Mala letra, buenos sentimientos

Mala letra, buenos sentimientos

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En estos días empezamos a preparar en la empresa, unos pequeños obsequios para nuestros clientes. Es un pequeño detalle para agradecer su compromiso y fidelidad, hacemos un listado de ventas pero simplemente para hacernos un poco de guia, porque después están esos clientes que llevan años con nosotros, y qué quizás este no ha sido un buen año para ellos, pero aún así les envíamos su «regalo» para que sepan que los tenemos en cuenta, no siempre el que más te ha comprado durante un año es tu mejor cliente.

Cada uno de esos regalitos le toca a una servidora prepararlos, tanto meterlo en la cajita, como escribir una a una las tarjetas de felicitación, una costumbre que se va perdiendo pero creo que es de las que se tendrían que conservar siempre.

Desde pequeña, en casa de mis padres, mi padre me pedía que escribiera las felicitaciones a sus amigos, y ahora en la empresa, también me piden que sea yo quien las escriba, algo que no me importa, todo lo contrario, me gusta poner un «cachito de mí» en cada uno de esos obsequios, pero he de reconocer que mi letra es pésima, así qué no sé yo si quien recibe el paquetito sabrá muy bien lo que pone en esa tarjeta.

El texto de felicitación, es el mismo para todos, pero antes de escribir el primero, pienso en alguno de esos clientes a quien ya conozca de tiempo, que me resulte una persona agradable, que sea de los que «no te despiertan de la siesta, creyéndose que son el centro del mundo» sino todo lo contrario, que cuando surge algún problema, entiendan que estás haciendo todo lo que está en tu mano para solucionarlo y si no sé soluciona antes, es porque tú no puedes hacer nada más. Que poquito cuesta ser amable ¿verdad? hay gente que no lo entiende.

Pues pensando en ellos y en lo que les quiero agradecer, es como escribo esas letras, aunque después lleguen a algunas personas que quizás no las merezcan tanto, pero… también son los que nos dan de comer y hay que cumplir.

Así como nosotros enviamos, hay algunos proveedores que también nos envían, y mientras a algunos les encanta ver lo que nos han mandado, yo prefiero ver si hay alguna tarjeta de felicitación, y si es así, permanecerá en mi escritorio durante todas las fiestas.

Como he dicho antes, hay costumbres bonitas que deberían de durar toda la vida, la de enviar esas tarjetas navideñas es una de ellas. Aún recuerdo como antaño, llegaban esos días y tenías ilusión de abrir el buzón y encontrarte con alguna felicitación, hoy en día se ha perdido, yo la primera. Antes mandaba a los amigos que vivían fuera, ahora con un Whatsapp es suficiente (por mucho que la imagen y las letras, estén preparadas por mí).

No importa esa mala letra si los sentimientos son buenos, si la persona que te ha escrito esas palabras, lo hace de corazón.

¿Y vosotros, escribís aún felicitaciones?

B.D.E.B.

Dejar de soñar(te)

Dejar de soñar(te)

¿Cuál es la decisión más difícil que has tenido que tomar? ¿Por qué?

Cada noche soñaba contigo,

cómo sería un futuro juntos.

Soñaba con tus besos

con tus abrazos,

tus caricias.

Escuchaba tu voz en sueños

un ligero susurro,

que conseguía erizar mi piel.

Soñaba una y otra vez,

esperaba ansiosa,

que se hicieran realidad.

Nada cambiaba,

todo seguía igual,

los besos no sabían a nada,

las caricias no llegaban,

tus brazos, no abrazaban…

Creo que fue en ese instante,

quizás un poco más tarde,

difícil decisión que tomar.

Decidí dejar de soñar(te).

B.D.E.B.

Días emotivos

Días emotivos

Aún no ha terminado noviembre y desde hace alguna semana, comenzamos a ver, principalmente por las redes, anuncios, vídeos…relacionados con las fiestas  próximas, incluido el anuncio de la lotería de Navidad que lo vi por primera vez en el blog de nuestro amigo Carlos (Datos a tutiplén), imágenes, frases, vídeos que para quienes somos de lágrima fácil, no podemos (al menos yo no puedo) verlos sin que los ojos se pongan acuosos.

Este año creo que peor que otros, no sé muy bien el porqué, pero los sentimientos están a flor de piel. El año pasado no fueron mis mejores fiestas, entre la enfermedad de mi peludo y el pasarlas lejos de aquí, de mis padres y hermanas (la primera vez en mi vida), no las disfruté ni sentí igual. Este año de nuevo estaré con ellos, cada año que pasa lo celebro con emoción y a la vez miedo, son mayores y no sabemos nunca lo que pasará el siguiente, es ley de vida.

Creo que esto también va influyendo en que los sentimientos estén así. Eso y que cuando se aproximan estas fechas, no puedo evitar echar la vista atrás y recordar esas sillas vacías, esas navidades de antaño en las que todos estaban presentes, supongo que ellos dejaron su puesto a otras personas que llegaron después. Pero, inevitablemente, cada año son más las sillas vacías, y quizás cada año las fiestas se tornen más tristes.

Siempre me queda la ilusión, sobretodo por los más pequeños, aunque mis chicos ya están grandes, tengo tres sobrinitas pequeñas y ver la carita de felicidad, ese brillo en los ojos, esa sonrisa inocente, siempre me recuerda a mi niñez, y así como yo disfrutaba, quiero que los más pequeños también lo hagan.

