Doce personas sentadas alrededor de la mesa, doce campanadas y doce uvas. Cada una de ellas una mirada a cada rostro, la última una mirada en general.
Llega el turno de las felicitaciones, de los besos, de los abrazos. De los once que recibí hubo uno, el último, el que te hace romperte además de sentirte segura, parecía que ella sabía lo que yo sentía, lo que necesitaba, quizás por ello me abrazó fuerte, y lo sintió, me miró a los ojos y de nuevo me volvió a abrazar hasta que yo suspiré.
Un abrazo que no precisó de palabras, solo dejar fluir los sentimientos, que lo dijo todo, que sirvió para soltar toda la tensión vivida en estos últimos meses, como tantos otros en estos años atrás.
Son diez años los que llevamos despidiendo el año que se va y dando la bienvenida al que entra, y aunque hemos tenido motivos de celebrar también hubieron muchos de abrazar fuerte y sostener, porque las amistades son eso y no hacen falta palabras cuando uno se conoce bien, se sabe lo que la otra persona necesita y ella ayer lo sabía.
Espero este año con un poquito de «temor» pero estoy segura que cuando las fuerzas flaqueen tendré a mi lado unos pilares fuertes donde apoyarme y ella es de los principales.
«El abrazo es un abrigo, que no solo calienta el cuerpo, también calienta el alma
El abrazo es aquello que hace que sobren las palabras
El abrazo reconforta Estás sentado y llega alguien por tu espalda, te abraza y te besa en la mejilla (amistad pura) Ese pequeño que se abraza a tus piernas, porque si no te agachas no llega más arriba…aún así, notas su calor, y si te agachas, rodeará tu cuello con sus diminutos brazos.
En un abrazo hay «un te quiero» (Mirada, ojos brillantes, sonrisa y los dos os acercáis un abrazo suave incluso con alguna caricia)
Un «te he echado de menos» (Ves llegar a la otra persona, sonreís y os acercáis rápidamente a echarse uno en los brazos del otro)
Y hasta un «lo siento» (Os miráis a los ojos, arrepentimiento, «anda ven» te acercas rápidamente y abrazas bien fuerte, hasta puede ser que rompas a llorar)
En los brazos adecuados nos sentimos protegidos Nada ni nadie puede hacernos daño
Muchos tipos de abrazos, Muchos significados
Cálidos, fuertes, sinceros, dejando fluir todo lo que llevamos dentro.»
Hoy revisaba lo que contesté en esta pregunta hace un año, los retos que me propuse para el 2025 y creo que los más importantes los cumplí, quedaron pendientes dos de ellos, los más comunes y casi diría los más «fáciles» ( adelgazar y acudir al gimnasio) pero pueden quedar pendientes para este año.
Lo realmente importante lo conseguí.
Aprendí a decir no, y me fue bastante mejor, porque a veces «tememos» el decirlo, no queremos descontentar al resto, ponemos su bienestar antes que el nuestro y cuando profundizas un poco te das cuenta de que se puede decir no sin ofender ni molestar porque si la otra persona te quiere lo entenderá perfectamente.
Continué con mis paseos por el mar,tan a menudo como las obligaciones me lo permitieron, seguí cazando amaneceres, conectando con la naturaleza y desconectando de aquello que necesitaba, busqué en muchísimas ocasiones esa paz que tanto necesitaba y en algunas de ellas la conseguí.
Comencé a hacer aquello que me gustaba, que me apetecía sin sentirme obligada a justo lo contrario. Compartí aficiones y momentos y otros los viví en solitario pero sintiéndome acompañada.
Y no hizo falta alejarme de aquellos que no me aportaban mucho porque ya ellos directamente lo hicieron y aunque hay procesos que son duros, estoy segura de que a la larga son lo mejor que nos puede pasar porque donde no nos quieren es mejor no estar.
¿Mis retos para este año?
Volvemos al gimnasio y la dieta (esos son unos clásicos)
Seguir siendo yo misma, no permitir que nada ni nadie me cambie.
Permanecer al lado de cada una de esas personas que estuvieron (que estuvisteis) en este año que hemos dejado atrás y poder estar a la altura de lo que sentí en esos momentos con cada llamada, cada mensaje, cada abrazo…
Seguir compartiendo letras en este lugar y comprobar que en ocasiones estas nos unen más de lo que un día pudimos pensar.
Creo que son retos fáciles, ahora toca ir a por ellos.
Hoy mientras volaba de regreso a casa, venía pensando en algo de lo que pensaba escribir esta noche, ya cuando estuviera en casa relajada, pero no tiene nada que ver con las letras que ahora mismo estoy escribiendo.
Ha sido como para recordarme que algo bueno hemos debido de hacer por mucho que algunos crean lo contrario e incluso intenten hacernos creer que es así.
Desde primera hora de la mañana he visto a una de las personas que más quiero, destrozado y sin apenas poder contener las lágrimas, algo que me apena tanto que me hace sacar mi peor lado contra las personas que lo hacen estar así.
A veces intentamos dar amor y creemos que con eso es suficiente pero es cierto que hay algunas personas que también son importantes en nuestras vidas y sufrimos por ellas sin poder evitarlo y tampoco podemos evitar que nuestro amor pueda evitar ese sufrimiento, ¡ojalá! Pero no siempre se puede, solo queda estar al lado de esa persona y servir de apoyo.
Así que después de un día un tanto duro, unido a la pena de que se acabara ya el viaje y tocara regresar a casa. Después de tardar un mundo entre recoger maletas, coche, ir a por los perretes y un largo etcétera. Cuando llegamos a casa no sabíamos lo que nos esperaba.
En cuanto los vecinos nos han escuchado llegar, han salido a saludarnos y casi no nos dejan meter las maletas en casa, se han empeñado en que pasáramos a la suya un momento y ahí estaba la sorpresa, lo que aparece en la imagen, unas jarritas personalizadas, un centro de mesa hecho por uno de ellos y una tarjeta con unas letras que me han hecho emocionarme…
Y poco más que contar, creo que en ocasiones son estos pequeños detalles los que te hacen ver que tan mal no lo tienes que haber hecho, que lo importante es rodearse de las personas correctas y que sigo pensando y reafirmando «los amigos son la familia que uno elige».
Nada más llegar también hemos recibido un mensaje para mañana celebrar las uvas por la mañana ya que por la noche tenemos planes con otros amigos, así que soy muy afortunada y esto hace que la pena sea menos.