
Algo comienza como una flor que se acaba de abrir, desde el inicio se puede observar su belleza, su delicadeza, está ahí y la observas y a cada momento te embelesa más y más, te hace sonreír y por un momento olvidar aquello que no es tan bello como ella.
Así surgen algunas amistades, como esa flor que se abre ante tus ojos, de un día a otro y mientras está floreciendo no deja de sorprenderte de que forma se ha hecho tan presente en tu vida.
Día a día la vamos cuidando, regando con ternura, con cariño, sin abusar del agua, pero estando presente y vigilando que no le falte nada. Le quitamos las flores que se van marchitando, cortamos algunas ramas para que surjan brotes nuevos y la trasplantamos cuando crece y el tiesto se queda pequeño.
Esas amistades también hay que cuidarlas, darles cariño, vigilar que no se marchiten y quitar las malas hierbas (o aclarar malos entendidos), vigilar si necesitan de nosotros y estar, para dar y ofrecer nuestra presencia siempre que se necesite.
Hoy me sorprendo en un año cuantos momentos han habido, cuantas veces estuviste, cuantas veces fuiste mi pañuelo de lágrimas y solo tú has sabido leer entre líneas en cada uno de esos momentos.
Todo empezó con una flor y un café, un atardecer con vistas al mar, a día de hoy sigo regando y cuidando para que sigas presente en mi vida y hoy una vez más un abrazo hizo florecer de nuevo esta amistad.
B.D.E.B.




