En estos días te tengo muy presente, debe de ser la cercanía de las fiestas, esas que tanto te gustaban, de las que disfrutabas. Te recuerdo llegar, siempre con parte de la cena y una gran sonrisa, tus dulces ojos azules brillaban detrás de tus gafas, reías, una risa contagiosa. Pocas veces te vi enfadada, los últimos años algo triste por la enfermedad del tío, aún así, cuando iba a visitarte no perdías la sonrisa.
Las navidades era uno de nuestros días de reunión, aunque siempre estábamos en contacto, me hablabas de tus nietos con gran orgullo, espero que ellos siempre lo tengan en mente, lo orgullosa que estabas de ellos, de tus hijas también, pero tus nietos lo eran todo, quizás porque pudiste pasar con ellos más tiempo del que podías con ellas.
Mujer guerrera, luchadora, pero amable, muy querida por todos. Recuerdo esos veranos en los que me turnaba con mi hermana para pasar unos días en tu casa, siempre nos has recibido a todos con una gran alegría. Y tus arroces, hasta consigo percibir ahora mismo lo bien que olía cuando entraba a la cocina, era tu plato estrella.
Hoy te recuerdo con nostalgia, lo que daría por pasar de nuevo un ratito contigo, por ver esa sonrisa, por sentir tu mano encima de mi brazo, por escuchar esa risa, por sentir tu abrazo, los siete besos que me dabas en la mejilla, por compartir esa cena contigo.
¿Sabes lo más doloroso?
No haber podido despedirme de ti.
Me queda la tranquilidad de que siempre supiste, que eras mi tía favorita y lo que te quería.
Hoy he decidido escoger la «simpatía» porque creo que es la palabra que mejor puede definirlo a él, mi hijo menor. Y hoy justo cumple 14 años, así que, como homenaje a él, aunque dudo mucho que vaya a leer esta entrada.
Es un chaval que derrocha simpatía allá donde vaya, y por ello quizás sea tan querido en todos los círculos de gente con la que se rodea, ya sean niños, jóvenes o gente más mayor, a todos termina «metiéndoselos en el bolsillo».
Y es que la gente que es así, debería de abundar porque a veces nos encontramos justo con todo lo contrario, gente que se creen que ellos son el centro del mundo y les da igual que su comportamiento pueda «fastidiar»a los demás. Pero esta gente que derrocha simpatía, cuando te cruzas con ellos, a veces hasta se te olvida lo que te tenía triste o de mal humor y consiguen arrancarte una sonrisa, por aquí también tenemos a un compañero así, Javi, su blog «diario de un veterinario escritor» , siempre tiene esa frase que hace que me plantee de nuevo las cosas si el día no está yendo del todo bien, «porque la vida puede ser maravillosa».
Tengo que decir que yo tampoco es que sea de esas personas que derrochan simpatía, más bien suelo ser un poco sería cuando no conozco (posiblemente la timidez), pero cuando cojo confianza creo que algo de simpatía si que tengo (eso dicen).
Lo dicho amigos, es importante rodearnos de esa gente que nos transmiten simpatía y son capaces de alumbrar nuestros días más oscuros.