
Desde hace más de veinte años, en mi familia se creó una costumbre, el 6 de enero, día de Reyes, mi hermana pequeña nos invita a toda la familia a comer a su casa, incluida también la familia de mi cuñado que es bastante más pequeña que la mía porque solo asisten su madre y su prima.
Ella vive en Alcoy, y como ya comenté en una ocasión, allí la celebración de los Reyes magos se hace a lo grande, desde el «día de la burrita» cuando los pajes recogen las cartas para entregarlas a sus majestades, al campamento real que dicen se ve precioso (yo nunca lo he visto), hasta culminar con su cabalgata, la más antigua de toda España y que es digna de ver, tanto adultos como niños (yo la disfruté antes de tener a los míos).
Así que por ese motivo ella eligió, de todos los festivos navideños, ese día para reunirnos a todos y invitarnos a su casa. En la familia cada vez somos más (buena señal) y es complicado en ocasiones poder coincidir todos en las celebraciones normales, aunque hacemos por juntarnos, pero ese día es en el que siempre intentamos cuadrarlo bien para estar todos, una costumbre ya arraigada y que sólo falló el año de la pandemia en que por precaución no nos juntarnos todos.
Hoy me daba cuenta de que casi que ya no cabíamos en la mesa, antes cuando los chicos eran pequeños se les ponía una mesa aparte, pero ahora ya son grandes también y solo quedan dos pequeñajas que son las que disfrutan con ilusión ese día, la hija de uno de mis sobrinos y la hija de la pareja del otro sobrino (mi pequeña artista), para mí son sobrinas las dos por igual, la pequeñaja un auténtico terremoto y la más mayorcita una niña tímida que me recuerda mucho a mí (salvo que yo lo de pintar y dibujar como que no).
En ocasiones de una simple comida, de una invitación, creamos una costumbre, sin obligaciones sólo porque queremos hacerlo y porque cada uno de nosotros queremos estar allí, es un día de esos que marcas en la agenda y es inamovible salvo por una causa de fuerza mayor.
Hay costumbres que van quedando arraigadas con el paso del tiempo y es bonito cuando todos estamos sentados alrededor de la mesa sin obligación, sólo porque se quiere estar y es bonito añadir sillas conforme pasan los años, aunque todos tengamos en mente que en algún momento será al contrario…
Con la comida de hoy ya damos por finiquitadas las fiestas, ya mañana toca volver a la normalidad, al trabajo, a las rutinas. Además me he embarcado en la genial idea de cambiar muebles, así que la vuelta es aún más ajetreada, vaciando armarios, llenando cajas y tirando trastos viejos… quizás eso se quede para otra entrada .
Las fiestas acaban pero dejan un buen sabor de boca,el haberlas podido disfrutar con familia y amigos de los de verdad.
B.D.E.B.











