Carga oculta

Carga oculta

Hay días en los que regresan algunos pensamientos y golpean fuerte como las olas cuando rompen contra las rocas. Comienza a crecer, llega al punto más alto y se forma la cresta para después caer en picado.

Un pensamiento que bien podría haber dejado en casa a cerca de dos mil kilómetros, pero en ocasiones nos persiguen, ya sea por algún comentario, o mensaje o por una conversación y de nuevo llega todo a la memoria.

Creo que también tiene mucho que ver el que esté llegando el final de este año que se ha portado «tirando a mal» aunque para compensar ha acercado a algunas personas a mi vida, pero esto lo dejaré para un resumen el día 31. El otro día ya se lo decía a alguien, que este ha sido duro y el siguiente no se presenta mucho mejor…

Volviendo al día de hoy, ha sido de los que comienzan así, golpeando con dureza y haciéndose notar, pero después ha transcurrido en calma, justo cuando me acerqué un poquito más al mar, escuché a esas olas golpear fuerte y sentí que incluso cuando estamos en tierras extrañas, divisando el horizonte de un océano que no es nuestro mar familiar, aún así, aún viendo unas olas inmensas comparadas con las que estoy acostumbrada a tener cerca, consigue hacer que regrese la paz al corazón, que la mente se disperse y continúe disfrutando de aquello que me llena.

Tapamos los problemas, los disfrazamos y vuelven, pero mientras hay que disfrutar de los momentos con quienes realmente están a nuestro lado.

B.D.E.B.

La carga – Los Ecos de Cyrano
Funambulista…

Funambulista…

Caminaba por la fina cuerda la vista estaba puesta en el frente, en su meta, llegar al otro extremo sin perder el equilibrio y caer al vacío.

Mientras lo hacía sentía las miradas puestas sobre ella, algunas intentaban ayudarle mentalmente a que consiguiera llegar al otro extremo sin caerse, otras miraban con miedo, otras miradas esperaban ansiosas un paso mal dado, un tropiezo, una caída al vacío…

Ella las sentía pero intentaba no pensarlo, además  hoy llevaba sus zapatillas de la suerte, solo tenía que confiar en ella misma, poner un pie delante del otro, mantener el equilibrio con sus brazos y mantener los nervios a raya.

Llevaba la mitad del camino recorrido, el otro extremo estaba cerca, su pie resbaló un poco, perdió la estabilidad por un momento, la consiguió recuperar aunque temblaba todo su cuerpo. Hubo quienes se taparon los ojos, quienes se asustaron y algunos sonrieron.

Ella paso a paso consiguió llegar a «su destino». Hubieron aplausos, sonrisas, alegría y quienes se marcharon esperando otro final, el mismo que ella había soñado la noche anterior, caer al vacío sin una red que parara la caída.

Por suerte su otro pie se agarró fuerte a la cuerda  por suerte una fuerza interior le ayudó a mantener el equilibrio y no permitirse el caer…

B.D.E.B.

Funambulista- Somos luz
Volver…

Volver…

Una vez más ha vuelto a pasar, regresas a lugares ya visitados hace mucho tiempo y los recuerdos se agolpan en tu mente y los visionas como si de una película se tratara, se suceden una imagen tras otra y te emocionas con ellas, con aquello que viviste y piensas en todo lo que ha ocurrido después.

Cuando llegaste allí por primera vez habían tantos sueños por cumplir, algunos que ya no recuerdas, otros que tardaron pero llegaron, otros quedaron en el intento…

Personas que compartieron ese momento contigo y que ahora no sabes que fue de ellas, otras que medio lo compartieron y ya nunca más lo podréis hacer, ni siquiera hubo tiempo de despedidas mucho menos de planear un reencuentro.

Recuerdas risas, juventud, ganas de comerse el mundo, cansancio que podía esperar, atreverse a pesar del miedo, abrazar la vida…

Hoy vuelves con calma, disfrutas de otra manera, ellos descubren lo que tú descubriste hace años, a quien le dabas la mano para ayudarle a subir un camino empedrado, hoy te sirve de apoyo para no resbalar, vuelves pero todo ha cambiado.

Algo sigue intacto en ese regreso, la ilusión, porque volver a ese lugar es regresar con la misma ilusión que aquella primera vez, algo que no debemos perder.

Volver al lugar, volver a sonreír, volver a los recuerdos y volver a crear algunos nuevos.

Y quizás dentro de un tiempo regrese y al visitar cada sitio aparecerá una imagen, una nueva película, con nuevos personajes, con nuevos momentos, con sonrisas y ese brillo en los ojos cuando te sientes feliz.

B.D.E.B.

Conchita & Antílopez  – Puede ser
El mini

El mini

¿Cuál es tu coche favorito de siempre?

Hoy la respuesta la tengo muy clara, es un coche que siempre me ha llamado la atención y que por un motivo u otro nunca he tenido.

No soy persona de que me llamen la atención los coches, mi primer coche fue un Suzuki Santana y me gustó cuando lo vi aparte de que mi padre me aconsejó que al ser novata mejor algo un poco robusto 😂 así que terminé con ese coche y me duró unos cuantos años.

Después llegaron varios más pero compartidos y familiares cuando llegaron los niños pero siempre tuve un segundo coche para mí, más pequeño y manejable y el mini no llegó nunca.

Ahora el último coche es compartido también con mi hijo y lo primero que dijo «ni de coña voy a ir en un mini», así que cedí en coger uno más a «su gusto».

No sé si en un futuro, aunque tampoco es algo que me preocupe mucho, pero sí, ese siempre ha sido mi favorito.

B.D.E.B.

Ausente

Ausente

Hay momentos que son agridulces, quizás una cena que no salió como debería, alguien que faltó y alguien que a pesar de estar, estaba ausente.

Celebras, brindas, ries, bromeas pero tienes ese puntito que no te deja estar del todo bien, tu mirada se va todo el rato tras ella.

Ha preferido quedarse en el sofá y no la sacas de ahí, ve que estáis casi todos pero no sabe el porqué, tampoco pregunta por los que faltan, insiste en quedarse ahí sentada porque ella «no cena» y sonreís mientras le dejáis hacer, ¿para qué enfadarla? Es mejor dejar que esté donde quiera estar, que se sienta bien, porque de eso se trata, que ella esté bien.

Y mientras habláis con él, como si ella estuviera ausente, os cuenta cosas, os miráis y aunque no se pronuncie en palabras, la tristeza os invade.

Llega la hora de repartir regalos y ella no sabe el porqué de ellos, los abre, los mira y se queda con uno de ellos que parece que le gusta más que el resto, hay otro que se empeña en que es para él y lo repite una y otra vez, con paciencia, tú también una y otra vez le dices que es para ella.

La has visto peor que otras veces a pesar de estar en su casa, el lugar donde se supone que está más cómoda y se entremezcla ese sentimiento de lo bonito de celebrar un año más a su lado y por otro ver que ya no es aquella mujer que un día fue, que le encantaba hacer las cosas y dejar casi todo listo para cuando llegasen todos, que se emocionaba cuando veía a todos en la mesa, que abría los regalos con ilusión.

En ocasiones hay ausencias que no dejan una silla vacía, pero me conformo con poder besarla y abrazarla un año más…

B.D.E.B.

La memoria del corazón  – Macao