
Quizás esa manía mía de mirar al cielo, me ha hecho descubrir esta tarde esas nubes «imperfectas» no eran una igual a la otra, unas eran más grandes, otras más pequeñas, unas eran más «gordas» y otras más «flacas». Unas se pintaban de bonitos colores dorados y anaranjados, otras en cambio eran casi negras, sobrias, como si el cielo estuviera enfadado.
Es curioso porque me han llamado mucho la atención y solo podía observar su belleza, sí, porque en la imperfección está la belleza real, no esa de escaparate, de filtros de Instagram, de retoques, de querer mostrar algo que no es real…
Crear esas imágenes perfectas no está mal, ponerse un filtro para verse más bonita, quizás tampoco lo está, pero discriminar o machacar a quienes no son iguales, eso sí está mal, demasiado mal, es horrible.
A menudo esos estigmas de gordos, flacos, altos, bajos, si llevas gafas, tu orientación sexual y un largo etcétera… sirven como armas más afiladas que los cuchillos, igual empieza como un juego y no sé (quiero pensar que no) si las personas que juegan a él, se prestan a jugar a él, llegan a saber el daño que hacen y hasta que punto llegan esos «insultos» a otra persona simplemente porque no cumple las condiciones de «belleza o de normalidad» que la sociedad y en gran mayoría los jóvenes tienen por bandera.
Hoy las observaba y veía la belleza, la misma que observo cuando veo un grupo de jóvenes tan diferentes entre sí y tan bien integrados, sin importarles nada más que la amistad entre ellos y defendiéndose si alguien llega a intentar dañar a alguno.
Quizás algo muy importante se nos escapa, quizás algo estemos haciendo mal y puede ser que aún estemos a tiempo de ponerle solución.
Enseñar a respetar es muy importante y enseñar a cuidar en lugar de dañar mucho más.
B.D.E.B.




