Noches de verano.

Noches de verano.

Me estoy dando cuenta que el mes de julio aquí es bastante más tranquilo. Cuando cae la noche apenas hay movimiento, algunas noches, si hay fiesta en la zona del chiringuito, se escucha la música, o si hay partido y lo ponen en la pantalla gigante, se oyen los goles marcados, principalmente si juega España o Inglaterra (casi diría que aún más esta segunda)  pero a excepción de esos días no hay a malas penas ruido.

Así, tumbada en la tumbona, con el ventilador (hoy no corre nada de aire) sólo se escucha su zumbido y algún niño de vez en cuando, o mis bichejos que en cuanto ven algo en movimiento, ya sea humano, felino o perruno, se ponen alerta y algún ladrido se les escapa aunque yo intente que callen.

Es esa tranquilidad que te invita a escribir, a leer, a dejar la mente en blanco o hacer un resumen del día. Una tranquilidad que no siempre se tiene, en  casa estaría la televisión puesta y quizás se escucharía a alguno de los chicos si están jugando online, aquí la tele la enciendo mientras como o ceno y en el canal veinticuatro horas, para ver las noticias o casi diría las desgracias del día, porque llevamos una rachita que es un no parar.

Pero es cierto que, por muy a gusto que esté y por mucha tranquilidad que haya y que necesite, parece que falta algo, ese movimiento de las noches de verano, ese jaleo de los niños con las bicicletas o jugando a cualquier juego de correr de un lado a otro, sin fijarse a veces si entran en una parcela que no es la suya.

Faltan esas barbacoas de noche (aunque sean de gas) con el bullicio de las familias que se juntan a prepararlas, incluso quizás con un poquito de música sin subir demasiado el volumen.

Faltan también las parcelas bien iluminadas, con mesas largas y un popurri de aperitivos que cada uno trae de casa. No importa que sea de noche, aquí se come casi igual que de día.

Faltan esos chavales, perfumados y medio arreglados, solo irán detrás de recepción, a escuchar música y conversar, pero se ponen sus «mejores galas» como si se fueran de fiesta.

Se echa de menos y a la vez agradezco esta tranquilidad, raro ¿verdad? Creo que a veces necesitamos un poquito de todo, cada cosa en su justa medida, un poco de bullicio, un poquito de tranquilidad, unos días de estar sola, otros de estar acompañada y por supuesto esos días de compartir cuando llega el resto.

Y mientras llegan y no llegan esas noches de verano que son las que siempre he conocido aquí, tengo tiempo de entrar un ratito por aquí, ponerme al día y también de leer algún libro, aprovechando esos momentos solitarios de tranquilidad, siempre que estos dos bichejos que me acompañan se «porten bien».

B.D.E.B.

Amaral – Días de verano
Siempre aprendiendo

Siempre aprendiendo

¿Eres de los que nunca dejan de aprender?

Estas palabras se las voy a robar a un amigo, que a pesar de dar clases, las utiliza mucho «siempre aprendiendo».

En realidad creo que somos todos los que nunca dejamos de aprender, solo que como cuando éramos estudiantes, algunos prestamos atención a las lecciones que nos da la vida y otros o bien no se interesan o bien están demasiado distraídos como para prestar esa atención tan necesaria.

Siempre hay algo que aprender, la vida tiene mucho que enseñarnos, aprendemos de unos y otros, de los animalitos, de la naturaleza, de las situaciones, lo único que hay que hacer es abrirnos y ser receptivos.

En ocasiones podemos pensar que ya a nuestra edad lo tenemos todo aprendido, incluso muchos jóvenes también lo creen, pero solo hay que fijarse y veremos que no es cierto, que aún hay mucho que aprender y que es posible que nos falte vida para hacerlo.

Sí, muchas veces la vida acaba antes y nos quedamos con las ganas de haber aprendido más, de haber prestado más atención a las cosas importantes, esa que conforme pasan los años parece que vayamos perdiendo, porque cuando hablamos de los niños solemos decir que son «esponjas» que todo lo absorben, van aprendiendo día a día y se nota en sus progresos pero cuando crecemos y nos hacemos adultos parece que vayamos perdiendo esa capacidad de aprendizaje y si no ponemos interés aprenderemos lo justo.

Soy de las que consideran que aún tiene mucho que aprender y muchas ganas de hacerlo, mientras vivimos es todo un aprendizaje constante siempre que nos dejemos llevar y estemos dispuestos a que nos enseñen.

B.D.E.B.

Pablo Alborán – Contigo aprendí.
Tanto que agradecer

Tanto que agradecer

Hay días que ya de por sí son especiales, pero hay personas que consiguen siempre que lo sean aún más.

Un día comienza «casi» como otro cualquiera, con una sonrisa, esa que siempre se dibuja cuando hay una fecha importante, y cuando recibes esa visita, feliz de que una vez más están ahí, observas que no han pasado nada por alto, un detalle que lo dice todo, y dentro de ese detalle está el observar que te conocen, que saben tus gustos, lo que adoras y todo va relacionado a ello, incluso unas letras escritas en un papel, haciendo alusión a ese mar al que tenemos pasión compartida.

