Mientras caminaba por el bosque iba pensando en sus cosas, sin darse cuenta tropezó con algo y de repente tras una humareda blanco, divisó una figura que le habló
«¡Niña! Deberías de tener más cuidado de por donde andas»
Ella se quedó observándolo y le preguntó
-¿Tú quién eres?
-Soy el genio del bosque, habito ahí, en ese tronco hueco con el que acabas de tropezar, y puesto que me has sacado fuera de él, ahora tengo que concederte tres cambios, ¡ojo! Me distingo del resto de genios que hay por otros mundos y objetos, yo no concedo deseos, sólo cambios. Así que dime niña despistada, ¿qué te gustaría cambiar, quizás no ser tan despistada?
-No señor genio, yo no soy despistada, simplemente iba caminando distraída, pensando justo en las cosas que cambiaría en el mundo si tuviera suficiente poder, aquí va el primero de mis cambios…
– Cambiaría las guerras por la paz en el mundo, así muchos inocentes dejarían de sufrir.
El segundo de mis cambios sería, cambiar la hambruna porque en todos los lugares hubiera comida, sin necesidades para nadie, que todo el mundo tuviera alimentos y así no pasaran hambre.
Y mi tercer cambio sería cambiar los desiertos por más bosques como este, naturaleza que nos da vida.
– Y para ti niña ¿no pides ningún cambio?
– Pido lo contrario, no cambiar, que cuando sea adulta sigan siendo estas mis prioridades, mis deseos, que los problemas y ambiciones que tienen los mayores, no influyan tanto en mí como para volverme egoísta.
– Y ahora señor genio, sólo espero que cumpla con su palabra, otra de las cosas que los mayores olvidan cuando consiguen lo que quieren.
Y sin más que decir, la niña continúo con su paseo por el bosque.
Y terminaron las fiestas, esas que tanto gustan a algunos y tan poco a otros. Se acabaron esas comilonas hasta casi reventar, días en algunos casos de encuentros forzados, de reuniones familiares, de sonrisa puesta y de lágrimas también.
Estas fiestas no he podido dejar de compararlas con las de hace un año, creo que porque no fueron las mejores y esperaba que estas si lo fueran, y bueno, pues han estado bien. Las he pasado con bastante de la gente que forma parte de mi círculo, en el que me encuentro bien y puedo ser yo misma, y con algunas personas que aunque no sean tan afines a mí, tampoco es que tenga nada en contra, así que no me puedo quejar, han ido bien.
Una de las mejores cosas de estos días ha sido el estar de vacaciones, eso me ha permitido aprovechar más todo, salir de un lado a otro, compartir con bastante gente en diferentes eventos, y como no, volver a madrugar por gusto, sin tener que hacerlo por obligación si no para hacer aquello que tanto me gusta y tenía abandonado, mis paseos por el mar cazando amaneceres.
Creo que casi había olvidado lo bonito que es, lo que me gusta y lo que me llena. He terminado con agujetas, la falta de costumbre, pero salir (sobretodo esta semana) casi a diario, ha sido una maravilla y creo que lo voy a echar en falta, lo que más. Tocará esperar al sábado o domingo próximo para el siguiente, menos mal que esta semana se hará un poquito más corta.
Una semana que comienza en martes y que sé que por un lado se hará un poquito dura, porque si en todas estas fiestas me he ido acordando de hace un año, esta vuelta a la rutina aún lo hará más.
Un año que era necesario dejar atrás como ya dije hace unos días, pero también hace un año, con lo malo llegaron cosas buenas y bonitas, empecé a escribir aquí casi a diario para sacar todo aquel dolor y encontré parte del apoyo que necesitaba para salir adelante.
Hace un año volví a la rutina con miedo (y no me equivoqué) este año vuelvo con ganas y sin ellas a la vez, porque no me importaría seguir unos días más haciendo lo que tanto me gusta, pero el trabajo nos llama.
Mañana volvemos a la carga, guardaremos adornos nos pondremos al día en el trabajo, retomaremos dietas y gimnasios y volvemos con extraescolares del chico y la rutina del día a día.
