
Hay días que todo pesa y creemos que no podemos con ello, días en los que el mundo se nos cae encima, que parece que todo y todos se hayan puesto en contra nuestra. Sé bien de lo que hablo, lo he sufrido muchas veces, y muchas de ellas, algunos de vosotros habéis sido testigos, al menos de mis palabras.
Pero, aunque tardan, llegan otros en los que comienzas a ver la luz, en los que vuelven esas ganas de vivir, en los que vuelves a apreciar cada pequeño detalle de la vida y te parece mágico.
Hoy, repasando alguna entrada anterior, he llegado a alguna que necesitaba releer, lo necesitaba porque ese día que las escribí mi corazón estaba roto y hoy poco a poco se va recomponiendo, porque yo quise reparar y alguien más también y cumplir aquellas promesas que siempre quedaban perdidas.
No voy a negar que he sentido una pequeña punzada de dolor, a pesar de ver que aquella noche fue un final, no el que yo pensé que sería, y a la vez un principio. Un volver a comenzar, porque aunque parezca continuidad, ha sido un comienzo a intentar algo parecido pero mejor.
Cuando tocamos fondo ya no queda otro camino que no sea hacia arriba, y así fue.
Quise releer aquello porque una entrada que leí ayer me recordó cosas, me recordó pasar lo mismo pero visto desde el otro lado, y aún con el dolor y daño que me hizo la situación, querer ayudar a salir y recuperar lo que una vez fue.
Nunca sabemos si existe un «para siempre», pero creo que es mucho mejor que un «nunca» por no haberlo intentado.
B.D.E.B




