Una de las cosas que creo que mejoran, es nuestro instinto y otra la intensidad de nuestras emociones.
Con el paso de los años, quizás por las experiencias vividas, cada vez distinguimos antes lo que nos hace bien y lo que no, a quienes merece la pena tener a tu lado y quienes bien lejos de ti.
Todas esas situaciones, cosas o personas (no voy a decir que restan, porque hoy me dieron una «lección», no mezclar los números con las letras), diremos que oscurecen el alma, tu corazón, todo aquello que llega a ti para hacerte daño, empiezas a distinguirlo y lo alejas todo lo que puedes, o le cierras la puerta para que no pueda entrar, para que se quede fuera y no dañe las cosas bonitas.
Y así mismo comenzamos a reconocer aquello(s) que necesitas en tu vida, lo(s) que le darán luz, te acompañarán en el camino ya sea llano o con cuestas y te darán la mano cuando la fuerza se agote. Los reconocerás cada vez más fácil, aunque tengan muchas cosas diferentes a ti pero siempre hay otras más importantes que harán que conectéis, que lleguéis el uno al otro y que esa persona esté presente a cada vez que ocurra algo importante en tu vida.
Y después está la intensidad de las emociones, cuando somos jovencitos (porque a pesar de la edad, el espíritu joven lo seguimos teniendo), creemos que se nos acaba el mundo con nuestros sentimientos pero pasamos de un extremo al otro, igual que queremos dejamos de hacerlo y, a mi modo de ver, muchos de esos sentimientos son pasajeros, no son tan intensos como creemos que son, y con los años parece que esa intensidad es mayor que cuando queremos es de verdad, tanto que a veces se nos va la vida cuando tenemos que olvidar, suponiendo que lleguemos a conseguirlo…
Así es como yo lo veo, y como muchos de vosotros sois poco más o menos de mi quinta, aquí os dejo esto:
«Vista de lince y ahora te ayudas de cristales
Pelo negro que se vuelve blanco
Antes corrias y ahora prefieres un lento paseo
Piel tersa en la que se comienzan a dibujar unos surcos, que recuerdan lo que has reído, lo que has disfrutado
Cambias las fiestas por reuniones de amigos
Las aventuras por relax y placer
Pero el espíritu sigue siendo joven
Disfrutamos de otra forma pero seguimos disfrutando
¿Qué dejarías ir para estar en armonía contigo mismo?
Esas malas vibraciones que llegan a veces, esas que sacan lo peor de mí, esa parte que no me gusta para nada, porque no me identifico con ella, porque me enseñaron a querer y no a lo contrario.
Y eso hacía, eso hice, lo que me enseñaron desde pequeña, en mi casa, en mi familia no cabía otro sentimiento que no fuera ese, mi padre ni siquiera permitía las pequeñas disputas entre hermanas, ni él ni mi madre nunca se dejaron de hablar con su familia, y eso que mi abuelo materno no puso de su parte, y así como ellos fueron nos enseñaron, a querer.
Pero desgraciadamente la vida nos pone a mucha gente en el camino, siempre hablo de la gente que me ha hecho y me sigue haciendo tanto bien, también conocí el otro lado y a día de hoy sigue estando presente, a un lado, apartado, pero presente.
En algún momento te lo recuerdan, o te acuerdas tú, o alguna vez sueñas con esa gente, que más bien es una pesadilla, ¿triste verdad? Pues sí, para mí son pesadillas, porque esa gente que es mala, que no es que te hagan daño sin querer, sino queriendo, porque saben donde darte, tu punto débil, lo que más te duele, aquellos que arrasan con todo y todos sin mirar y que luego quizás hasta vengan a arrepentirse pero sólo para que bajes la guardia y hundir el cuchillo más adentro. Cuando esos recuerdos, ese pasado vuelve al presente, ahí sale una parte de mí que no me gusta nada que me quita esa paz interior y que hace que me enfade conmigo misma.
Esa parte que necesito que se vaya, no me pertenece y el pasado pasado es, lo malo debería de quedar en el olvido.
Creo que a ellos les hubiera gustado para terminar de matarme por dentro, haberme hecho odiar, pero luché contra ello y lo único que intento es olvidar, porque quienes me dieron la vida también me enseñaron que lo más importante de todo y la única forma de ser feliz es AMAR.
Parece que es hablar de algo y entonces todo va relacionado, así que vamos a la pregunta del día.
En realidad creo que no tengo ninguno favorito, me gusta prácticamente todo, aunque hay algunos que diría que me gustan menos, el reggaeton y cosas por el estilo (principalmente por sus letras) y la música electrónica sólo a ratitos.
Eso sí, dependiendo del momento me gusta una u otra música.
Si estás de «fiesta» siempre prefieres canciones con algo de ritmo para poder bailar (aunque a mi no es que se me de bien) pero siempre es mejor ese tipo de música más animada.
Cuando voy en el coche prefiero escuchar temas en español, si voy sola y voy cantando en el coche sin torturar a nadie 😂.
Si estás de relax o conversando o en una cena en pareja, una música suave es la mejor, sobretodo en esta última opción, siempre puede acompañar a un baile después…
Y en una acampada, ahí toca guitarra en mano alrededor de una hoguera canciones alegres de toda la vida.
Depende del momento, de la situación, de la compañía…dependiendo de todo eso me voy más a un género u otro, aunque si alguno va bastante más conmigo que otro, sería el pop-rock.
Una vez más creo que si uno está en la compañía adecuada el género musical es lo de menos.
Y una cosa más que tiene este lugar es que te van recomendando la gente grupos que no conocías y luego se vuelven en habituales. Y aprovechando una de esas recomendaciones y de que hoy es el cumpleaños de alguien de por aquí, le dejo este vídeo como regalo de cumpleaños.
Felicidades de nuevo y espero que sea de las que te gusten 😉
Un dedo, uno sólo, es suficiente para erizar la piel, una simple caricia es capaz de despertar nuestros sentimientos, no sólo de quien la recibe, también de quien la realiza.
Un instante de un paseo, en el que te pones frente al otro, sujetas sus manos, le miras a los ojos, la magia del instante hará el resto.
Despierto de un sueño maravilloso, en el que tú estabas a mi lado, mi cabeza descansaba en tu pecho, tu corazón latía a mil por hora, acariciabas mi cabello y yo tu dorso, al abrir los ojos no estás, en tu lugar una rosa pero la almohada aún conserva tu aroma.
Perderse en el bosque, o en la montaña, escapar del resto del grupo entre risas, y fuera de las miradas, ajenos a todos, acercar nuestros rostros, el roce de nuestros labios, ese primer beso, tímido, apasionado a la vez.
Sentarse a la orilla del mar y ver ese maravilloso atardecer, esos tonos anaranjados, tu brazo rodeando mis hombros, los míos rodeando tu cintura, ¿paramos el tiempo?
Palabras, escritas, susurradas al oído, o un mensaje, sólo dos son suficientes, el resto sólo adornan…
Hay tantos pequeños detalles que lo hacen inolvidable, diminutos pero que nos llenan, que siempre nos harán recordar esos románticos momentos.