Mi «yo» divertida

Mi «yo» divertida

Sugerencia de escritura del día
Cuéntanos algo que la mayoría de la gente probablemente desconoce de ti.

Desde pequeña mi timidez se apoderaba de mí, era incapaz de pedir nada si no era a través de mis padres, ni siquiera en casa de mis tíos, cualquier cosa de comer, de jugar, lo que fuera, siempre a través de ellos y no porque a mis tíos los viera poco, al contrario, siempre andábamos toda la familia muy unida a pesar de ser muchos.

Conforme fui creciendo la timidez se diluyó un poco, aún así siempre fui callada, observadora y de ponerme roja cómo un tomate si me echaban algún piropo. Ya en el instituto empecé a ser «yo misma» en el círculo más cercano, hablaba un poco más y hasta me bromeaba con mi gente, pero hasta que no cambié a otro instituto a hacer un grado superior, no pegué el cambio.

Cuando llegué allí todo era nuevo para mí, pero en breve me hice con ello, creamos un grupo que consiguió que sacara mi parte divertida, siempre alegre, la timidez apartada a un lado, hablaba con todos, reía, bailaba, cantaba,… todo aquello que me daba una vergüenza para morirme, con ellos era completamente distinto, quizás porque me animaban siempre para participar en todo y el no hacer todo aquello me hubiera hecho sentir diferente al resto, o quizás porque descubrí otra «yo» que había estado oculta durante mucho tiempo, una divertida, alegre, bromista…

Creo que fue la mejor etapa de mi juventud, todos mis amigos notaron el cambio, hasta mi (por entonces) novio, seguía siendo yo pero con más alegría.

Llegó un día que ciertas personas chafaron todo eso, y a partir de ahí empecé a ponerme una coraza y sabes que no podía comportarme así con todo el mundo, porque esas situaciones había quienes las ridiculizaban y eso me hacía sentir mal, así que aprendí que dependiendo de la compañía, no siempre puedes ser tú, a veces tienes que sacar el lado más serio pero sólo porque no estás con tu gente.

A esa pregunta del día, «Cuéntanos algo que la mayoría de la gente probablemente desconoce de ti», no sé si exactamente será la mayoría, (puede que si) pero lo que gran gente no conoce es mi lado divertido, ese de reír hasta que nos duele la mandíbula, el de cantar, bailar y lo que sea necesario, ese lado bromista, el de soltar algunas «chorradas» de vez en cuando para que la gente se ría contigo, no de ti.

Ese lado lo oculté aquél día y sólo los más cercanos, los que no me fallan, los que siempre están, mi gente, sólo a ellos se lo dejo ver, ellos saben quien soy y como soy, en las buenas y en las malas, y ahí siguen.

De aquellos compañeros perdí el contacto, pero me quedó ese descubrimiento de mi «yo divertida».

B.D.E.B.

*Esta canción era el «himno» de esa pandilla, no podíamos salir de fiesta sin bailarla, cada vez que la escucho me viene a la cabeza la imagen de mi amigo Vicent con su melena al aire cantando y bailando.

Mis padres

Mis padres

Cuando piensas en la palabra «éxito», cuál es la primera persona que se te viene a la mente y por qué.

Para mí el éxito no tiene porque ser sólo para gente popular, ni en materia laboral, es llegar a alcanzar esa meta soñada y por la que has luchado hasta conseguirla, y basándome en esto, son ellos, mis padres.

Mi padre, el mayor de sus hermanos, nacido en una familia bastante humilde. Mi madre, segunda hija pero la mayor de las hembras, sus padres no eran «ricos» pero si tenían tierras y ganado y eso les hacía estar mejor situados.

En aquella época y para según que familias la diferencia social entre ellos era bastante y eso contribuyó a que mi abuelo materno se negara en rotundo a esa relación y mucho más cuando se habló de boda. Incluso le dijo a mi madre que se fuera de casa a vivir con mi padre pero sin casarse (hablamos de finales de los años 50), todo para que se fuera de la casa sin su «dote», mi madre se negó en rotundo y salió de su casa vestida de blanco y camino del altar, su padre le tuvo que dar la dote y otro «regalo» más…la ausencia de él y mi abuela a la boda (no se lo permitió).

Se tuvieron que conformar con una chocolatada en casa de una de sus tías a modo de celebración, pero no importó, estaban casados que era lo importante.

Fruto de su amor tuvieron una primera hija, a la que siguió un varón que tristemente falleció con sólo nueve meses de vida, una muerte que les partió el corazón por completo, aprendieron a vivir con ello pero nunca lo superaron. A día de hoy siguen visitando el cementerio, a kilómetros de distancia, para adecentar el nicho y depositar flores en él.

