
Los días previos a una escapada o un viaje suelen ser agotadores. Organizar todo, preparar maletas, compras de última hora, «adecentarse» un poco (el lado coqueto siempre sale en este momento) y comprobar que no falta nada de la lista, lo principal, las ganas de disfrutar, pero cuando llega casi el final del día previo caemos agotados.
Ahora, con todo ya listo y con muchas ganas de disfrutar de esta pequeña escapada a las fiestas hermanas, llega a mi memoria como empezó todo, porque aunque había estado allí anteriormente, este es el tercer año consecutivo que volvemos junto a unos amigos, que nos enseñaron a apreciar esa fiesta y vivirla desde dentro como lo hacemos con las nuestras.
Van a ser tres días intensos, de largas caminatas, de observar ese arte, de olor a pólvora, esos sonidos tan nuestros y de ese fuego que nos despierta tantas emociones.
Días de compartir de nuevo, de unirnos aún más con aquellas personas que un día entran en tu vida despacito y cuando te das cuenta se han convertido en familia.
La fiesta nos acercó y poco a poco nos hemos ido descubriendo, comprobando que cuando se quiere no hay muros que separen, se saltan, se rodean o se abre una puerta y al atravesarla te reciben con un fuerte abrazo.
Ahora toca descansar y mañana empezar a disfrutar desde el minuto uno, poner en alerta los cinco sentidos y vivir la fiesta con la mejor de las compañías.
B.D.E.B.
- Como nuestros gustos musicales son muy diferentes, os dejo una canción de un grupo que si compartimos.






