
Esta mañana, mientras hacía un alto en el paseo, escribí y publiqué la entrada anterior. Por sorpresa saltó un mensaje

Me sorprendió y no pude evitar pensar si era posible haberlo hecho, de qué manera, aquello que empezó por casualidad, me había llevado a escribir esas mil entradas.
No he podido evitar echar la vista atrás, siempre digo que soy de leer, me encanta, pero escribir nunca fue mi fuerte. De niña en el colegio, me costaba mucho escribir redacciones, salvo un día, ese día que la profesora nos pidió que escribiéramos sobre el mejor día de nuestra vida, no tuve dudas y escribí mi redacción. A día de hoy aún me emociona el recordar esas letras, la reacción de la profesora cuando las leí en clase y el momento redactado en esas hojas.
Es de la única redacción que me acuerdo, quizás porque todo el sentimiento lo plasmé en esas hojas y en ocasiones lo que nos emociona se queda con nosotros siempre.
Una de esas mil entradas cuenta esa redacción, no podía faltar.
En cada una de ellas, siempre lo digo, va un cachito de mí. He escrito cuando he estado feliz y cuando las lágrimas caían con fuerza. He escrito decepcionada, con rabia, con dolor, pero también lo he hecho ilusionada, con amor, con cariño, he inventado historias, he disfrazado vivencias, he intentado transmitir lo que siento y describir aquello que me apasiona. He querido compartir viajes, amaneceres, y algunas noches de luna llena.
Reconozco que en alguna ocasión me he planteado aparcar esto por un tiempo, pero después pienso que aún queda mucho que decir, que contar y que compartir. ¿Hasta cuándo? Pues no lo sé, puede ser que el día que sienta que ya no hay nada que contar.
Hoy solo quiero decir gracias, mil gracias, a quienes estuvieron, a quienes siguen estando porque en parte, estas mil entradas las habéis hecho posible vosotros también.
B.D.E.B.




