Hoy comienza una nueva semana, con un poco de ajetreo, pero que tenía muchas ganas que llegara.
El jueves dejamos por unos días el calorcito de aquí para marchar a Andorra, y con una compañía estupenda, mi amiga y su familia (de la que os he hablado en diferentes ocasiones).
Ellos viajan todos los años allí, y desde que nos conocemos, siempre nos han ofrecido viajar con ellos, pero la fecha no era compatible con nuestras vacaciones, ellos suelen ir en julio y este año han decidido cambiar la fecha para que pudiéramos viajar las dos familias juntas (tanto sus chicas como mis chicos también vienen).
Y que puedo decir, estoy con muchas ganas de hacer el viaje por varios motivos, el principal es pasar esos días con ellos, que cambien sus fechas para que podamos ir juntos dice mucho. Otro de los motivos es porque me han hablado muy bien de aquella zona y no la conozco, así que tengo ganas de ver si es tan bonita como me han contado, y si ya agregamos el dejar un poquito de lado el calor que hace por el levante…
Sólo hay algo que me apena un poco, el pequeñajo travieso al final se queda aquí con mi hermana y desde que llegó a casa es la primera vez que salimos de viaje sin él, así que me va a faltar algo, pero se queda en buenas manos y a la vuelta del viaje recogeremos a una compañera para él, una pequeñaja que es bastante más traviesa y se que nos va a llevar de cabeza, ya os la presentaré también.
Una semana que comienza con ilusión, con ganas de comerme el mundo, de empezar con los preparativos y sobretodo con muchísimas ganas de compartir esos días con gente tan importante para mí.
Mi gente, los que me dan vida cada vez que los tengo a mi lado.
Hoy nos avisaron del fallecimiento de la madre de un viejo amigo, al estar a pocos kilómetros de Alicante, hemos bajado al tanatorio para saludarlo y acompañarlo un poco en ese triste momento.
No sé si me ha impactado más el fallecimiento de la madre (era una persona mayor ya) o el estado de él, no me refiero al malestar, dolor y tristeza, me refiero a lo demacrado que se encuentra y como en algún momento echó a perder su vida, una que pensábamos que podría ser maravillosa, pero sin embargo, de todo el grupo, él ha sido el que ha terminado mal.
Sus padres siempre le dieron de todo, incluido amor, me consta que lo adoraban, pero no le fue bien en el amor y eso junto al fallecimiento de su padre lo hundió.
Los que hasta entonces se consideraban sus amigos (sobretodo cuando les interesaba) le dieron la espalda cuando más los necesitó, y aunque sabía que podía contar con algunos de nosotros, no fue suficiente.
Encontró consuelo en unos brazos que le llevaron a dos relaciones, una con ella y otra con el alcohol, y a partir de ahí se separó de la poca gente que le seguíamos teniendo ese cariño que se le tiene a un amigo de la juventud.
Ha sido duro durante estos años cruzarnos y ver como iba cada vez peor, hablar con su madre y ver su tristeza, y verlo hoy ha sido un impacto fuerte, porque hemos pasado por delante de él y no le habíamos conocido, realmente una pena.
Y es que aún recuerdo al chico alegre que conocí hace años, el mejor amigo del que en aquel entonces era mi novio, con el que tantas veces salimos y compartimos, al que cada nochebuena íbamos a felicitarle las fiestas junto a sus padres.
Aquel chico que siempre fanfarreaba pero tenía un buen corazón, aquel que nos acompañó en tantos momentos importantes y nosotros a él, hasta el día que yo creo, decidió tirar la toalla y dejarse llevar, tiró por el camino fácil, o difícil…pero en el que se encontró ¿feliz? o algo parecido en ese momento.
A veces pienso si no se pudo hacer algo más, pero cuando la otra persona no quiere es complicado ayudar.
La imagen de hoy nada tiene que ver con aquel joven, destrozado por dentro y por fuera, pero si algo me ha llamado más la atención, ha sido una mirada vacía, sin lágrimas, unos ojos apagados mientras decía que no esperaba eso y que le había destrozado.
Si ayer hablaba de ayudar, he aquí la mejor prueba de que no siempre es posible hacerlo.
Escribe sobre cualquier gesto de amabilidad que hayas tenido con alguien.
El otro día cuando la pregunta era ¿cómo te describirías? No quise hacerlo, pero aunque esté mal que yo lo diga, si me considero una persona amable.
Escribir sobre algún gesto, pues creo que no. Tiendo a «olvidar» lo que hice, quizás si alguien debe recordar sea la otra persona. Lo olvido entre otras cosas, porque no espero nada a cambio, ni bueno ni malo, aunque a veces sea así, pero cuando uno disfruta y se siente pleno haciendo el bien, lo demás no importa.
Soy persona de ayudar, aunque no me pidan ayuda, me gusta también agradecer y a veces sorprender con algún detalle, y suelo ser amable aunque tenga mi genio.