Después de ese traspiés que les dió la vida tardaron años en volver a ser padres, hasta que nació una servidora, una nueva alegría y tres años después otra de rebote, tres hijas a las que han cuidado, querido y adorado, a las que han criado trabajando duramente, de las que sólo se han separado por trabajo y siempre deseando volver a reunirse con ellas.

Cuidaron de sus mayores hasta los últimos días de vida, incluso de quien tantas trabas les puso, nunca le guardaron rencor, o al menos no lo hacían ver.

Cuidaron de sus nietos, todos varones, cosas de la vida, siempre han estado disponibles para lo que hayamos necesitado, hasta ahora que son ellos quienes necesitan de nosotros, aún así él, lucha cada día con la enfermedad de ella, aún cuando no le quedan fuerzas, pero hizo una promesa un día y estoy segura la cumplirá.

Si se trata de éxito, creo que ellos lo tuvieron con creces, por más piedras que les pusieron en el camino consiguieron su meta, ser felices juntos.

B.D.E.B.

El vecino de enfrente

El vecino de enfrente

Sugerencia de escritura del día
¿Cómo definirías a un buen vecino?

Se acercó a la puerta de cristal que daba a la terraza, con su taza de café entre las manos, y se quedó mirando a una de las terrazas del edificio de enfrente, allí estaba él, con el cabello alborotado de acabarse de levantar, una camiseta blanca y un fino pantalón corto, asomado a la barandilla y con su perrito al lado dando saltitos para llamar su atención, se agachó a acariciarlo y juntos se metieron dentro del salón. Ella pensó que esas vistas le gustaban y mucho, que bonito despertar así.

Hacía unos meses que había llegado nuevo a ese edificio, y no sólo ahí, también al instituto en el que ella estudiaba, parecía el típico «guaperas malote», pero su mirada decía todo lo contrario. A malas penas habían cruzado unas palabras, en alguna de las clases y en alguna actividad que hacían en común, a ella ni siquiera se le habría ocurrido preguntarle si podían volver juntos a casa, ella era una chica demasiado «normal», nada que destacar, cómo amiga todos la querían pero se sentía a veces el «patito feo» del grupo, aunque eso tampoco la atormentaba mucho, era feliz con sus amigos y sabía que en algún momento le llegaría el turno al amor.

Se acercaban las fiestas de navidad y era costumbre todos los años hacer una cena profesores y alumnos como despedida antes de las vacaciones, acordaron que sería el último día de clase y en un local cercano, después de la cena saldrían por la zona de ocio de moda en la ciudad a bailar un rato.

Ese día ella se puso sus mejores galas, un poco de maquillaje pero sin pasarse y salió de su casa con la mejor de las sonrisas. Llegó al punto donde había quedado con sus amigas que vivían por la zona y se dirigieron al local donde tendría lugar la cena.

Nada más llegar allí lo vio, estaba junto a otros compañeros y un par de profesores en la puerta, estaba de espaldas pero ella lo conoció enseguida, en cuanto se acercaron un poco el se giró y su mirada se encontró con la de ella, se acercó a saludarla y mientras le daba un beso en la mejilla le dijo al oído, «estás muy guapa esta noche», ella notó que los colores le subían y sólo acertó a decir un «gracias» tan flojito que no sabía si él habría sido capaz de oírlo, enseguida se acercó al resto del grupo donde le cayeron algunos piropos más (era lo que tenía el ir siempre sin maquillar, cuando se arreglaba un poco todos lo notaban), ninguno de estos le hizo el efecto que el piropo de él, le había alegrado la noche.

Estaba pasando una velada agradable, estaba al lado de un chico de los que consideraba sus mejores amigos y no paraban de reír y hablar durante toda la cena, aún así ella y su «vecino» se cruzaron varias miradas junto alguna sonrisa. Terminaron de cenar y se fueron a la zona de ocio a bailar.

Entraron a varios locales que frecuentaban habitualmente y estuvieron bailando en corro casi toda la noche. Hubo un momento que ella necesitaba descansar y salió fuera donde había un pequeño parque y se acercó a sentarse en un pequeño murete, los zapatos le estaban matando. Al momento salió el también, se acercó donde ella estaba y se sentó a su lado, comenzaron a charlar y él le habló de su llegada a esa nueva ciudad, como había sido y que hacía tiempo que se había fijado que eran vecinos pero que no se atrevía a preguntarle si podía acompañarle a casa… A ella todo le estaba sonando a «cacería», él no lo sabía pero ella le había visto en varias ocasiones por el barrio con su novia y algo tenía claro, podía ser muy guapo pero no quería ser la «tercera en discordia».

