
Algunos días dan para mucho, para tanto que se podría, no diría un libro, pero sí para varios capítulos, se amontonan historias, situaciones, problemas y, porque no, también alguna alegría.
Pero también esos días, quizás se amontonan un montón de emociones que también se amontonan y lo mismo te sale una sonrisa, que de repente tienes ganas de llorar y en un momento dado incluso te gustaría estar en la cima de una montaña y gritar, así como hacíamos de niños para escuchar el eco, pero en esta ocasión para sacar la tensión que llevamos dentro.
Días que dan para mucho, mentes que no paran y que a veces necesitan un descanso. Nervios, tensión y emociones que no sabes del todo gestionar y que llega algo o alguien que hace de repente que hagas una pausa, que cambies el hilo del día y que de repente sientas algo diferente a todo eso que llevabas sintiendo toda la mañana y que estaba consiguiendo que el inicio de la semana fuera duro.
Es curioso que unas simples palabras puedan cambiar tus emociones, que consigan sacar esa primera sonrisa del día, de la semana. Es como esa brisa fresca que llega y aparta las nubes para que brille un poquito el sol, esa brisa fresca que acaricia nuestro rostro y nos hace sonreír.
En un solo día podemos pasar de estar tristes a contentos y viceversa, de estar nerviosos a tranquilizarnos, de no tener ganas de nada a querer comernos el mundo.
A veces lo conseguimos solos, otras con algo de ayuda y otras…otras aparece esa brisa que sin darse cuenta cambia el rumbo de nuestras emociones.
B.D.E.B.
