Colección de recuerdos

Colección de recuerdos

¿Tienes alguna colección?

Tengo una colección de recuerdos, llevo desde bien pequeña guardando todo aquello que me hizo sentir, bien o mal, aquello que me alegró o que me hizo llorar, aunque no siempre esas lágrimas fueran de dolor, también las hubo de felicidad.

Es una gran colección que de vez en cuando me gusta mostrar, sobretodo los de mi infancia, creo que son los más valiosos, quizás porque han pasado muchos años, o quizás porque en el camino se perdió la parte más importante que los formaron (ellos).

Lo bonito de mostrar esta colección, es que a veces ayudas también a que otras personas se acuerden que tienen una colección parecida a la tuya y ahí es donde los compartimos, intercambiamos cómo si de cromos se tratara (sólo por un ratito) y después los volvemos a guardar en una caja que se llama corazón.

No toda la colección es bonita, también hay piezas feas, pero esas no suelo mostrarlas, no me hacen sentir bien y se encuentran separadas del resto, en el lugar más oscuro, esperando que algún día caigan en el olvido.

Una colección que todos poseemos, más o menos bonita, más o menos extensa, pero que cuando tenemos esos días de nostalgia, es bonito desempolvarla y mostrar lo felices que un día fuimos.

B.D.E.B.

Sabor a recuerdos

Sabor a recuerdos

Sugerencia de escritura del día
¿Cuáles son las 5 frutas que más te gustan?

Empezaría por la uva, pero no una cualquiera, aquella que siendo niña tomaba recién cortado el racimo de la parra que tenía mi abuelo. Esa misma parra que nos hacía sombra en el patio cuando nos sentábamos toda la familia a comer, muchos años hace de aquello pero aún recuerdo a ese pequeño hombrecillo (pequeño de altura y grandísimo de corazón) sacar esos racimos a la mesa y como todos los niños nos lanzábamos a por ellos. Cuando volvíamos a casa ninguna otra uva me sabía igual a aquella, yo creo que mi abuelo le daba aquel dulzor especial, el mismo que él tenía con todos nosotros.

Y continuaría por las granadas, aquellas que mis otros abuelos siempre tenían en una cesta en la entrada de la casa, granadas que a pesar de ser niños las tomábamos regadas por un poco de vino y azúcar ¿Qué locura verdad? nunca nos pasó nada, crecimos fuertes y sanos, hoy yo soy la primera que no se me ocurriría dársela a los niños, pero en aquellos tiempos no veían que fuera malo.

En el mismo terreno de la casa también tenían naranjos, y qué mejor almuerzo que ir al huerto y coger la naranja directamente del árbol, la «yaya» la partía por la mitad y directamente nos tomábamos el jugo sin pelarlas siquiera, clavábamos los dientes y listo.

No podría faltar el melón, ese que mi padre tiene listo a cada vez que subimos todos a comer, creo que es su fruta preferida, antes era en verano pero ahora que tenemos durante todo el año, no puede faltar uno a cada vez que nos reunimos, el va cortando y a los niños siempre les prepara la «tajá» como ellos quieran, a trocitos, con corteza, sin ella, lo que sea necesario por los nietos…

Y por último la sandía, esta fruta la relaciono con el verano y con el compartir, quizás por su tamaño, pero en una reunión de amigos en verano no puede faltar una sandía bien fresquita. Me recuerda ahora en las ya cercanas fiestas de San Juan, cuando nos juntamos toda la comisión a comer, en esas comidas de hermandad, ese es el postre estrella.

Cinco frutas, cinco sabores distintos, cinco recuerdos, alguno de ellos que nunca más se volverá a repetir…

B.D.E.B.

Disfrutar de las cosas sencillas

Disfrutar de las cosas sencillas

¿Qué es para ti la libertad?

Sentir la arena en mis pies mientras las olas los acarician suavemente, la brisa enreda mis cabellos y el sonido del mar me transporta a otra realidad, ahí siento libertad.

