Hay días que necesitamos de un abrazo, de un beso, de un ¿cómo estás?, un mensaje, una llamada o unas letras… Otros días necesitamos de silencio, quizás de estar pero de otra manera.
Dependerá del momento, del día, de las circunstancias cuando necesitaremos una cosa, otra o incluso varias a la vez.
Hoy estas letras van para ti, porque quizá hoy necesites ese poquito de todo y a la vez nada, nada que consuele, pero puede ser que mañana o en unos días comiences a necesitar y sabes que aquí está tu amiga, mirando a ese mar y deseando escuchar, abrazar y sentir junto a ti.
Ayer puse la foto de una frase que creo que definía bastante el sentido que tiene la vida para mí.
Creo que es un lugar de paso y cada momento que no disfrutemos, pasará y ya no regresará, llegarán parecidos pero nunca iguales.
Justo hoy que ha sido un día de esos en que los sentimientos están a flor de piel, en el que te das cuenta de que has pasado algo por alto, o quizás habías notado algún resquicio pero no te habías atrevido a preguntar si todo iba bien (de nuevo ese temor a no molestar, el no atreverse), hoy cuando has sentido que un abrazo es todo lo que se puede ofrecer a quienes lloran una pérdida porque las palabras sobran en esos momentos. Hoy llega a ti esa pregunta sobre el sentido de la vida.
Cada uno le damos un sentido diferente, cada uno tenemos una prioridad distinta en ella y cada uno paseamos de una manera, la mayoría acelerados, sin tener momentos para nada y cuando nos damos cuenta ya ha pasado.
Hoy, una de esas personas a las que hemos ido a abrazar nos decía, «a veces nos cuesta buscar un momento para tomar un café, para quedar a cenar, es difícil ponerse un grupo de personas de acuerdo, sin embargo cuando pasa algo así, aquí estamos todos».
Quizás sea porque lo importante en esta vida es estar cuando el otro más lo necesite, también buscar ese momento para esa cena o ese café, pero que cuando una persona lo está pasando mal, estar, que sepa que no está solo y que puede contar contigo.
Y sin embargo me siento un poco culpable de no haber notado esa otra situación que se veía venir en otro amigo, hasta que hoy lo he notado emocionado, con los ojos brillantes y al final ves como se deshace y saca todo porque ya no puede más. Culpable de no haber sabido ver, yo que siempre intento mirar un poquito más allá, pero a veces se nos pasa algo y ver a quienes quieres superados por alguna situación hasta tal punto, me provoca esa punzada que todos sentimos en algún momento, incluso en más de los que nos gustaría, pero eso quiere decir que sentimos y eso, creo que es lo que le da sentido a la vida.
Sentir, sentimientos, disfrutar, compartir y estar, eso es lo que hace que la vida tenga sentido.
Quién pudiera volar como ellos ¿verdad? Ver el mundo desde allí arriba cada vez que nos plazca y alejarnos del «mundano ruido».
Pero no, no podemos hacerlo salvo que utilicemos algún medio de transporte y ya no es lo mismo, perdemos esa libertad que ellos tienen, de moverse por donde se les antoje, huir de los peligros, migrar cuando hace frío y regresar al hogar cuando el sol calienta de nuevo.
En algún momento ya conté que en ocasiones me daban incluso un poquito de envidia, sí, envidia de no poder volar como ellos y alejarme en ocasiones rápidamente de aquello que me pueda hacer daño, aunque quizás alejarse no sea la mejor opción, en ocasiones tenemos que enfrentarnos a las cosas, solo de esa forma las conseguimos superar. Hoy justo escuchaba una canción que decía algo de eso, «la vida cuesta» de Marwan.
Sin embargo hay algo de nosotros que sí que vuela, las palabras. Puedes decirlas en un entorno y en algunos casos llegan más lejos que esas aves. Van volando de un lugar a otro y lo más sorprendente es que durante ese vuelo «van cambiando» y después llegan hasta a ti tan diferentes que ya no las puedes reconocer…
Hoy creo que toca volar en sueños, volar como hacían Peter Pan y Campanilla al país de Nunca Jamás, en mi caso simplemente a un mundo un poquito mejor, donde la verdad prevalezca ante la mentira y donde aprendamos a reconocer nuestros fallos.
Creo que la respuesta hoy la tengo bastante clara, este último año y todo lo vivido en él.
Cuando llegas de un año que estás deseando que acabe (como pasaba con el 2024) el siguiente año lo afrontas con energía y con ganas de que sea mucho mejor, o al menos un poco, pero no… el destino, la vida, o lo que quiera que sea, tiene otros planes, quizás ver hasta donde llegas, quizás comprobar o sacar esa fortaleza que tú ni sabes que está ahí.
Y así comenzó mi 2025, luchando y esforzándome por salvar algo y cuando crees que esto lo vas a superar te llega otro palo, no sé si para comprobar hasta que punto esa unión era fuerte o para ver si tú eres fuerte y puedes con todo, con situaciones que nunca hubieras esperado ni creías que algún día tuvieras que enfrentarte a ellas, pero llegan, ahí estaban…
Empiezas pensando en que no vas a poder con todo, que la situación podrá contigo, algunos días sin querer siquiera levantarte de la cama, otros en que el peso te hunde, haces lo que nunca antes habías hecho «pedir ayuda» y te das cuenta de que sí, que en ocasiones hay que hacerlo porque no queda otra y termina haciéndonos mucho bien.
Y después de meses te reconoces más fuerte de lo que nunca hubieras pensado, vas viendo como poco a poco tienes más fuerza y afrontas de otra forma la situación, aunque todavía temas caerte pero aprendes a pisar con paso firme.
Claro está que esa fortaleza sale fuera porque te han ayudado a que así sea y entre otros, esas personas que te sujetaron, que te abrazaron y que te animaron con su fuerza y su cariño a que tú sacaras la tuya.
Así que ese momento ha sido este último año, y sigue siéndolo porque la «batalla» aún no ha terminado y llegarán días en que crea haber perdido esa fuerza pero solo tendré que buscarla porque siempre está, aunque en ocasiones nos creamos débiles (o nos crean…)