
Al cruzar de nuevo el arco del torreón, en uno de los árboles que bordeaban el camino, un pájaro negro (estornino o mirlo, no sabría decir) posaba en una rama.
Alguien (que podías ser tú) con mucho cuidado, silencioso, enfocaba su cámara hacia él, disparaba sigilosamente y yo diría que el pájaro hasta posaba.
Mientras nosotros permanecimos un poco alejados, ese «alguien» capturó varias imágenes y después prosiguió su marcha cámara en mano, imagino que buscando una nueva oportunidad, algo interesante que se volviera a cruzar en su camino y se prestara a ser inmortalizado.
Nosotros nos acercamos con cuidado, pero antes de llegar, el pájaro voló hacia el muro de enfrente, me dispuse a fotografiarlo pero de nuevo echó a volar, se cansó de ser retratado o quizás no fui lo bastante sigilosa como ese alguien (que podrías haber sido tú).
No me quedé con pena de no haberlo fotografiado, me quedé con ganas de haber visto las imágenes que alguien capturó de él.
B.D.E.B.