Por supuesto que los mayores también, ver la cara de felicidad de mis padres, ese 24 por la noche, cuando estemos toda la familia sentada alrededor de la mesa, eso sin duda es el mejor regalo. Y bueno, ver a niños y mayores (porque también nos hace ilusión), abrir esos paquetes, esperando sorprendernos, también es bonito.

Y empaquetar uno a uno, escondida en el cuarto, intentando que dentro de cada paquete no sólo haya un regalo físico, que también tenga una pizca de cariño, un trocito de corazón, y la ilusión compartida de quien lo ofrece junto a quien lo recibe.

Así que toca ir preparándose(me) para esos días, coger la caja de kleenex y dejarla cerca porque seguro que va a hacer falta, y sobretodo disfrutar, de nuestros mayores principalmente y contagiarnos un poquito con la ilusión de los más pequeños.

B.D.E.B.

Volver a …¿ti?

Volver a …¿ti?

El otro día, mientras iba en el avión, miraba por la ventanilla al sobrevolar por encima de las nubes, blancas, te daba la sensación de esponjosas, y entraban ganas de saltar sobre ellas. Cada vez que vuelo, me recuerda mi primer viaje a Tenerife (y el primero también en avión), en el que en una de las excursiones, el guía nos describía lo que llamaba «un mar de nubes», en aquel momento estaba con los pies en la tierra, pero aún así me parecía estar soñando.

Y eso es algo parecido a lo que me ocurre cada vez que vuelo, que al pasar por encima de las nubes me acuerdo de aquel viaje y cierro los ojos para soñar, a veces para volver atrás, a aquellos tiempos tan diferentes, a esas ilusiones que después muchas de ellas se cumplieron, otras quedaron atrás y lo seguirán estando.

Fue también mi primer viaje con el que por aquel entonces era mi novio, viajábamos allí junto a unos amigos, aunque ellos decidieron ir a un hotel más lujoso, y una vez allí cada cuál tiró por su lado. Pero no importó, conocimos a una pareja muy agradable y pasamos todo el viaje con ellos. A veces el ir solo a un sitio hace que interactúes más con el resto de gente y hasta salgan nuevas amistades.

Quedé prendada de aquella isla desde el minuto uno, tanto que años más tarde volví a viajar allí, esta vez casada y con un pequeño de tres años, que disfrutó casi tanto como yo, de volver a ese lugar y con una de las personas más importantes de mi vida, con una de esas ilusiones, que tenía la primera vez, cumplida.

Pero volviendo a ese primer viaje, fue la primera vez de muchas cosas, la primera vez que monté a un teleférico para subir al Teide, y juré que no me volvería a montar en un cacharro de esos, lo pasé mal no, peor que mal, no bajé andando porque no se podía. También fue la primera vez que me bañé en un océano (más frío que mi mar Mediterráneo), y el primer jardín botánico que visité…

Un viaje de muchas primeras veces, un viaje que guardo en la retina y en el corazón, un lugar al que seguramente volveré algún día, un viaje donde amé, soñé, disfruté, reí y solo lloré de emoción.

Ojalá se pudiera no sólo viajar a los lugares, también a los momentos…

Viajaremos al menos en los recuerdos.

B.D.E.B.

Ver lo que otros no ven

Ver lo que otros no ven

Hay muchas veces que me gustaría equivocarme en ciertas cosas, pero finalmente el tiempo me da la razón. Mi manía (ayer hablábamos de ellas, una más) de ser observadora, hace que muchas veces me anticipe a los hechos, y cansada de que me digan que «porque soy mal pensada», «que exagero», «tienes que entender las cosas y no tomarlo a la tremenda», y un largo etcétera…ahora cuando veo venir algo, se queda conmigo, o si tengo que soltarlo, porque me está ahogando, se lo confieso a mi querida amiga Mariela.

Pues ayer de nuevo el tiempo me volvió a dar esa razón, que en este caso no hubiera querido tener, porque yo hace ya tiempo que me «desencanté» pero no las personas a las que quiero y ahora lo están haciendo, se dan cuenta de las cosas y les duele, sufren, y eso a su vez me hace daño a mí también.

Claro, ven que a mí no me afecta y preguntan, yo sólo puedo decir que no me pilla por sorpresa, y quizás en ese momento se dan cuenta del porqué de muchas cosas.

Porqué ya no estoy tan a gusto con ciertas personas, porqué mi actitud hacia ellos ha cambiado, si no tengo ganas de visitar, o ya no preguntas, porqué no llamas…

Soy persona de aguantar todo lo que puedo y más que me hagan a mí, y no pasa nada, pero sin embargo no tolero que hagan daño a mi gente, a sabiendas que se lo van a hacer y sobretodo pensando que como son buena gente perdonan todo y no ha pasado nada, o peor aún…no se van a dar ni cuenta.

Al final todo sale, al final llega y al final les hacen daño, y yo me quedo mal porque quizás podría haber prevenido algo, pero tampoco podía anticipar lo que sabía que me podría explotar en la cara, porque no iban a creer que las personas son así hasta que ellos mismos se delatan.

Situaciones complicadas que como he dicho al principio, muchas veces me gustaría equivocarme, haber interpretado mal, haber pensado mal, y que el tiempo me quitara la razón, pero no y lo peor es que no puedo hacer nada, quedarme a un lado y esperar que pase todo.

B.D.E.B.

Todo termina, incluso la vida, mejor no desperdiciar con quienes no nos valoren lo suficiente…