

Un mismo paisaje, capturado de dos formas distintas y obtenemos resultados diferentes.
En la vida, una misma situación también puede verse de manera diferente. Cada cual lo verá a su manera, a través de su cristal o del que «le hayan prestado» para mirar, y si en lugar de una persona, intervienen dos, cada cual ofrecerá «su cristal» o su versión…
Hoy que está tan de moda la palabra «empatía» deberíamos no solo usarla, sino también llevarlo a cabo, ponernos en la situación del otro, decir «tengo este cristal para observar, pero quiero verlo también con el otro» pero es más sencillo tirar de lo que tenemos a mano, lo que nos dice uno y no querer saber si ese cristal nos está disfrazando la verdad.
Esas dos imágenes de las fotos, ninguna es «real», no es así como se veía en el momento, pero usando las herramientas adecuadas puedes hacerla más bonita, más a tu gusto y después mostrarla a los demás como tú quieras, así pasa con las situaciones reales, cada cual contará su versión y evidentemente para la mayoría que ni siquiera se molestará en saber la otra, esa será la buena.
Ese título de hoy, viene de una frase que nunca me había puesto a averiguar «nada es verdad ni mentira, todo es según el cristal con que se mira», y como me suele pasar en ocasiones, antes de poner alguna frase que no sea mía, me gusta averiguar, y mira por donde me he encontrado con un poema que desconocía y menos que la frase perteneciera a él. Así que hoy, en lugar de música, os dejo este poema que me ha encantado, quizás algún día me atreva a recitarlo.
B.D.E.B.
Las dos linternas
I
De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
«todo es según el color
del cristal con que se mira».
II
-Con m linterna -él decía-,
no hallo un hombre entre los seres-.
¡Y yo que hallo con la mía
hombres hasta en las mujeres!
¡El llamó, siempre implacable
fe y virtud teniendo en poco,
a Alejandro, un miserable,
y al gran Sócrates, un loco.
Y yo ¡crédulo!, entretanto,
cuando mi linterna empleo,
miro aquí, y encuentro un «santo»:
miro allá, y un «mártir» veo.
¡Sí!, mientras la multitud
sacrifica con paciencia
la dicha por la virtud
y por la fe la existencia,
para él virtud fue simpleza,
el más puro amor escoria,
vana ilusión la grandeza,
y una necedad la gloria.
¡Diógenes! Mientras tu celo
sólo encuentra sin fortuna,
en Esparta algún «chicuelo»
y hombres en parte ninguna,
yo te juro por mi nombre
que, con sufrir el nacer,
es un héroe cualquier hombre,
y un ángel toda mujer.
III
Como al revés contemplamos
yo y él las obras de Dios,
Diógenes o yo engañamos.
¿Cuál mentirá de los dos?
¿Quién es en pintar más fiel
las obras que Dios crió?
El cinismo dirá que él;
la virtud dirá que yo.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
«todo es según el color
del cristal con que se mira».
Campoamor, Ramón de





