Complejos…

Complejos…

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Sugerencia de escritura del día
Háblanos de ese objeto que tanto te gustaba de joven. ¿Qué pasó con él?

No era un objeto, era una prenda de vestir, o varias, junto a mí siempre iba in jersey ancho, o sudadera, o camisa, siempre ancho, nada que dejara ver o apreciar las curvas, demasiados complejos, demasiado tímida.

Era una chica muy delgada, con los brazos muy delgaduchos y se veían largos, pero tenía muchísimo pecho, hoy en día está de moda, pero en aquel entonces no era tan común, salvo las que lo tenían de forma «natural» y yo trataba de ocultarlo. Así fue durante toda mi adolescencia, incluso un poco más cuando ya tenía hasta novio. Quizás fue a partir de ese momento en el que empecé a ponerme ropa un poco más ajustada en la parte superior de mi cuerpo, porque tanto si llevaba pantalones o mallas o incluso falda, eran ajustados, pero los jerséis anchos iban siempre conmigo, eran parte de mi.

A veces los complejos hacen que escondamos una parte de nuestro cuerpo, luego nos damos cuenta de que son tonterías que no deberían de importar, pero no siempre lo podemos ver así y cuesta controlar, y a veces un simple piropo hecho sin mala fe, hace que te quieras esconder aún más, no porque te ofendan, no me sentía ofendida, hasta podía decir que por un lado me gustaban esos piropos, el problema era mi timidez, me ponía roja como un tomate y por ello trataba de evitarlo.

Ahora todo aquello quedó atrás, si llevo ropa ancha es por comodidad y otras veces menos ancha (también es cierto que los cuerpos cambian con la edad, la mayoría de veces no para bien😂 ), ahora me lo tomo de otra manera, y veo las cosas distintas de aquel entonces.

La timidez quedó atrás, y esos jerséis (otros parecidos), siguen conmigo, siguen formando parte de mí, para estar en casa, salir a dar mis paseos, o incluso a veces para ir a casa de los amigos, me gusta sentirme cómoda, tanto interior como exteriormente.

B.D.E.B.

Atreverme más

Atreverme más

What is your mission?

Nuevamente he leído una frase de esas que te dejan pensando «Que poco nos atrevemos para lo corta que es la vida» y muchas veces que cierta es. Sobretodo cuando van pasando los años, parece que vamos más con pies de plomo.

Quizás sea por las «obligaciones» familia, trabajo, niños,  etc…que nos hace ser más prudentes o buscar una estabilidad, sin atreverse a hacer esas locuras de cuando éramos más jóvenes.

A pesar de ser una persona más bien tranquila, nada «alocada», reconozco que en muchas ocasiones me he dejado llevar, me he atrevido con cosas que nunca hubiera pensado, pero que a veces te preguntas ¿porqué no? Y como bien dice esa frase, la vida es corta (aunque ayer habláramos de una vida larga).

Al margen de esas locuras de jóvenes y volviendo al «hoy» es cierto que la mayoría de personas, conforme nos vamos haciendo más mayores (que no viejos) nos adaptamos a nuestra zona de confort y nos da miedo «atrevernos», nos da miedo arriesgarnos, quizás lo que está fuera de lo que ya conocemos, o quizás nos acomodamos, o quizás nos asuste dar a nuestra vida un giro de 180 grados, porque a veces lo que los demás ven fácil para ti es un mundo.

Porque a veces, ese riesgo conlleva dejar muchas cosas atrás, porque a veces la cabeza te dice hazlo, pero el corazón no te lo permite.

Si, me gustaría atreverme más y ser capaz de cosas de las que hoy por hoy aún no me atrevo, pero no descarto que algún día me sorprenda a mi misma.

B.D.E.B.

Aquel día

Aquel día

Era lunes y volvíamos de las vacaciones de Navidad, recuerdo que no me apetecía mucho ir a la oficina, pero no quedaba otra. Me despedí de ti como cada día que iba fuera a trabajar y tú te quedaste mirando con carita de pena.

Antes de volver ya me avisaron, que no estabas bien, necesitaba llegar a casa y comprobarlo, y así fue. No saliste a recibirme, te llamé y no acudiste a mi lado, fui yo quien se acercó y se sentó a tu lado en el suelo, sin dejar de acariciarte.

A mitad de tarde me sorprendió que salieras ladrando a la terraza, subiste a tu pollete, pero te tuve que ayudar a bajar, y ahí comenzó mi dolor…

Te tumbaste en el suelo y te costaba respirar, yo me tumbé a tu lado y te abracé, y lloré, y supe que era el momento de dejarte ir, de aliviar tu dolor. Tus ojos me miraban sin brillo, apagados, sin vida, la misma que se esfumaba.

