Olas…

Olas…

Me gusta observar el momento en que comienza a formarse la ola. Justo cuando se empieza a formar esa curva, el agua se alza antes de mostrar esa cresta blanca y después rompe con fuerza intentando alcanzar la orilla para más tarde regresar de nuevo al mar.

Hay días en los que me quedo observando fijamente y me recuerdan cuando tomamos aire  tomamos ese impulso para soltar aquello que nos aprieta dentro, no es preciso soltarlo con rabia, con la fuerza de algunas olas, simplemente soltarlo, como esas otras que rompen suave, con un sonido agradable, sin sobresaltos…

Son muchas las ocasiones que me comparo con él, días en los que se muestra «bravo», días en los que está en calma, a mí también me ocurre.

Sea de una manera o de otra, hay algo que siempre se repite, cuando termina ese paseo, cuando marcho de allí, siempre es en calma…

B.D.E.B.

Natalia Lafourcade – Soledad y el mar.

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