En un momento él se acerco un poco más y ella se comenzaba a sentir incómoda, miró al frente y vio a su amigo que estaba enfrente mirándolos, con un pequeño gesto de decepción en la cara. Ella se levantó y lo llamó y fue directa hacia él a preguntarle que le pasaba, él señaló con la mirada al vecino y le preguntó «¿te gusta?», a lo que ella contestó, «es guapo» pero no lo suficiente. Es bonito por fuera, pero su interior no lo es, tiene mucho que aprender de ti.

Hubo una mirada entre ellos, una sonrisa y una caricia de su mano al ir a agarrar la de él, perdió su timidez por un momento, para acercarse a su oído y decirle «llevo rato esperándote aquí fuera, pensé que nunca saldrías y el vecino me estaba poniendo nerviosa».

A continuación acercó sus labios a los de él y depositó un dulce beso, se abrazaron y ya no se despegaron uno del otro en toda la noche. El vecino siguió intentando «cazar».

B.D.E.B.

El sueño

El sueño

¿Qué principios definen tu forma de vida?

Cerró los ojos, los párpados comenzaban a pesar, y en pocos minutos su mente viajó.

Despertó en un lugar que le resultaba familiar pero no entendía nada, esa no era la habitación donde se había quedado dormida, no era su habitación, ni su cama, esta era más mullida y las sábanas tenían un olor familiar, se acarició levemente la mejilla con ellas y las acercó a su nariz para disfrutar aún más de ese olor que le resultaba tan agradable.

Decidió levantarse, aunque sin ganas, abrió la puerta del cuarto y salió a un corto pasillo, un poco más adelante a la izquierda había una doble puerta con cristal opaco y rugoso que no permitía ver lo que había tras ella, se acercó y agarró una de las manivelas con su mano derecha, la bajó despacio y empujó la puerta con cuidado, quizás con un poco de miedo, no sabía lo que iba a encontrar al otro lado de la puerta. Un mueble grande, de madera oscura, ocupaba toda la pared derecha, en el centro una mesa redonda del mismo color del mueble y con sus sillas a juego, y en la pared de la izquierda un sofá y dos sillones, arriba del sofá un cuadro, representaba unos perros en una cacería y le producía rechazo, recordaba que nunca le había gustado.

Mientras se encontraba en el centro del salón observando todo, escuchó unas voces y allí entraban ellos a la casa, sus padres. En ese momento se dió cuenta, aquella era la casa donde creció, donde vivió desde que tenía un año hasta que salió un día vestida de blanco.

Una casa humilde pero donde siempre había reinado la paz, el amor, donde le habían enseñado unos principios que le acompañarían toda su vida, honestidad, humildad, sinceridad y  respeto. No era una casa con artículos de valor, pero si con valores mucho más importantes.

De nuevo regresó a la habitación y se metió en la cama, cerró los ojos a la vez que sonreía. Durmió durante rato y despertó.

Amaneció con una sensación de serenidad, de paz interior. Esta vez en su cama, en su cuarto y recordando ese sueño, quizás para que no se le olvidara, ni siquiera cuando las cosas se ponen complicadas, aquello que un día le enseñaron sus padres.

Esos principios que la habían acompañado durante toda su vida, que la habían convertido en la persona que era.

B.D.E.B.

Un final

Un final

¿Hay algo que siempre pospones? ¿Por qué?

Cuando no quieres que algo termine, luchas para que no llegue ese final.

Has caído, te has levantado y has vuelto a caer, aún así te niegas a quedarte en el suelo, renuevas tus fuerzas, te impulsas y vuelves a levantar, a estar de pie.

Recuerdos bonitos que no quieres que queden en el olvido, momentos que sabes que no volverán, pero…¿y si llegan otros?

Te niegas, lo vuelves a intentar, un día tras otro porque no quieres ver la realidad.

A veces crees que es el momento, otras piensas que quizás…

Una vez más se vuelve a intentar.

De nuevo piensas que es pasajero, que se arreglará.

Te aferras a esos sueños que un día lograste, aquello que resurgió cuando lo creías perdido, a que donde ha habido, ¿hay?…

Hoy ríes, bailas, juegas, cantas, todo vuelve a su lugar, regresa la felicidad, ¿espejismo o realidad?

¿Acaso importa?

Hoy de nuevo volví a soñar, y estabas tú, ¿mañana?

Ya se verá…

B.D.E.B.