Hay quienes llegan a tu vida de una manera silenciosa, sin hacer ruido y poquito a poco, pero se instalan, les hacemos un hueco (aunque no compartamos armario como hablábamos el otro día pero se comparten muchas otras cosas) entran en nuestro corazón sin desbaratarlo y ya tienen su lugar mientras ellos quieran estar.

Con ellos comparto varias pasiones, entre ellas el mar y esta montaña que es el símbolo de una ciudad que adoramos.

Una vez más agradezco su compañía, sus detalles, su «estar» siempre, en lo bueno,  en lo malo, sentir ese cariño y esa mano amiga, esa complicidad y su alegría contagiosa, el saber sacarte aunque sea por un ratito del caos del día a día y a traer ese otro caos cuando es necesario salir de la rutina.

Una vez más gracias, porque hacéis que cada ratito sea aún más especial.

B.D.E.B.

Amaral – Marta, Sebas, Guille y los demás
Malos momentos

Malos momentos

¿Qué etapa de tu vida titularías «Los años duros»… y qué te ayudó a superarla?

Creo que haciendo balance y siendo consciente de las cosas, no han habido años duros, diría que han habido malas temporadas, malos momentos, pero aunque en ocasiones diga que «este año ha sido duro» han habido circunstancias que me han hecho sufrir, pasarlo mal pero miro alrededor y está sucediendo una tragedia tras otra, familias que lo pierden todo, que pierden a los suyos, y creo que eso es lo más duro.

Ves las noticias y las tragedias se suceden una a la otra, hablas con personas y te dicen que su familia lo ha perdido todo, y aún se sienten afortunados porque lo pueden contar, pero tienen que recurrir a ayudas de fuera para volver a poner su vida «en pie».

Y entonces aparece esta pregunta, los años duros… Han habido muchas situaciones, temporadas, momentos de pasarlo mal, de querer tirar la toalla o meterme bajo una manta y no querer salir.

El último de estos muy reciente, demasiado, aún está pasando y no se ve un final, pero sigo aquí y todo al final tiene solución, tarde o temprano pero llegará, pero hay algo que no tiene solución y que cuando llega todo se acaba, el que se va quizá descansa y el que se queda es el que sufre, y eso es lo único que no tiene solución y es lo duro realmente.

Todos pasamos por esos malos momentos y temporadas, siempre llega algo, quizás haya algún afortunado que no, pero creo que siempre aunque sea emocional hay momentos de esos. Pero junto a esos momentos siempre aparece esa «ayuda» para superarlos y, al menos en mi caso, está en esa mano que me ofrecen los que me rodean, en esa que siempre tira de mí, ese hombro en el que llorar o ese abrazo que nos ayuda a calmarnos, que nos abriga cuando hace frío.

Momentos, temporadas que hay que pasar, no queda otra, y quizás ahora lo veamos como algo duro pero después nos daremos cuenta de que no lo era tanto y que hay cosas que si lo son irremediablemente.

B.D.E.B.

Laura Pausini – El valor de seguir adelante.
Relax…

Relax…

Algunas imágenes son capaces de decirlo todo, creo que esta es una de ellas. Después de esos primeros días de montaje, de los siguientes de colocar y «adaptarte» un poco, llegan esos días de «casi» relax.

Por las mañanas un poquito de trabajo escuchando música (en los casquitos para no molestar), y cuando ya está todo listo y una vez asegurada de que no necesitan más de mí, entonces llega ese relax tan ansiado.

Este año es diferente, al llegar un mes antes aún no han llegado los amigos. Hay muchas parcelas vacías y más extranjeros que españoles, pero no importa, casi se aprecia más la tranquilidad y cuando llego yo a la piscina siempre queda alguna hamaca libre, eso en agosto es imposible.

Esta tarde, después de un baño para sofocar ese calor horrible que está haciendo estos días, me tumbé en esa hamaca y dejé la mente en blanco, simplemente observar el movimiento de las palmeras, las nubes, el sol aún pegando fuerte y dije para mí misma «ahora sí».

Esta mañana hablaba con el técnico del WiFi mientras lo instalaba, y hablábamos justo de eso, de lo necesario que son esos cambios de aires, ya sea por un par de días o por más tiempo, lo que se pueda, pero muy necesario. Necesitamos desconectar del día a día, o hacerlo diferente al menos, dejar a un lado los problemas que aún no han llegado y que en ocasiones anticipamos, y disfrutar de esos ratitos.

Aquí está claro que los disfruto más, que la tranquilidad se multiplica y cuando estoy como esta tarde, o como ahora mismo al aire libre escribiendo estas líneas, ahí es cuando reafirmo que esto es lo que quiero, lo que necesito y que no me cansa, no me aburre, justo lo contrario, son mis momentos de desconexión y a la vez conectar conmigo misma.

Ya sin darme cuenta llega el fin de semana, llega la compañía, llegan amigos también y se disfruta de otra manera, compartiendo, cosa que también me hace feliz.

B.D.E.B.

…y trabajo también
Ambos y El Chojin – La vida es eso.