Comienza una semana y una vuelta a la rutina en la que sólo hay dos cosas a las que temo, un mal recuerdo y una conversación que dejé pendiente un 14 de diciembre…
Cuando los chicos eran pequeños, mi hermana la pequeña acostumbraba a llevárselos a su casa a pasar unos días en reyes.
Ella vive en Alcoy y allí tiene lugar la cabalgata de reyes más antigua, no sé si lo habíais escuchado alguna vez, es clásica, nada ostentosa, pero si la más antigua y merece la pena disfrutar de ella alguna vez, tanto niños como mayores porque nos hace volver a ser niños por un momento.
Hubo un año, en el que mi hijo mayor ya estaba «haciendo preguntas» y no las tenía todas consigo de que realmente existieran los reyes magos.
Ese año mi hermana los volvió a invitar a pasar unos días allí en su casa y llevarlos junto a mi sobrino a ver el campamento real, los pajes y la burrita y por supuesto la famosa cabalgata.
El campamento lo montan en la montaña y por la noche se ven las antorchas y claro los chicos se quedan fascinados. Por no hablar del día de la «burrita» que junto a miles de pajes, recogen todas las cartas de los niños.
A cada cosa que iban a ver, el estaba más y más ilusionado, y por fin llegó el gran día, el día de la cabalgata. Mi hermana se bajó con los tres chicos a una de las avenidas por donde pasaban y allí con la «impaciencia» de tres niños, deseosos de ver a los protagonistas de la noche, contestó a cada una de sus preguntas. Mi hijo mayor estaba atento a todo aquello y disfrutando emocionado del espectáculo.
Cuando llegó el momento de los protagonistas de la noche, los observó sin apartar la vista, mi hermana estaba pendiente de su reacción pues ya estaba enterada de su indecisión ante el tema, y cuando Baltasar pasó delante de ellos, él se volvió hacia su tía y le dijo:
«Sabes tía, los reyes de aquí de Alcoy si que son los verdaderos, en Alicante son personas disfrazadas»
Hoy que me contaron una preciosa historia (para mí el primer regalo recibido), en este día que siempre termino llorando porque me puede la emoción, me llegan esos recuerdos, la llamada de mi hermana para contarme lo ocurrido y mis lágrimas como las de ahora al recordarlo.
Terminar de disfrutar de esta noche y si alguna vez tenéis oportunidad, ver esa famosa cabalgata con esos «reyes verdaderos».
Mientras su madre y su hermana mayor preparaban la cena, ellas dos estaban sentadas junto a su padre y el marido de su hermana viendo la cabalgata de reyes en el televisor. Los ojos bien abiertos para no perder detalle, maravilladas con la música, los personajes y ansiosas de ver a los protagonistas de la noche, SS MM los reyes magos de Oriente,. Apareció el primero y la hermana pequeña chilló, ¡papá mira, es Melchor! Detrás viene el mío. La pequeña tenía como preferido Gaspar, y a ella le gustaba Baltasar.
Cuando llegó Gaspar la pequeña daba saltitos de alegría y hasta lo saludaba como si pudiera verla, ella era más tranquila, nerviosa porque no paraba de morderse las uñas, pero su timidez no le dejaba exteriorizar tanto sus sentimientos. Aún así, cuando en la pantalla se pudo ver a Baltasar, una gran sonrisa se dibujó en su cara.
Terminaron de ver la cabalgata y se sentaron los seis en la mesa redonda a cenar, y mientras lo hacían, no paraban de preguntar si vendrían los reyes y les traerían el regalo que habían pedido, uno sólo, porque los reyes tenían que repartir entre muchos niños y no podían traer muchas cosas, aunque eran mágicos no podían ir tan cargados.
Comieron la cena rápidamente y llegaba la hora del roscón, mientras su madre preparaba el chocolate, ellas dos y su padre, se encargaban de poner unos polvorones y mantecados en un platito, un vaso de leche y un vaso de agua para los camellos (porque todo el mundo sabe que los camellos no beben leche, le decía la mayor a su padre).
