
Algunos días por cualquier motivo nos despertamos con cierta nostalgia, sin saber muy bien de qué, o sabiéndolo y no queriéndolo reconocer, porque somos así de extraños los humanos.
No es que estés triste, pero algo no te hace estar como siempre, ni siquiera sabiendo que hoy es un día que andabas esperando, ni el estar preparando maletas para un viaje, a pesar de todo eso hay algo que no te deja estar bien al cien por cien.
Esa nostalgia te atrapa, te rodea todo el cuerpo como si de un abrazo se tratara y te envuelve con su perfume. Es justo en ese momento cuando (casualidades que ocurren) te salta algún recuerdo en modo de foto, «lo mejor de octubre…» evidentemente de otros años y ufff ese sentir con el que te levantaste esta mañana aún se acrecenta más.
Y es que de un día a otro pueden cambiar mucho las cosas, más aún en semanas o meses y ¿en años?… ahí ya ni se sabe. Hay situaciones que pensamos que durarían siempre, pero el «para siempre» raras veces ocurre, tanto en lo bueno como en lo malo.
Hoy me pregunto porqué algunas cosas son tan complicadas, o mejor dicho, porqué las personas complicamos tanto las cosas. Podríamos vivir tranquilos cada uno a lo suyo, compartiendo lo bueno, estando en lo malo, pero no, no se puede, no podemos. Siempre hay un «algo» por ahí que nos hace no quedarnos tranquilos y buscar más allá de donde debemos.
Hoy no me levanté triste, simplemente con ese punto de «y si…» aún sabiendo que ya no es ni creo que será. Esa nostalgia de lo vivido y ver como todo se fue por la borda, aunque ahora ya solo mire al frente y vea lo que está por venir, pero es difícil no echar en ocasiones la mirada atrás ¿verdad?
Cuando nos suceden estas cosas creo que lo mejor es sentir, sentirlas porque eso significa que seguimos vivos, hoy será nostalgia, después alegría, o tristeza, o miedo… a fin de cuentas sentir, de eso se trata.
Si hoy me atrapa la nostalgia no haré nada por detenerla, dejaré que me abrace quizás mientras alguna lágrima resbala por la mejilla.
B.D.E.B.




