
Hoy me di cuenta que no eché de menos a los mensajes que no llegaron, las palabras que no se dijeron, a los afectos por compromiso, a aquellos que no estuvieron incluso estando.
Esos mensajes que no llegaron se multiplicaron por otros que quisieron hacerlos llegar y no solo llegaron, calaron y se sintieron, ocuparon el vacío y calaron hondo.
Las palabras que no se dijeron se transformaron en conversaciones que revelaron más, no eran palabras huecas, estaban llenas de cariño, acariciaban el alma y daban calidez al frío interior.
Los afectos por compromiso han sido remplazados por abrazos que se sienten, por miradas que hablan solas, por sonrisas que iluminan el rostro, de quien las dibuja, de quien las recibe.
Y aquellos que estuvieron sin estar, que no se sentían porque su lugar no era a tu lado, aquellos no se han echado de menos, porque en su lugar están los que siempre están, los que quieren hacerlo, los que lo hacen de corazón y tú los quieres ahí, a tu lado y tú al suyo.
Ellos son los que mandaron esos mensajes, los que realizaron esas llamadas, los que conversan contigo sin mirar el reloj, los que te abrazan cerca y en la distancia, los que miran más allá de los ojos, los que sonríen cuando te ven, los que están y se sienten.
Los que son tu compañía, tu todo…
B.D.E.B.