Una vez todo preparado, lo dejaron en la galería de la casa y se sentaron nuevamente en la mesa a degustar el roscón con el chocolate, y a descubrir a quien le tocaba el haba o el rey, o cualquier figurita que hubiera. Ella tenía ya un nudo en la garganta, escuchaba ruidos, no podía seguir comiendo, por un lado deseando encontrarse con ellos, por otro incapaz de salir sola para ver si habían llegado, demasiado miedosa para eso.
Su padre decía «¿escucháis algo?, parece que se escuchan ruidos cerca de la cocina» y su cuñado asentia y decía escucharlos también, la pequeña reía y quería ir corriendo a la galería para ver si habían llegado, ella estaba entre alegre y asustada, sólo iría acompañada de su padre y cogida de su mano, aunque era tres años mayor que su hermana, el miedo podía con ella. Su padre se levantó para acompañarla, sabía que de otra manera no se acercaría a mirar y con la pequeña delante de ellos, salieron del salón directos a la cocina, antes de que ella pudiese ver nada su hermana saltaba y gritaba de felicidad ¡Han llegado, han llegado! Cuando se acercó un poco soltó la mano de su padre y miró los dulces y los vasos de agua y leche,estaban intactos…de seguido miró a su padre preguntando porqué nunca se tomaban lo que ella les ponía, y su padre le contestó que estarían llenos de tantas casas que visitaban.
Cogió su regalo y lo abrió, despacito, despegando el fixo poco a poco (a día de hoy sigue haciéndolo así, mientras los demás desesperan viendo si es sorprendida), su hermana ya lo había abierto rasgando el papel, ella no, ella despacito y cuando por fin pudo verlo una sonrisa se puso de oreja a oreja, era una muñeca bebé, las que tanto estaban de moda y deseaba tener, los reyes habían leído su carta y habían traído justo el regalo que había pedido. Estaba feliz de enseñársela al día siguiente a sus amigas, esas que decían que los reyes no existían, que eran los padres. No, se equivocaban, su padre no podía comprar esos juguetes, trabajaba duro para que no les faltara de nada pero los regalos eran los justos. Además, había estado toda la noche con ella, como los iba a dejar él allí.
Esa muñeca bebé, fue la última que le trajeron los reyes, al año siguiente tenía un bebé de verdad (su primer sobrino) con el que jugar. Los regalos ya eran de otro tipo pero guardó bajo llave el secreto y la magia para los más pequeños de la casa.
A día de hoy me sigo preguntando, en que momento salía sin que nos diéramos cuenta, como conseguía que no fuéramos conscientes de nada.
Él creo una ilusión en mí por esa noche de reyes, una ilusión que yo he compartido con mis hijos y aunque los regalos se den en nochebuena, el día 5 de enero por la noche, siempre hay un regalito para cada uno debajo del árbol, nunca puede faltar ese detalle en las navidades, porque esa ilusión de niños no la podemos perder.
Os pido una cosa para esta noche amigos, dejaros llevar por la magia de esos reyes, por la inocencia como cuando éramos niños y seguro que esa ilusión la volvemos a sentir.
Que los reyes os traigan esta noche toda la felicidad del mundo y que os acerquen de mi parte un gran abrazo, bueno, también aquello que hayáis pedido en vuestras cartas. ¿No la habéis escrito? Pues ya estáis tardando 😉
No sé como te sientes pero lo puedo intuir, y quizás no sea la persona adecuada porque seguro que hay más por ahí, pero aún así quiero que sepas que puedes contar conmigo, para contar aquello que no quieres contar, para hablar aquello de lo que sólo quieres callar, para decir lo que te está haciendo sufrir.
No soy nadie, pero sé escuchar, en silencio si es lo que quieres, sin opinar si es lo que necesitas, sin juzgar porque no se debe. Se trata de estar y conseguir que te desahogues, porque a veces ese nudo no nos deja pensar con claridad porque nos quita el aire, presiona el alma, desgarra más el corazón.
Quizás te entienda más de lo que creas, o quizás no entienda nada, la intuición a veces falla, no siempre acierta, pero si no he fallado, déjame decirte…
Que aquí estoy, aquí estaré, lejos pero cerca, en lo que necesites, si es hablar o si es callar, si lloras o necesitas reír, si sale el sol o es un día de tormenta.
Cuando quieras, cuando lo necesites, cuando te haga falta.