Saliste de casa en brazos y mi corazón se partió en mil cachitos, uno de ellos se fue contigo. Y sin saber que hacer escribí aquí, un 8 de enero, mis letras desgarradas tanto como lo estaba yo y con las lágrimas empañando mi vista.

Un año…

Durante este tiempo he tenido mucho apoyo, desde aquel primer «lo siento» a cada vez que escribí rota de dolor, un apoyo que a veces me faltó fuera, porque eras sólo un «animal», ya estaba bien de sufrir, tienes que dejar de llorar…

Hoy, algunas personas quizás se preguntan porque son tan importantes, en aquel momento estuvisteis, cuando otros no lo hicieron, sentí vuestro apoyo mientras otros «no entendían» mi dolor, sentí abrazos en la distancia sin necesidad de pedirlos.

En ese día, en muchos otros, por esa causa y por muchas otras.

Hoy hace un año que se fue, y con su partida llegaron cosas y personas que lo hicieron todo más fácil.

A todos ellos gracias, porque aunque hoy el corazón se encoge y las lágrimas vuelven a derramarse,  el dolor de aquel día creo haberlo superado.

B.D.E.B.

Vivir la vida

Vivir la vida

Sugerencia de escritura del día
¿Qué piensas de la idea de vivir una vida muy larga?

No sé si esta sería la pregunta correcta, la idea de vivir una vida muy larga depende de muchas cosas, porque a veces no nos gustaría que fuera muy larga, incluso en alguna ocasión hasta hemos podido desear que se acabara, y en otros momentos nos gustaría vivir muchísimos años, pero con la felicidad y todo lo que sentimos en ese instante, sin cambios de ningún tipo, desgraciadamente eso no es posible.

He conocido diferentes casos de personas longevas, me voy a centrar en una que me tocó de cerca, mi abuela «postiza» es decir, la abuela de mi marido. Una mujer luchadora, con muchísimo carácter, también sabía ser tierna en sus momentos, adorada por muchísima gente y menos querida por muy pocos.

Con 95 años le detectaron un cáncer que acabó con su vida recién cumplidos los 96. Hasta ese momento dando órdenes, coqueta cómo ella sola, no salía de casa sin pintarse los labios y colocarse sus tacones, si, a esa edad y ella siempre presumida. Ayudaba a todo el que lo necesitaba, cuando estabas en su casa era normal que llegara alguien, desconocidos para la familia la mayoría de veces, a devolverle algo prestado o quizás a pedirle un favor más tarde, cuando nosotros hubiéramos marchado. Ella nunca decía que no, eso sí, siempre que prestaba algo esperaba que se lo devolvieran, porque si no era así lo reclamaba, creo que lo anotaba todo en una libreta, no era normal esa memoria a su edad.

Le costó un mundo aceptar que alguien les hiciera compañía a ella y su hermana (la hermana padecía Alzheimer), ella se creía capaz de todo, creo que cedió por no escucharnos, pero más de una vez la señora que convivía con ellas se la encontró arriba de una escalera limpiando los altos de los muebles de la cocina. Una vitalidad envidiable, pocas veces en cama y si estaba enferma, todo lo curaba con cebolla, tenía un libro con todas las propiedades de la cebolla y con eso le sobraban las medicinas (puede ser que algo de razón tuviera, sólo hay que ver los años que vivió y como estaba). Su postre preferido, una copita de anís donde mojaba un mendrugo de pan, ella era feliz con eso, el resto con las torrijas que preparaba bien ricas.

Mi respuesta a esa pregunta sería, que si tengo que vivir una vida muy larga, sea así, como la vivió ella, disfrutándola a su manera (yo lo haría a la mía) hasta el final, que la salud y la cabeza estuvieran en su sitio, con gente alrededor que me quisiera como ella tuvo.

Si fuera así, no me importaría tener una vida larga, pero si es una vida llena de penas, sufrimiento, enfermedades y dando trabajo a los demás… prefiero calidad a cantidad.

B.D.E.B.

Que diferente…

Que diferente…

Esta mañana también vi amanecer, y que diferente es…

Diferente verlo desde una ventana entre cuatro paredes, a sentir esos primeros rayos acariciando tu rostro. Escuchar el ruido del tráfico, a escuchar el murmullo de las olas del mar.

Que diferente ese día en que no hay prisas de nada, sólo momentos de sentir, a días en que nos faltan horas para hacer todo lo pendiente y sobretodo, horas para nosotros mismos…

Casi tan diferentes como…

La lluvia y el sol

La noche y el día

La luz de una bombilla y la de una vela

Oír y escuchar

Acercar(se) y alejar(se)

Querer y no haber querido

Cercanía en la distancia y distanciados estando al lado

Un principio y un final…

O parecido como…

Una caricia y un abrazo

Un «te quiero»  y un «te extraño»

Escuchar y ser escuchado

Amar y ser amado…

B.D.E.B.