Esta foto fue la que hizo que supiera que tenía que formar parte de la familia
¿Qué tiene de bueno tener un animal de compañía?
Nos ponemos en situación, estamos trabajando desde casa, tocan el timbre, abrimos y una mala noticia se cuela por la casa.
Te sientas de nuevo delante de la pantalla, incapaz de ver nada con esa vista «borrosa» y de repente una bolita de pelo negro se acerca hacia ti, se pone a dos patas y con las delanteras te busca para que la cojas al brazo.
Una vez encima, se acomoda en tu regazo y te deshace en mimos, y con sus ojitos negros te mira cómo quien quiere preguntar
Qué es lo más caro que te has comprado (sin incluir la casa o el coche).
Dejando de un lado la parte económica (quizás también será importante cuando llegue el momento) este «comenzar de nuevo» me está costando cosas muy valiosas, y aún no se ha terminado.
Me está costando meses de sufrimiento, de tener un día bueno y dos malos, días de no querer levantarme de la cama, de no tener ganas ni fuerzas, de querer dormir y despertar cuando todo haya acabado.
Me está costando lágrimas, muchas, más de las que pensé que derramaría, cada una de ellas tiene un valor enorme porque deberían de estar reservadas para cosas más importantes, pero sin embargo, pensando que esto no debería de doler, duele, la decepción, la rabia, la impotencia, la confianza rota, y tantas cosas más. Me propongo que no soltaré ni una más, y en ocasiones no me siento capaz ni de hablar sin que ese nudo me ahogue.
Me está costando mi tranquilidad, noches sin dormir, pasar una gran parte del tiempo en tensión, esperando algo peor de lo que ya ha pasado, siempre llega un «golpe» más y siempre más duro que el anterior. Se pierden los nervios y aquí, no es el pulso el que tiembla, es todo el cuerpo.
Supongo que eso será el precio que más caro pague, luego llegará lo material, pero creo que esto está siendo lo peor, la salud, la tranquilidad, la paz mental, no debería de tener un precio, en este caso lo tiene y hay quienes lo cobran caro.
Comienza a amanecer en la ciudad, un domingo cualquiera. En sus vehículos alguien que le toca trabajar, hay trabajos que no entienden de festivos. Otros vuelven a casa, después de una divertida noche de risas, música, bailes, quizás alguna mirada cómplice, o algún beso robado… quién sabe si es el comienzo de algo.
Otros, los menos, van a observar como sale el sol, el comienzo de el último día de la semana. Mientras estás detenido en un semáforo, pasa alguien, su día comienza muy diferente del vuestro. Empieza empujando un carro de bebé, sin bebé, con todas sus pertenencias.
Seguramente acaba de abandonar su morada antes de que salga el sol y sea alguien quien lo eche de allí, o quizás prefiera alejarse de esas miradas, algunas con desprecio sin saber que motivos lo llevaron a estar así, porque los humanos somos así, perdimos la «humanidad» en algún momento.
Tú continúas el camino, acomodado en tu vehículo, él continúa el suyo empujando ese carro y con rostro serio.
Está claro que el día no amanece igual para todos, lo que tú consideras una belleza digna de disfrutar, para otros puede suponer el calvario de un día más.
En ocasiones es nada más levantarte, notas que tu mano mientras sujetas esa taza de café, comienza a temblar suavemente, no sabes el porqué pero sigues fijándote en esa mano y es un síntoma de que estás intranquila, que no todo va tan bien como piensas.
Otras veces viene en forma de sobre, lo abres despacio, como si quisieras detener el tiempo, y mientras lo haces, te fijas de nuevo, ese leve temblor aparece de nuevo.
Cuando vas a conocer a alguien, has hablado en ocasiones pero siempre a la distancia, y llega el momento, te preparas, vas hacia ese lugar y cuando guardas las llaves, o sacas el móvil para ver si hay algún nuevo mensaje, ahí está, lo sientes una vez más.
Y llega el momento, buscas el sitio perfecto, enfocas, está ideal, encuadras un poco y de repente vuelve, ese pequeño temblor vuelve a aparecer cuando no debe…
Después observas lo que has conseguido y a pesar del temblor no ha quedado mal, aunque cuando conseguiste pararlo quedó mucho mejor.
Ojalá siempre fuese igual de fácil conseguir que pare ese temblor.
B.D.E.B.
Y aunque no tenga mucho que ver, acabo de encontrarla y no he podido evitar compartir Sabina y Vanesa Martín.
En ocasiones queremos ver entre esas grietas que se han creado, que al menos entre un rayito de luz que alumbre esa oscuridad, que nos guíe un poco en ese camino de vuelta.
Y es en esas mismas ocasiones en qué nos centramos más en otras cosas, incluso diría que en otras personas y dejamos esa oscuridad de lado, si tiene que entrar la luz que entre y si no pues tendremos que alumbrar de alguna otra manera. Mientras tanto dedicamos nuestro tiempo a lo que realmente importa, o mejor a quienes realmente importan o lo que es lo mismo, son importantes para nosotros.
El otro día me fijé en que justo debajo de mi terraza habían plantado una pequeña palmera, hace unos meses estaba todo con plantas que más que eso eran matorrales que se hacían enormes y afeaban todo, lo retiraron y echaron «grava» y ahora poco a poco están plantando algunas cositas, entre ellas esa pequeña palmera que justo da debajo de mi terraza y la verdad que me gusta, parece que donde antes solo se veía «maleza» ahora de nuevo se ve algo bonito, despejado y mucha claridad, al margen de que esa palmerita irá creciendo a la par que crecen algunas esperanzas.
Hoy es un día de esos un poquito extraños, en los que ese pequeño rayo que entra de luz, junto al meterme en la cabeza el no ilusionarme de nuevo porque ya he pasado por ahí, se mezclan y hacen eso, que sea extraño pero a la vez un poco esperanzador cuando ves las cosas desde una perspectiva distinta a la que llevas semanas viéndolas. Se parece a ese pequeño arbolito que han plantado, ahí, con todo despejado, sin malas hierbas alrededor y esperando que crezca grande y fuerte.
Sigo caminando al día, paso a paso pero con un halo de esperanza de que todo lo malo llegue a su fin, la misma esperanza que tengo en que a ciertas personas les comience a ir todo mejor, porque creo que lo merecen y que ya llevan bastante tiempo sufriendo.
Dicen que el verde es el color de 💚 la esperanza, ese corazón no sé ha colado, ha sido poner «verde» y aparecer ahí de continuo, como si debiera estar y quizá es que tenga que estar. Verde son también las hojas de esa palmera que destacan en esa piedra blanca ,ahora diría un amigo que verde y blanco también es la bandera de su tierra, también lo es.
Y también dicen que la esperanza es lo último que se pierde, aunque yo en muchos momentos la veo más que perdida.
Aún así sigo en pie, y peleando porque nada me dejé tumbada, aunque algunos días no hayan ganas ni de salir de la cama.