Engaño

Engaño

No me gusta el engaño
Odio la mentira
Siempre la verdad por delante
Sea dura o no
Sinceridad ante todo
No quieras escudarte detrás de otros
No pongas tus propias palabras en sus bocas
No pretendas engañar
Di lo que sientes, lo que piensas
Pero no mientas
Di la verdad
Dime la verdad
Yo siempre lo prefiero
Aunque me duela
Aunque me haga daño
Siempre, al menos conmigo
No me engañes, se sincero.
B.D.E.B.

Alguien me regalo unas letras hace unos días por si quería utlizarlas en alguna ocasión, creo que en esta entrada deben estar.

«Quién engaña??
Lo noche en su somnolencia
0 la mañana con su pesar
Quizás sea el día, con su
pasividad»

Gracias O.

No es el lugar, es la gente.

No es el lugar, es la gente.

Hace años, bastantes ya, en este pueblecito donde estoy pasando estos días nos vinimos a pasar un puente de diciembre tres parejas, mi cuñado y su novia, una pareja de amigos y mi pareja y yo. Quizás porque confiaba, como siempre hacía, en la amistad, en los lazos familiares y todas esas cosas en las que cuando somos jóvenes nos dejamos llevar pero conforme la vida te va dando palos ya empiezas a construir una coraza y es poca gente a la que vas a dejar entrar.

Pues aquellos días confié en ellos y lo dicho, me dejé llevar, me mostré cómo soy cuando estoy con mi gente, menos tímida de lo normal, risueña y hasta capaz de hacer alguna gracia o soltar algo que haga reír a los demás. Pues bien, pasamos un día agradable, entre risas y buenos ratos, yo confiaba en ellos y pensé que reían conmigo, pero después me di cuenta al cabo de los días, que quizás era de mí.

Después de pasar ese maravilloso día llegamos a la casa y yo, aunque era un poco tarde para eso, me acosté un ratito la siesta, es algo que hago siempre que puedo, me encanta.

La casa por aquel entonces no tenía calefacción, la chimenea en la cocina y en las habitaciones algún radiador de aceite y donde yo dormía, una estufa de tubos. Me tumbé y una de las almohadas que tenía la dejé en los pies, con tan mala suerte que mientras dormía le di una patada y terminó encima de la estufa. Imaginaos al cabo de un ratito, por el olor desperté, tosiendo sin parar abrí la puerta de la habitación y toda la planta superior de la casa se llenó de humo, subieron todos, sacaron la almohada a la terraza y apagaron las brasas que habían en ella, se estaba quemando sin llamas, y rápidamente abrieron todo para ventilar, bajé a la planta baja de la casa y me senté en la cocina a pasar el susto y a recuperar la respiración, imagino que tendría que haber ido al hospital pero nadie dijo nada y yo en lo único que pensaba era que podía haberme quedado allí en esa cama para siempre porque nadie se había dado cuenta de lo que estaba pasando en la planta de arriba, demasiado ocupados bebiendo, riendo…

Terminaron esos días y volvimos a Alicante y allí fue donde terminé de darme cuenta que, a excepción de mi pareja, el resto no era mi gente, esos ratos en los que yo simplemente era yo misma, cómo soy cuando me encuentro rodeada de mi gente, ellos lo achacaban a qué me había tomado dos chupitos de algún licor y me había «colocado»… no había sido así, pero si lo hubiese sido ¿Qué?

Me di cuenta que no merecían la pena, hasta el momento del incidente de la almohada parecía gracioso, así que al final te das cuenta de que esa gente no merece la pena tenerla entre «los tuyos».

Seguí manteniendo el contacto, como es normal porque había lazos familiares, trabajo, bastantes cosas por medio, pero nunca más en una reunión con ellos me comporté como soy entre amigos, siempre fui de nuevo la chica tímida, callada y de pocas risas que al parecer les gustaba más.

Siempre que vengo de nuevo a esta casa recuerdo aquellas vacaciones, aunque ahora si que puedo volver a ser yo en algunas ocasiones cómo en estos días.

Siempre diré que no es el lugar, es la gente.

B.D.E.B.

Bonito

Bonito

Que bonito sería,
dar un primer paseo cogidos de la mano.
Recorrer el camino lentamente,
para que el momento no acabara nunca.
Que bonito sería,
sentir ese beso robado, esa primera caricia
que consigue que se erice mi piel.
Ese hormigueo en todo el cuerpo
y ésas ganas de más.
Que bonito sería,
que fueras la última persona que viera al dormir
y la primera al despertar .
Apoyar mi cabeza en tu pecho
y dormir con el compás de los latidos de tu corazón.
Y llega el día en que cambia el tiempo del verbo.
Que bonito es…
B.D.E.B

Nochebuena

Nochebuena

Todo el día se lo pasó metida en la cocina, junto a su pareja, preparando los diversos platos que se degustarian en la noche, esa noche que para ella siempre había sido especial, con magia, pero ese año no lo era, por varias circunstancias no tenía su mejor momento y no estaba viviendo el día con la ilusión de otros años. Aún así, estaba cocinando sin pesarle, porque le encantaba hacerlo y encima se le daba bien, así tenía también un motivo para distraerse y no pensar en otras cosas.

Una vez terminó de cocinar, prepararon la mesa y dejaron todo listo a la espera de la familia, subió a ducharse y prepararse para la cena y al rato cuando ya estaban listos bajaron a recibir a los invitados que empezaron a llegar.

Cenaron en tranquilidad, manteniendo una conversación amena y se sintió satisfecha por el éxito de los platos, todos la felicitaron aunque a ella le importaba sólo que hubieran cenado bien.

Después de la cena llegó la típica tertulia y el momento cómo siempre de contar las habituales anécdotas de hacía años y que en cada reunión se volvían a contar, una y otra vez, últimamente ya le aburrían pero esa noche en concreto más que nunca, tenía ganas de irse a la cama ya y dormir, dormir durante muchas horas, cuantas más mejor, y no pensar en nada, sólo descansar.

Parecía que lo hubiera dicho en voz alta porque no pasó ni media hora y la visita decidió marcharse, los despidieron amablemente y poco después, una vez recogido todo un poco, se subieron a la habitación a dormir.

Llevaba dos, quizás tres horas durmiendo cuando por algún motivo se despertó y sin saber porqué se puso una bata por encima y bajó al salón. Todo estaba oscuro, a malas penas entraba algo de luz de las farolas de fuera de la casa, encendió la luz y ahí, debajo del árbol de Navidad y junto a los regalos que faltaban por entregar a sus sobrinas pequeñas, estaba él, su mascota, su adorable perrito, mirándola con esa mirada tierna que parecía decirle que no se preocupara, que todo estaba bien. Se acercó a él, se tumbó a su lado en la alfombra y abrazada a él, esta vez sí, durmió durante muchas horas.

B.D.E.B.

Aprovecho este pequeño relato para desearos a todos unas felices fiestas.