
Hoy era día de eso, dar un pequeño paseo, jugar con los perretes y tomar unas fotos al atardecer del Puig Campana (dejo el enlace a una entrada donde cuento su leyenda, para quien no la conozca).
Un día en el que me levanté sin los mejores ánimos pero que poco a poco ha ido mejorando algo, aún así, era necesario esta tarde hacer eso, capturar ese momento que tanto me gusta aquí porque esa montaña me atrae por algún motivo y lo primero que hago cuando salgo de la parcela por la mañana, es girar la cabeza para verla, para darle «los buenos días» o quizás esperando que me los de ella.
Ahora, con la llegada de la noche, el silencio que ya casi llega de nuevo, con esa luna a punto de completarse y, no diré que animada, pero al menos algo más que esta mañana, me pongo a pensar en como ha ido aconteciendo el día, como una conversación me ha dejado asombrada y casi si me descuido me vuelven a saltar las lágrimas (en estos días quizás os cuente la historia), una entrada de alguien ha conseguido levantar un poco ese ánimo, porque agradezco siempre lo que hacen por mí (de nuevo muchas gracias Jorge), y comentarios que también consiguen sacar una sonrisa, y quizás cuando ves (sin ver) a alguien que sufre y que hoy necesita que le sostenga, entonces lo tuyo pasa a segundo plano y le dedicas unas palabras amables para que sepa que estás ahí.
Hoy esa imagen con la que empieza esta entrada tiene tres dedicatorias, para ti artista por conseguir una sonrisa siempre y por ayudarme a traer de vuelta aquello que estaba aparcado, para una «ratita lectora» que es de las que siempre está, aunque se quiera mantener en la sombra, eres de atardeceres y aunque no es el más bonito está sacado desde el cariño, y por último y no menos importante, para ti Óscar, porque aunque la imagen no tenga quizás un significado especial, esconde una historia de amor que tampoco tuvo un buen final.
B.D.E.B.




