
Después de una semana volviendo poco a poco a las rutinas, quedaba una pendiente, regresar a los amaneceres en el mar y no se me ocurría mejor manera de terminar la semana que regresando a ello.
En ocasiones, por tarde y cansados que nos acostemos, cuando al día siguiente tenemos algo que nos apetece bastante, no nos hace falta ni despertador, esta mañana antes de saltar la alarma ya estaba en pie, preparando mi café y con una sonrisa puesta.
No ha sido de los mejores amaneceres que he visto, pero era ya tan necesario, que me ha parecido precioso. Sólo alguna cosilla le ha quitado encanto, en estas fechas la playa todavía es «atracción turística», no me refiero a la cantidad de gente que hay (que también, dispuestos a ver ese amanecer en el mar) principalmente es porque aún están todas esas plataformas hinchables dentro del mar, patinetes acuáticos de mil formas y colores, y toda la playa «aparcelada»…

Al margen de eso ha sido bonito regresar, no con la tranquilidad que esperaba pero sí a ese lugar de paz, a sentir las olas mojando mis pies, a un baño con el agua calmada, a ver, a escuchar, a sentir…
Regresar a mi rincón favorito, a la soledad, a perder la mirada en el horizonte, a reconocer que este es mi sitio donde siempre necesito regresar…

B.D.E.B.

Feliz regreso amiga, y envidia sana, ya lo sabes, gracias por acercarnos algo que también nos aporta paz 🤗🌊💙🌅☕
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Gracias Manu, tenía muchas ganas de volver a esos paseos, a los amaneceres y a bañarme en sus aguas saladas.
Una mañana perfecto terminando con desayuno con vistas y la compañía de una buena amiga ¿se puede pedir más? 🫂🫂☕️☕️🌊😘
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Esos momentos de calma que tanto ayudan a tener un buen día en tu lugar favorito. Preciosas fotos. Gracias por compartir. Un abrazo.
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Muchísimas gracias Marylia, aún teniéndolo cerca llevaba ya tiempo sin acudir a esa «cita» y lo necesitaba ya.
Un placer compartir las imágenes.
Un abrazo enorme.
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No te creas que es sencillo reconocer esos lugares, a veces, tan metidos nuestra rutina los pasamos por alto. Tu has sabido encontrarlo, reconocerlo y volver a él cada vez que lo necesitas…. desde ahí, no hay amaneceres malos 😉
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Fíjate que a veces se dan un montón de circunstancias que hacen que, algo tan a la mano, se hace complicado el visitarlo y lo necesitaba ya, quizás más de lo que pensaba.
Desde allí los amaneceres son preciosos, ahora falta un poquito de tranquilidad y de que bajen las temperaturas (me gusta esas mañanas frescas que aquí aún no lo son), yo creo que en un mes estará más a mi gusto, solitario y sin tanto «armatoste» que estropee las vistas.
Mientras llega, al menos desde mi rincón, se sigue respirando paz.
Un fuerte abrazo querido Beauseant.
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