
No sé como llegó a parar allí. Tampoco sé si se secó y fue arrancado de raíz o si sucedió al revés…
Me llamó la atención, allí, con las olas mojando sus raíces y el sol ofreciendo sus rayos como un intento de resucitarlo, de hacer volver a la vida aquello que ya murió.
Me detuve frente a él y estuve allí unos minutos, observando el momento, pensando en como había llegado hasta allí, pensando en la cantidad de cosas que aparecen fuera de su sitio, arrancadas de raíz porque a alguien se le antojó hacerlo.
A nosotros en ocasiones también nos arrancan de nuestro lugar, o comenzamos a «secarnos» y, si nuestras raíces aún están sanas, toca arrancar de ese lugar y plantar en otro con suficiente humedad, luz y cariño que haga que de nuevo volvamos a estar en todo nuestro esplendor, que revivamos y fortalezcan «nuestras ramas» para dar cobijo a quienes se acercan y sobre todo a quienes se encargan de cuidarnos.
Lo único que debería de ser arrancado de raíz, son esas malas hierbas que no permiten que el resto de vegetación crezca en su máximo esplendor.
B.D.E.B.
