al aire libre escribiendo estas líneas, ahí es cuando reafirmo que esto es lo que quiero, lo que necesito y que no me cansa, no me aburre, justo lo contrario, son mis momentos de desconexión y a la vez conectar conmigo misma.
Ya sin darme cuenta llega el fin de semana, llega la compañía, llegan amigos también y se disfruta de otra manera, compartiendo, cosa que también me hace feliz.
B.D.E.B.






