
Ha llegado uno de esos días que menos me gusta del año, ese en el que (supuestamente) te dan una hora más, pero te quitan una hora más de tarde, de luz solar, yo al menos llevo fatal eso de que antes de las siete de la tarde ya se haga de noche.
Reconozco que en esta ocasión me vino bien tener una hora más de sueño, cuando trasnochas no está de más poder levantarte un poco más tarde, pero hoy entre que el día ya de por sí está oscuro por la lluvia y que se hará de noche antes… va a ser uno de esos días de otoño que tan poco me gustan.
Siempre digo que esta época del año es la que menos me gusta, aunque he aprendido a apreciarla más, pero recuerdo muchos otoños en los que un día como el de hoy me ponían triste sin motivo aparente, y solo tenía ganas de taparme hasta la cabeza y desear que pasara cuanto antes.
Ahora, aunque no sean los días que más me maravillan, intento buscar el lado bueno de ellos, como esos bonitos atardeceres con cielos anaranjados y esos amaneceres con un toque especial, aunque es cierto que ahora para cazarlos hay que madrugar un poco más, pero siempre merecerá la pena.
Hoy sé que será un día raro, de esos que no hay muchas ganas de nada, quizás un día para escuchar la lluvia caer, para echarse en el sofá (sin manta porque aquí aún hace calor, aunque parece que alojará ya un poquito) y ponerse a leer, escribir o cualquier otra actividad que no requiera «mucho esfuerzo».
Y sin saber el porqué, este día siempre me traslada a hace muchos años, y cuando comience a atardecer sentiré de nuevo ese nudo en la garganta, esa mirada a través de la ventana viendo la lluvia caer mientras aquella lágrima resbalaba por mi mejilla…
B.D.E.B.




