Paseo al atardecer

Paseo al atardecer

Hoy era día de eso, dar un pequeño paseo, jugar con los perretes y tomar unas fotos al atardecer del Puig Campana (dejo el enlace a una entrada donde cuento su leyenda, para quien no la conozca).

Un día en el que me levanté sin los mejores ánimos pero que poco a poco ha ido mejorando algo, aún así, era necesario esta tarde hacer eso, capturar ese momento que tanto me gusta aquí porque esa montaña me atrae por algún motivo y lo primero que hago cuando salgo de la parcela por la mañana, es girar la cabeza para verla, para darle «los buenos días» o quizás esperando que me los de ella.

Ahora, con la llegada de la noche, el silencio que ya casi llega de nuevo, con esa luna a punto de completarse y, no diré que animada, pero al menos algo más que esta mañana, me pongo a pensar en como ha ido aconteciendo el día, como una conversación me ha dejado asombrada y casi si me descuido me vuelven a saltar las lágrimas (en estos días quizás os cuente la historia), una entrada de alguien ha conseguido levantar un poco ese ánimo, porque agradezco siempre lo que hacen por mí (de nuevo muchas gracias Jorge), y comentarios que también consiguen sacar una sonrisa, y quizás cuando ves (sin ver) a alguien que sufre y que hoy necesita que le sostenga, entonces lo tuyo pasa a segundo plano y le dedicas unas palabras amables para que sepa que estás ahí.

Hoy esa imagen con la que empieza esta entrada tiene tres dedicatorias, para ti artista por conseguir una sonrisa siempre y por ayudarme a traer de vuelta aquello que estaba aparcado, para una «ratita lectora» que es de las que siempre está, aunque se quiera mantener en la sombra, eres de atardeceres y aunque no es el más bonito está sacado desde el cariño, y por último y no menos importante, para ti Óscar, porque aunque la imagen no tenga quizás un significado especial, esconde una historia de amor que tampoco tuvo un buen final.

B.D.E.B.

Sueños que duelen

Sueños que duelen

Photo by Pixabay on Pexels.com

Me pregunto cómo es posible que un sueño sea capaz de cambiarnos el estado de ánimo de una manera tan brutal.

Estos días estaban siendo tranquilos, de paz, de no pensar y de sentirme segura y un simple sueño ha enviado todo al traste, y yo que nunca los recuerdo, hoy si me tenía que acordar, para llevarlo presente todo el día.

Ahora, en el silencio que todavía se respira aquí, menos alguno más madrugador, el resto siguen durmiendo y aquí delante de la pantalla del ordenador, ha faltado escuchar a alguien para terminar de despertar todos los sentimientos y hacer que una pequeña lágrima se escapara, porque a veces no es necesario más que una pequeña emoción por otro motivo para despertarlo todo.

Aprovecho este momento de soledad para desahogarme un poco antes de que todos despierten, imagino que en un ratito se sentirá de nuevo el bullicio, pero ahora, es mi momento y necesito respirar profundo y preguntarme porque las cosas tienen que doler tanto cuando no deberían.

B.D.E.B.

Lo que queda por vivir

Lo que queda por vivir

Hace un tiempo alguien me dijo aquello que «la vida son dos días y uno ya pasó» y la verdad que es una frase muy cierta.

En estos días, por diferentes motivos, ha venido a mi recuerdo una niñez ya muy lejana y una adolescencia poco menos. Una juventud que se ha quedado atrás, aunque me siga sintiendo joven porque creo que eso se lleva por dentro, pero va dejando paso a esa madurez que pinta canas y dibuja pequeñas arrugas.

Y llegados a este punto, son muchos los días en los que me digo a mi misma y intento meterme en la cabeza que debo preocuparme lo justo, lo estrictamente necesario, pero aún así es difícil de hacerlo.

Toda la vida he sido una persona de ver más allá y cuando se presentaba un problema (o veía que se podía presentar) buscar la solución lo antes posible, adelantaba los acontecimientos antes de que sucedieran y intentaba dejarlo todo «hilvanado», como suelen decir, preparado para lo que llegará.

Cuando uno es así, es muy complicado cambiar, además el paso de los años suele acentuar más nuestros defectos y el de sobrepensar y preocuparse antes de que lleguen las cosas, creo que es uno de los míos. Hay quien me dice que soy pesimista, aunque yo siempre digo que soy realista, pero es cierto que acostumbro a ponerme en lo peor, quizás porque así, si la cosa no es tan mala pues respiro tranquila.