Quizás al ser así me junté con alguien que también lo es, en alguna ocasión hasta amigos nos han dicho que parecemos una ong, y por palos que te den, creo que no se cambia, cuando alguien necesita ayuda y tú puedes ofrecérsela pues lo haces, puede conmigo ver a la gente sufrir o pasarlo mal y a lo mejor con lo que haga o diga no vaya a mejorar mucho, pero al menos tengo que intentarlo.
Si consigo cambiar unas lágrimas por una sonrisa, la soledad por una compañía, el frío por el calor de un abrazo o el silencio por una agradable conversación, es una de las cosas más bonitas que me pueden pasar.
Lo bueno de estar aquí es que un mes da para mucho y hay tiempo para todo, de vez en cuando uno sale a dar una vueltecita por los pueblecitos de aquí, que aunque en verano estén llenos de turistas, siempre es agradable conocer esos lugares con un encanto especial y llenos de historias y leyendas.
Hay uno en concreto que le tengo un cariño especial, quizás porque me bautizaron allí y porque cuando paseas por sus calles empinadas y sus casitas blancas, no sé pero me atrae mucho.
Y así como en otras ocasiones os he contado las leyendas de los montes de por aquí, hoy os traigo una leyenda de el pueblecito que os hablo, que es Altea.
El Árbol Embrujado de Altea
A lo largo de toda la geografía española podemos encontrar numerosas leyendas, algunas de ellas tan populares que se han convertido en historias que han pasado de generación en generación y hasta, se han convertido en cuentos para niños, como la leyenda del Árbol Embrujado de Altea, que te contamos, a continuación.
Leyenda del Árbol Embrujado de Altea
No importa si te refieres a ella como la Leyenda del Árbol Embrujado de Valencia o de Altea o si prefieres hacerlo como la leyenda de El Peral de la tía Miseria, de ambas formas nos referimos a esta historia que tiene como protagonista a la anciana conocida como la tía Miseria.
¿Quieres saber cómo la tía Miseria engañó a la muerte? Aquí te dejamos la leyenda del árbol embrujado de la tía Miseria:
Según cuenta la leyenda, en la localidad de Altea vivía una mujer muy pobre de edad avanzada a la que llamaban la tía Miseria. La conocida como tía Miseria era respetada por todos los habitantes del pueblo por contar con la fama de ser una gran hechicera y nadie se atrevía a meterse con ella. Tampoco se sabía dónde vivía. Algunos decían que la habían visto en una cabaña, otros en una cueva a las afueras del pueblo, donde nadie la molestara. Lo único que se sabía de la tía Miseria es que vivía de las limosnas de los vecinos. Lo único que poseía era un peral al que no dejaba que se acercara nadie.
Cada cierto tiempo, un grupo de muchachos iba en busca de la tía Miseria y para molestarla sacudían el peral para llevarse las pocas peras que tenía, provocando el enojo de la mujer. Pero lo único que conseguía es que se burlaran más de ella.
Una noche de tormenta, la tía Miseria recibió una visita inesperada. Un viejo vagabundo empapado le pidió cobijo y alimento. La anciana accedió a alojarlo en su cabaña y le ofreció un plato caliente. Durante horas conversaron animadamente hasta quedarse dormidos. Al día siguiente, el vagabundo le confesó a la tía Miseria que en realidad era San Antonio y que a cambio de su ayuda, le concedería un deseo. A pesar de que la tía Miseria no quería nada a cambio, al final le hizo una propuesta al santo: todo aquel que ose coger sus peras se quedará pegado al árbol hasta que ella quisiera que bajaran. Y así, San Antonio le concedió ese don.
Durante los siguientes años la tía Miseria no pasó hambre y todo aquel que intentara robar sus peras recibía su merecido. Un día, vino la Muerte a buscarla. Pero antes de ir con él, como última voluntad la vieja le dijo que se subiera al peral, y allí la Muerte se quedó pegada. De esta manera, durante el tiempo que la Muerte permaneció pegada al árbol, ni la tía Miseria ni ningún otro anciano murió.
Cansados de una larga vida, algunos de los viejos del pueblo decidieron acudir al lugar donde se encontraba el peral para derribarlo, pero todos ellos se quedaban pegados al árbol. El peral ya no podía soportar más peso y la astuta vieja les puso una condición: la Muerte no volviera a buscarla hasta que fuera ella misma quien lo llamara tres veces. De esta forma, la Muerte accedió a la petición de la tía Miseria y se cobró la vida de aquellos que por naturaleza debían descansar en paz.
Según dice la leyenda, la tía Miseria sigue viviendo en este mundo, oculta en su cueva y cuidando de su viejo peral.
Leyendas y pueblecitos con encanto, creo que aprovecharé este mes para contaros y daros a conocer algunos de los que tengo alrededor.