La importancia de escuchar

La importancia de escuchar

¿Tan difícil es escuchar?

Algo que parece tan sencillo ¿verdad? Pues no lo es.

Hay veces que necesitas eso, que te escuchen, pero no estás pidiendo opinión, no pides consejo, sólo quieres que te escuchen. Quieres desahogarte, sacar todo lo que llevas dentro porque es necesario, porque te falta hasta el aire y no puedes más, necesitas soltarlo pero sólo quieres hablar y que la otra persona te escuche. Sin aconsejar, sin opinar sin que te dé una regañina en el caso de que no estés haciendo bien las cosas (al menos para ellos), porque en ese momento es lo que menos necesitas.

Lo que necesitas es a alguien que esté a tu lado, simplemente escuchando como te sientes, que es lo que te está pasando, lo que te hace llorar en silencio, y cuando termines de sacar todo lo que llevas dentro te dé un abrazo de esos que curan el alma y permanezca en silencio allí junto a ti. Seguro que más adelante, cuando pase ese momento tuyo, serás tú quien le pidas opinión, quien le pida que te aconseje sobre que hacer y entonces serás tú quien escuche, te guste más o menos lo que te vayan a decir.

Si amigos, en la teoría parece muy sencillo pero no lo es tanto la mayoría de veces es complicado que las personas nos escuchen, en silencio, sin interrupciones porque si no lo hacen así no seremos capaces de sacar todo lo que llevamos dentro.

B.D.E.B.

Final de verano

Final de verano

Y llegaron los últimos días, las calles comienzan a quedarse vacías. Las pandillas de jóvenes que iban en bicicleta, a la piscina, a la sala de recreativos o de parcela en parcela entreteniendose con algún juego de mesa, ya no está, a malas penas quedan dos o tres.

El ir y venir de días atrás, el jolgorio en las calles poco a poco ha ido a menos.
Cada día se nota más tranquilo que el anterior y aunque el calor siga estando bastante presente, las tardes son más cortas. El verano va llegando a su fin, en pocos días llegará la vuelta a la rutina, trabajo, clases, extraescolares y mil cosas más. Vuelta al estrés diario de andar de aquí a allá, de organizar el tiempo para disponer de un ratito libre para uno mismo, para dar un paseo, leer un ratito o simplemente desconectar.
Y así se abrirá paso el otoño, de todas las estaciones del año la que menos me gusta, no sabría explicar bien el porqué pero me produce tristeza, quizás sea porque pasas de la alegría y júbilo del verano a una temporada más tranquila.
Hay muchas personas que me preguntan si no me aburro todo un mes aquí y mi respuesta siempre es la misma, lo que para la mayoría puede ser aburrido para mi es tranquilidad, desconexión. Estar todo el día al aire libre, un ratito de piscina, un paseo al atardecer, observar la luna y las estrellas (si tienes un poco de suerte incluso ver alguna fugaz) o simplemente echarte en una hamaca a leer un rato. Ya tendremos tiempo de volver a la ciudad, a la rutina diaria, al estrés, ahora simplemente hay que disfrutar al máximo lo poquito que queda.

Por cierto, el 13 de agosto entre las cuatro y las cinco de la mañana, pude ver una estrella fugaz y he de decir que el trasnochar mereció la pena

B.D.E.B.

La redacción

La redacción

Antes de terminar la clase, la profesora les mandó un trabajo para el siguiente día: «tenéis que traerme una redacción contando cuál ha sido hasta hora el mejor día de vuestra vida». Todos los alumnos recogieron las cosas de los pupitres, las guardaron en sus mochilas y salieron ordenadamente de la clase.

Al siguiente día, cuando llegó el turno de la clase de «Lengua» la profesora les ordenó que comenzaran uno a uno a leer las redacciones en voz alta y después las dejaran en su mesa para poder corregirlas. Y así uno a uno comenzaron a leer las redacciones.

Curiosamente puesto que hacía escasamente un año que habían tomado la «primera comunión», el tema de la redacción fue el mismo para casi todos los alumnos, menos para ella. Llegó su turno y procedió a leer la redacción que había escrito, tímidamente puesto que nada tenía que ver con las de sus compañeros, no es que ella no hubiera tomado la comunión, si lo había hecho, y no es que no hubiera sido uno de los días más felices de su corta vida, también lo había sido, pero no el mejor de todos.

«El mejor día de mi vida, fue el día que mis padres regresaron de Francia». Así comenzaba su relato y en él ella explicaba cómo sus padres se habían visto obligados a irse por unos meses a trabajar fuera del país, mientras ella y sus dos hermanas habían quedado a cargo de sus abuelos. Su abuelo se encargaba todos los días de llevarlas y recogerlas a ella y su hermana menor al colegio puesto que su hermana mayor ya trabajaba. Ellos se portaban muy bien con sus nietas pero cómo es normal ellas echaban muchísimo de menos a sus padres.