Pero como decía al principio, llegas a una edad en la que ya has vivido la mayor parte de la vida, ya de esos dos días, más que haber pasado uno, quizás sea uno y medio y llega el momento de, a pesar de la dificultad, empezar a cambiar ese punto de vista, ya sea sola o con ayuda pero no se puede vivir lo poco o mucho que nos quede pendiente de los problemas, de los que están, de los que no han llegado y de los que no tenemos solución porque depende de otras personas.

Llega un momento en el que hay que ir soltando todo aquello que pesa, sacar de dentro lo que nos ahoga y dejar espacio para lo bonito, para lo que nos hace sentir bien, para lo que nos llena pero bien.

La teoría me la sé a la perfección y aquí, ahora, la práctica parece que también, estar unos cincuenta kilómetros de distancia parece como si estuviera en la otra punta del mundo de los problemas, cómo si se hubieran quedado allí, y quizás sea por la tranquilidad de no cruzarme con ciertas personas que no quiero ver, o quizás porque este sitio sea casi tan poderoso para mí como lo es el mar. Ver la luna todas las noches, las estrellas, el atardecer del Puig Campana…

Poco más necesitaría para seguir disfrutando de ese día, o medio según el dicho, sólo buena compañía y creo que entre amigos y familia y compañeros de lectura, también estaría.

B.D.E.B.

https://youtu.be/n8bmZKM9BKs?si=My5Nk65_yIqCy2KO

Cuando se acuerdan de ti

Cuando se acuerdan de ti

Siempre recuerdas este día, siempre pendiente, un detalle, un gesto, una felicitación, sabes que me alegra y a ti te gusta hacerlo.

Porque no es el gesto, no es el regalo, es el simple hecho que se acuerden de ti y que te lo hagan saber de una forma u otra para que te sientas un poquito especial, que que importante eso ¿verdad?

Creo que sigo aquí por todas esas cosas que un día puse en una balanza y al final me di cuenta hacia donde se inclinaba, porque fallos, errores, cometemos todos pero hay que saber ponerles remedio, reparar y no dejar que todo se rompa, hay que buscar soluciones y no impedimentos, hay que descubrir si realmente merece la pena y si la merece, pelear por ello.

Hoy es un santo, otro día un cumpleaños, un aniversario o simplemente un mal día y saber como mejorarlo.

Es estar, hoy, mañana, siempre…

B.D.E.B.

El árbol de la vida

El árbol de la vida

¿Quién de niño no ha querido subir a un árbol?

Cuando era niña he sido poco lanzada, tímida, tranquila y nunca me hice nada más que algún rasguño porque era miedosa para todo, no sé si mis pesadillas tuvieron algo que ver junto con mi falta de confianza de poder conseguir las cosas, me consideraba débil tanto emocional como físicamente, pero hubo un verano que todo cambió un poco, al menos durante esos días.

Unos días en el campo de mis abuelos, junto a una niña que vivía en la casa de al lado, justo donde terminaba ese camino, era mi compañera de juegos y más atrevida que yo. Ella, con toda la paciencia del mundo, me ayudó a trepar al árbol y mover sus ramas para que cayeran las almendras, era la primera vez que subía a uno,  la primera vez que me atrevería, también fue la última, nunca más lo volví a intentar, ni siquiera lo conté a nadie, estaba segura que no lo volvería a conseguir, porque a veces necesitamos de esa seguridad que te da esa persona, de la ayuda que te brinda y de estar seguros que aunque no lo consigas no se reirán de ti, para animarte y conseguirlo, ya se trate de subir un árbol, escalar una montaña o superar una de tantas trabas que nos pone la vida.

Porque en la vida también necesitamos de esas personas, aunque no nos ayuden a subir, que nos hagan ver que nosotros mismos podemos hacerlo, que nos animen, y que se queden a nuestro lado por si en algún momento se necesita de un empujón, o que nos sujeten fuerte para no caernos.

Podría ser mucho más sencillo, como el árbol de la fotografía, uno que parece que tuviera peldaños, o pequeños descansillos, en los que parar si se agotan las fuerzas, en los que poder impulsarnos para subir al siguiente.

O quizás sean una especie de pisos, de las diferentes etapas que vamos viviendo, y en cada una de ellas vamos encontrando personas que, como esa niña, nos ayudarán a seguir trepando, yendo a nuestro lado, sujetando, animando, así hasta llegar a la copa del árbol, y aquí no sacudiremos las ramas para que caigan las almendras, aquí nos quedaremos observando lo que costó llegar, lo orgullosos que nos sentimos de haberlo conseguido y quienes llegaron con nosotros hasta arriba y quien se cansó de acompañarnos.

B.D.E.B.