Hoy de nuevo es uno de esos días, hace tiempo estaría ahora mismo deseando una llamada, y si no llegaba, entonces la haría yo, quizás para no obtener respuesta o quizás para tener la respuesta que menos deseaba.
Pero hace unos meses que alguien pronunció unas palabras, y aunque todos lo tomamos (más bien tomasteis, porque a veces se me da bien disimular) como una gracia, se me clavaron bien hondo y en ese momento algo cambió, o quizás fuera antes y aún no me había dado cuenta…
¿Habéis intentado atrapar el agua, o la arena del mar con vuestras manos? Se escapa ¿verdad?, es difícil retenerla, algo quizás queda pero la mayor parte desaparece, esto es algo parecido.
Hoy espero, pero sin angustia, sin lágrimas, sin nervios. Comprendí que no merece la pena, y lo único que me preocupa en días como hoy, tampoco estará.
Escribo esto para saberme capaz de mirar las cosas de otro modo, con tranquilidad, sin dolor, sin el corazón encogido, sin temores a que pasará.
Hace un tiempo pronuncié unas palabras «el día que yo deje de hacer esa llamada, deje de preocuparme, serás tú quien te tendrás que preocupar»
Y hoy mientras escribo tranquila estás letras, es lo único que duele.
Hoy he decidido mezclar el calendario con la pregunta del día, asombro, esa es una de tantas emociones que sentí cuando vi su carita por primera vez.
Desde que comienza un embarazo nos asombramos de cada día, de lo que ocurre en cada momento, como cambia el cuerpo y sobre todo esa primera vez, esas «caricias» sentirlo es asombroso y la alegría nos llena.
Pero cuando llega el día, ese momento, cuando un 26 de julio me dijeron ya llega, todo cambia, comienza un nerviosismo en el que se mezclan, las ganas de tenerlo en tus brazos con el deseo de que todo salga bien, principalmente por él, por esa nueva vida que llega. Después de muchas horas, un día 27 de julio a las dos de la mañana, en quirófano y con la mano del anestesista y de tu tía sujetando las mías, te vi por primera vez, esas palabras mágicas «míralo, este es tu hijo, mira que carita», las lágrimas brotaron y una vez más me asombré de haber conseguido por fin aquello que tanto ansiaba.
Desde ese primer instante prometí que lo daría todo por tu felicidad (más tarde repetí la promesa con tu hermano) y a día de hoy creo que así ha sido, antepongo la mía a la vuestra, no sé si estará bien o no, pero cuando las cosas se tornan grises, mi primer pensamiento es para vosotros y quizás eso me hace dar un pasito atrás.
Ese primer momento en la vida de cada hombre y cada mujer, creo que no se olvida, que lo llevaremos siempre con nosotros, ese cúmulo de emociones que sentimos, entre ellas el asombro, de saber que esa criatura tan perfecta es un cachito de nosotros.
No sé si en alguna ocasión os ha pasado, que notas que una persona no está pasando por un buen momento y te ves con la necesidad de ayudar, algo que te nace, que no puedes evitar, aún sin que te hayan pedido ayuda, sin saber si quieren tu ayuda, pero no puedes remediarlo, ese instinto va contigo, no lo puedes cambiar, ni siquiera las malas experiencias te han hecho cambiar y borrarlo de tu vida.
Pero no siempre, aunque nos veamos en la necesidad, podemos ayudar, a veces no queremos molestar, nos quedamos a un lado, para que esa persona sepa que estamos ahí, cerquita, sin hacer ruido, pero que si nos necesita sólo tiene que decir un «hola» y enseguida tendrá quien le escuche, o quien le hable. Mientras en silencio y esperando que le llegue, tú piensas:
¿Sabes? Puedes hablarme siempre que necesites, cai mil veces y aprendí a levantarme, a impulsarme, muchas veces con ayuda, muchas más yo sola, si lo necesitas puedo ayudarte.
¿Sabes? Aprendí a escuchar, a dejar que otros hablen, a abrazar en silencio, a llorar por dentro porque lo que te duele a mí también lo hace, pero sé disimular, porque no quiero verte triste, no quiero verte llorar.
¿Sabes? Hoy me faltó algo por decir, la mayor satisfacción es conseguir una sonrisa en alguien que está triste, que por un momento se olvide de los problemas, hacer de «payaso» aunque estés muriendo por dentro, porque la felicidad de ellos es la tuya también.
¿Sabes? Si no quieres hablar, o no puedes hacerlo, te puedo aburrir con mis historias, puede que no sean divertidas pero quizás por un momento te olvidarás de aquello que te preocupa.
Sabes que me tienes, que puedes contar conmigo, que quiero verte alegre, que yo también metería la cabeza debajo de la manta, pero la vida sigue y tenemos que vivirla y si se viene cuesta arriba, una mano amiga siempre nos ayuda a subirla.
B.D.E.B.
La canción no tiene mucho que ver pero mientras pensaba en esto la iba escuchando en el coche
Estamos ya en el Ecuador de este calendario y le toca el turno a la «satisfacción», esta es una de sus definiciones: «La satisfacción puede entenderse como el cumplimiento de un deseo o la resolución de una necesidad, de manera tal que se produce sosiego y tranquilidad. Las personas se sienten satisfechas, pues, cuando logran cumplir un deseo o alcanzar una meta trazada de antemano, por lo que se alcanza un estado de bienestar«.
El cumplimiento de un deseo… como si fuera tan fácil ¿verdad? Sigo pidiendo deseos cuando soplo las velas de cumpleaños, cuando veo una estrella fugaz, cuando brindo por el año nuevo, cuando tiro una moneda a una fuente. La respuesta es «no», no se cumplen.
Con el tiempo aprendí que si algo quieres, hay que luchar por ello, sacrificarse, trabajar duro y ser persistente, no rendirse, y así, sólo así, conseguiremos lo que tanto anhelamos.
Cuando esto pasa, cuando llega, la satisfacción es enorme, por haberlo conseguido con nuestro propio esfuerzo.