Desde la cima de una montaña observar el paisaje de alrededor, lo diminuto que se ve todo, el aire fresco que se respira, lo lejos que está todo, hasta los problemas…

Pasear por jardines, el olor al césped recién cortado, las flores que en este mes están más bellas y olorosas que en ningún otro, observar los miles de colores, dejarse llevar por los sentidos.

¿Qué es para mí la libertad?

Poder disfrutar de aquello que nos gusta, que nos hace felices sin que nada ni nadie nos lo impida.

¿Parece sencillo verdad?

B.D.E.B.

Ser madre

Ser madre

¿Cuáles son tus marcas favoritas? ¿Por qué?

Esa cicatriz bajo el vientre, esa marca que irá conmigo el resto de la vida, es mi marca favorita, la que me recuerda los dos maravillosos encuentros que tuve y que a su vez marcaron también mi corazón.

Hoy es día de eso, de felicitarlas, de darles y demostrarles todo nuestro amor, aunque eso tendría que ser a diario, porque se es madre todos los días y también tenemos que ser hijos cada día y en todo momento.

Pero hoy quiero resaltar una cosa, no sólo son (somos) madres aquellas que hemos llevado un bebé en nuestro vientre durante unos meses, ese es un momento precioso, un privilegio y somos muy afortunadas de ello, pero ser madre es mucho más.

Hay muchas mujeres que no han tenido a esa criatura en el vientre y  se han convertido en madres, en muy buenas madres, mejores que muchas otras que si lo han tenido en sus entrañas.

Y es que madre es la que nos cuida, nos protege, la que sería capaz de poner su vida por delante de la nuestra.

La que nos abriga ante el frío, nos intenta evitar el sufrimiento, la que nos aconseja, duerme con nosotros para espantar las pesadillas, la que con sólo mirarnos sabe si somos felices o sufrimos.

Madre es la que nos acompaña, desde que llegamos a su lado,  agarrando nuestra mano, en ese camino tan complicado que es la vida, sin soltarnos, aún cuando a malas penas tenga fuerzas para seguir caminando, esa mano que no nos suelta hasta su último aliento

Todas ellas son madres, no sólo las que nos quedaron marcas en la piel, también las que las llevan en el corazón, porque esas marcas son las más bonitas que tendremos en nuestra vida…

B.D.E.B.

Mi tío

Mi tío

Dinos las personas que admiras y de las que te gusta recibir consejos…

Admiro a mucha gente, a aquellos que a pesar de lo que les venga encima pelean por sacar a flote a los suyos, a quienes le sonríen a la vida, quienes respetan, quiénes dan sin esperar nada a cambio y intentan hacer mejor la vida de los demás.

Y ahora hablaré en pasado,  porque así era uno de mis tíos, hermano pequeño de mi madre y una excelente persona.

Kiko le llamaban, ese era su nombre para todos, creo que por Francisco sólo lo conocían los «organismos oficiales» porque nunca escuché a nadie llamarle así.

Un hombre con una sonrisa eterna dibujada en su cara, una sonrisa que te contagiaba al minuto de estar a su lado. Era gracioso, amable, cariñoso y bromista y muy muy buena gente.

Al fallecer mis abuelos, él se quedó (les compró a sus hermanos) la casa de ellos, ese caserón en mitad del campo del que he hablado alguna vez. El seguía teniendo allí conejos, pavos, gallinas y cuando íbamos un domingo seguía la costumbre de hacer para comer un arroz a la leña.

Podías llevar a cualquier persona contigo, mi tío los trataba cómo a un sobrino más, y al despedirse siempre les decía, «aquí tienes la casa del tío Kiko para cuando tú quieras volver, me llamas y esta es tu casa»

¿Su consejo? Disfrutar de la vida todo lo que se pudiera, salir a bailar con tu pareja cada vez que fuera posible y disfrutar de la familia.

Adoraba a su familia, nos adoraba a todos y cuando íbamos con un sobrino nuevo para que lo conociera (él vivía en el pueblo y venir a la ciudad no le gustaba nada) sentía la misma emoción que si de un nieto suyo se tratara.

Siempre, siempre, nos hacía reír, menos un día que me hizo llorar, el día que se marchó…

B.D.E.B.