Realidades

Realidades

¿Cuál fue la última película que te hizo llorar?

Reconozco que soy muy llorona y si me tengo que ir a la última película que me hizo llorar fue «Yo antes de ti».

La vi un febrero del 2025 yo sola y lloré lo que no está escrito, aún no tengo muy claro si por la película en sí o por la situación del momento.

Pero siempre la realidad supera la ficción y en muchas ocasiones se arregla una situación para que cojas fuerzas y te enfrentes a otra peor, y dejamos de llorar por películas y comenzamos a llorar por realidades y nos damos cuenta de que hay algunas de ellas que quizá nunca las esperábamos, que nunca imaginamos que pasarían y cuando te fijas bien, podría ser perfectamente el argumento para una película y llorar con ella solo que aquí las lágrimas son reales, el daño es real, las emociones no se fingen, se sienten, el dolor también…

Si intento hacer memoria diría que es de las últimas películas que vi, porque esa situación que llegó me imposibilitó a centrarme en muchas cosas, entre ellas las películas y series de televisión, mi mente siempre iba hacia el mismo tema y la pantalla no me distraía lo suficiente como para dejar de pensar en ello.

Creo que ahí comencé a escribir más a menudo, a leer blogs más a menudo porque las lecturas cortas era de lo poco que conseguía despejarme un poco, la concentración no tenía que ser tan «fuerte» y mi mente estaba distraída.

Después conseguí ver alguna película pero intento que no sean dramas, que no me hagan llorar, para ello, aparte de las situaciones del día a día, solo tenemos que ver los noticiarios, las realidades superan con creces la ficción y realmente lo que importa son las emociones, mientras sintamos, mientras nos emocionemos, seguiremos vivos.

B.D.E.B.

Ed Sheeran – Photograph
Tardes

Tardes

Algunos días no necesitas mucho, simplemente el calor de un atardecer, la frescura de los nuevos amigos y la brisa de los de siempre, los que están.

Un día cualquiera lo hacemos especial, un atardecer que siendo parecido, nunca es igual, porque los momentos se parecen pero no son iguales.

De nuevo te fijas en lo pequeño, en los detalles, en lo que abraza, en quienes nos abrazan.

Y te das cuenta de lo poquito que se necesita, en que hay atardeceres igual de maravillosos que aquellos amaneceres que te gusta capturar.

Te das cuenta que hay días que tienes todo, o casi, porque algo sigues echando de menos…

B.D.E.B.

Iván Ferreiro y Sole Giménez – Te echaré de menos
Bastante mal

Bastante mal

Seguimos con fotitos de aquí, la tranquilidad que tengo en este lugar es lo único que consigue alejar la incertidumbre.

¿Cómo llevas la incertidumbre?

Hoy la respuesta es bastante clara, la incertidumbre la llevo bastante mal, fatal incluso.

Y parece que algunos temas justo se alarguen para crear aún más, a mí me gustaría zanjarlos, saber que va a pasar pero no, ni se acaban ni se sabe como van a terminar y esa incertidumbre es la que me va «matando».

Intento aprender a vivir con ella, trabajo en ello bastante a menudo pero por más que lo intente, cuando sale alguno de los temas que me crean esa incertidumbre, noto como el cuerpo se pone tenso y en ocasiones eso lleva incluso a un estado de ansiedad.

Hay cosas que conseguimos superar, que las controlamos pero otras que se nos escapan y no están en nuestras manos aunque el resultado nos afecte directamente y eso es lo que puede conmigo.

B.D.E.B.

Vanesa Martín – De tus ojos.
Responsabilidad…

Responsabilidad…

Mi pasión por la luna viene desde niña.

¿En qué momento te diste cuenta de que ya eras oficialmente adulto/a?

Hablé de ello hace un tiempo en una entrada «De niña a mujer». Tenía tan solo doce años cuando nació mi primer sobrino y pasé, prácticamente, de jugar con muñecas a tener un muñeco de carne y hueso en mis brazos.

Ayudaba a mi hermana cuidando de él en mis vacaciones o fines de semana mientras ella y mi cuñado trabajaban o incluso bajaban a algún torneo de dardos. Me lo llevaba para casa de mis padres y allí esperaba a que llegasen todos de trabajar.

Cuando tenía quince años nació su hermano y la tarea se duplicó. Más tarde uno de mis abuelos cayó enfermo y pasaba temporadas en casa, yo ayudaba en sus cuidados mientras mis padres trabajaban, era lo que tocaba y lo hacía con ganas y cariño, nunca me quejé, ni de los niños ni del abuelo.

Así que de los doce a los dieciséis más o menos, pasé de niña a adulta a fuerza de responsabilidades.

Recuerdo un día que en el instituto, uno de mis profesores tuvo una charla conmigo, no de profesor a alumna, creo que más como un amigo, me dijo que estaba asombrado conmigo, que era muy joven y mientras la gente de mi edad solo pensaba en vivir y disfrutar y eludían responsabilidades, yo me ocupaba de mis sobrinos, mi hermana pequeña y mi abuelo, me esforzaba en los estudios y si era necesario echaba una mano a mis padres en un pequeño comercio que tenían. Imagino que yo aquello lo veía normal él, acostumbrado a trabajar con adolescentes, sabía que todos asumían responsabilidades.

Las circunstancias son las que mandan en muchas ocasiones,  podemos pasar de niños a adultos en un abrir y cerrar de ojos, no siempre depende de nosotros, o sí…

B.D.E.B.

Paula Mattheus – Vale la pena