Una tarde, sonó la sirena que anunciaba el fin de las clases y cómo siempre ella recogió sus cosas y salió del edificio, cruzó el patio y conforme se acercaba a la valla del colegio, allí estaba, ella no podía creerlo pero sí era él, su padre. Salió corriendo y cruzó la puerta para lanzarse en brazos de su padre y llorar de alegría de verlo de nuevo.

Ese fue su mejor día de su corta vida, reunirse de nuevo con sus padres y hacerles prometer que nunca más se iban a ir.

La profesora la felicitó si no tanto por la redacción, puede ser por el contenido de la misma.

B.D.E.B.

Todo va a salir bien

Todo va a salir bien

Son las cuatro de la mañana, ya no puedes dormir más, por más que lo intentas tu cabeza no para de dar vueltas y te es imposible conciliar el sueño.

Sabes que va a ser una semana complicada, de nervios y es por eso que te encuentras así. Suena la alarma y sabes que ya tienes que levantarte, seguir la rutina del día. Mientras estás en la oficina trabajando no tienes tiempo de pensar, pero llega la tarde, de nuevo en casa, una tarde que tienes para descansar, ver series, sin el trajín habitual y otra vez vuelve todo a la cabeza, te falta el aire y sales a dar un paseo, sabes que no se te va a quitar el pensamiento de la cabeza pero al menos te despejas con el aire fresco de la tarde. Por la noche una llamada intentando mantener la calma y pronuncias esas palabras, «todo va a salir bien» conforme las dices intentas creerlas tú también, hay que ser positivo pero el sólo hecho que te venga a la mente que algo puede ir mal te mata por dentro.

Martes, cinco de la mañana, es el día. De nuevo no puedes dormir pero lo intentas hasta que vuelve a sonar el despertador, misma rutina pero hoy trabajas desde casa. Se marchan todos y ahí te quedas tú, intentando trabajar pero no puedes, sin parar de mirar el móvil a ver si hay noticias, sabes que es demasiado pronto, que hasta final de la mañana no saldrá de quirófano, pero no importa, a cada momento lo vuelves a mirar vaya a ser que no suene pero haya algún mensaje nuevo. Una espera que puede contigo, «tienes que ser fuerte» te dices a ti misma pero a ratos lo intentas y otros te derrumbas, deseas que pasen las horas rápidas pero hoy van más lentas que nunca.

Sólo queda esperar y convencerse de que «todo va a ir bien»

B.D.E.B.

A ti mamá

A ti mamá

Hoy fui a visitarte, allí estabas cómo a cada día que voy sentada en el sofá. Me acerqué a saludarte y tú repuesta:

-Hola cariño, ¿Quién eres?

-Soy yo mamá, Desi

-Ah, es que te veo muy cambiada, ¿te hiciste algo en el pelo?

-No mamá, lo tengo cómo siempre, hace años que lo llevo así

-Ah pues no sé, te veo distinta.

Después me siento a tú lado y conversamos un rato, me cuentas las cosas una y otra vez, pero no importa, allí estoy escuchándote. Al principio se me hacía duro me resistía a ver la realidad y no podía enfrentarme a ella, me superaba cuando te veía o hablaba contigo por teléfono y las conversaciones se repetían una y otra vez. El ver cómo se deterioraba tú memoria podía conmigo no podía soportarlo me dolía demasiado. Ahora ya me voy habituando a ello y aunque siga siendo duro creo que al final te acostumbras y pesa más el poder disfrutar de estos momentos juntas que todo lo demás.

Mientras me hablas recuerdo cómo no hace tanto tiempo, me hablabas de todo, me contabas tanto cosas de ahora cómo de antaño sin ninguna dificultad. Me preguntabas por los «niños» (aunque ya no lo fueran tanto), por el trabajo, por todo y ahora… Preparabas comida para todos, te daba igual que fuéramos diez o quince personas, tú te lo veías todo hecho, tan fácil…

Recuerdo la primera visita a la neuróloga contigo y cómo me aferré a qué me dijera que esto era normal, que a tu edad una de cada tres personas nos pasaría esto pero en ningún momento pensé que avanzaría tan rápido. Quizás porque no lo queremos ver, porque es muy duro ver cómo vas decayendo y cada vez recordando menos cosas y duele, mucho, no te imaginas cuanto.

El único consuelo que queda es que al menos estás aún aquí con todos nosotros, que todavía te puedo ver, besar, abrazar o sentarme a tú lado a conversar un rato, no importa que la conversación no tenga sentido, sólo importa que te tengo a mi lado.

*Para ti mamá, aunque no vayas a leerlo y para cada uno de nuestros familiares o amigos que sufren esta terrible enfermedad, tan dura para ellos, y para las personas que tienen a su alrededor.

B.D.E.B.