La respuesta podría ser sencilla y esperada, «el mar». Mis paseos por la orilla, sentarme en las rocas a leer, escribir, desconectar…fotografiar esos maravillosos amaneceres, pero no sólo eso me apasiona, hay mucho más.
Me apasiona leer, cuando estoy de vacaciones principalmente, coger un libro y pasar las horas inmersa en su lectura. Y por supuesto leeros a vosotros a diario, comentar vuestras historias y contestar cuando comentáis las mías.
Me apasiona estar con mi gente, familia y amigos, sentarme con mi amiga delante de una taza de café y «confesarnos» durante horas. Compartir momentos con todos ellos y disfrutar juntos.
Me apasionan todas esas pequeñas cosas que tiene la vida que sólo tenemos que disfrutarlas, todo lo auténtico, la gente auténtica.
A mi padre siempre le han gustado los espectáculos de magia, y cuando era una niña y hacían alguno por televisión siempre me sentaba junto a él a verlo y eso hizo que yo también me aficionara a la magia. Me gustaba mucho Juan Tamariz, me hacía mucha gracia y un año por reyes me regalaron ese famoso juego de magia que seguro más de uno de vosotros ha tenido, y aunque hoy nos demos cuenta de que eran unos trucos super facilones, en aquella época y siendo niños nos parecían maravillosos, y más cuando nuestros mayores se quedaban (hacían los) sorprendidos. Aunque yo realmente, aparte de mis padres y mis hermanas, no solía hacer los trucos delante de nadie más, mi timidez no me lo permitía.
Fui creciendo y mi gusto por la magia seguía ahí, y sigue estando, me encantan los magos, esa facilidad que tienen de «hacer magia» delante de nuestras narices y dejarnos con la boca abierta. Uno de mis magos favoritos ha sido David Copperfield y hace ya bastantes años, tuve la oportunidad de ver un espectáculo suyo en Madrid como regalo de cumpleaños, una auténtica pasada, creo que ha sido de los mejores regalos (materiales) que me han hecho.
¿Magia o ilusión? De pequeños nos parece magia, que las cosas pasan de verdad, después crecemos y aunque lo veamos con emoción y nos sorprendamos, sabemos que todo es una ilusión, un «engaño» y que realmente no ha pasado eso que nos han hecho creer que sí, aunque tenemos que reconocer que hay muchos trucos geniales, pero no son más que eso….trucos.
Y en la vida a veces nos pasa un poco lo mismo, creemos cosas que no son como las vemos nosotros, sino que alguien está haciendo una especie de «truco» como los magos y lo vemos como ellos quieren que lo veamos, o igual la «ilusión» la hemos creado nosotros solos, sin que el otro se haya dado siquiera cuenta.
«De repente estás y al momento has desaparecido
Te busco pero no te encuentro
Esa capacidad tuya de esconderte cuando más te necesito
Se van acercando las fiestas y ya estamos en un no parar, ultimando trajes y decorados para los desfiles, visitas a los talleres de los artistas para ver los monumentos que nos plantarán en poco más de una semana, presentación de llibret (libro de fiestas en el que siempre se hace un pequeño paseo por la historia de estas fiestas)… una serie de actividades que hace que ni siquiera el fin de semana se descanse, todo lo contrario, aún hay más actividad y terminas más cansada que cuando empezó.
Pero ayer fue un día que lo sentí especial, estuvimos rematando los trajes y decorado que sacaremos el próximo sábado en el desfile del «ninot» (una especie de desfile humorístico y de disfraces, el único desfile informal de las fiestas), y ha sido especial porque a pesar de que estamos rematando todo, estábamos tranquilos y relajados, haciendo las cosas sin nervios (cosa extraña) y con una sensación de trabajo en equipo, compañerismo y de que haciendo las cosas así, está todo controlado, todo debe de salir bien.
Luego hemos preparado una mesa larguísima y allí nos hemos sentado a comer, unos bocadillos, pero estábamos tan a gusto como si estuviéramos en el mejor restaurante y con los mejores manjares. Organizado hasta para preparar el café y algo dulce de postre, un día de los que dejan un buen sabor de boca.
Creo que lo mejor de estar metido en las fiestas es eso,días como el de ayer, días de hermandad, de arrimar el hombro todo el que pueda y reírnos y ayudarnos los unos a los otros, pero todo con tranquilidad, con paz y sobretodo con cariño. Cada cual haciendo lo que mejor sepa hacer y compartiendo tareas.
Y es que os diré algo que muchos ya sabéis, me gustan las fiestas, las llevo muy dentro, pero sobretodo las vivo y las disfruto cuando estoy con la gente adecuada porque lo más importante siempre es tú gente, aquellos que disfrutan junto a ti esa pasión en común.
Ahora ya no queda más que esperar al sábado y verlos desfilar y disfrutar, este año yo no estaré haciéndolo pero el disfrute de ellos también será el mío.
Hace ya algunos años, tuve una mala racha de salud, nada importante, pero durante poco más de un año visitaba el hospital bastante a menudo, entre pruebas, revisiones y alguna que otra cirugía, pero todo sin mucha importancia.
Y cuando uno se ve en esa situación, pues aunque sean pequeñas cosas, al final te cansas y terminas un poco, no sé bien como decirlo, «aburrida» aunque quizás esa no sea la palabra.
Casi siempre que iba de nuevo al hospital, al lado de una de las puertas de entrada, había un vendedor de cupones con su perro guía. Era un hombre joven, calculo que no más de 30 años, era ciego y aparte tenía también un problema en las manos, parecía artrosis, aunque por supuesto nunca le pregunté.
Siempre que te acercabas a él te saludaba muy alegremente, con una sonrisa enorme y cuando le comprabas el cupón muy agradecido, bromeaba contigo, te deseaba suerte y todo con esa preciosa sonrisa y ese tono de voz jovial, como si siempre estuviera feliz.
Recuerdo uno de los días que le compré un cupón (siempre que estaba allí le compraba, ya no por la suerte sino por él), ese día yo andaba un poco decaída, él me vendió un número y me bromeó con ello como hacía otras veces, le sonreí y entré al hospital sin quitarme las gafas de sol porque mis ojos estaban acuosos. Ese chico que probablemente se enfrentará día a día a muchas más dificultades que yo, que tenía un problema de salud que nunca se podría solucionar, y allí estaba, feliz (al menos por fuera) y dando ánimos y contagiando su alegría a todo el que pasaba por allí, y sin embargo yo, con unos problemas transitorios y poco importantes y parecía que el mundo se me había venido abajo, me sentí por un momento egoísta y me dije a mí misma que tenía que cambiar esa actitud, que tenía que tomar ejemplo de esa persona que a cada vez que lo veía, allí estaba, sonriendo a todo el mundo y hablándoles con esa alegría contagiosa.
Un día dejó de estar allí, nunca supe lo que le pasó o simplemente si cambió de puesto, no lo sé, lo qué sí sé es que gracias a él aprendí una lección y que a cada vez que me quejo o me siento mal por alguna cosa sin importancia, la imagen de él y su sonrisa aparecen en mi mente.
Desde pequeña he sido muy tímida y observadora, cuando he conocido a gente nueva solía ser de las que se quedaba en un lado, sin hacer apenas ruido, pasar desapercibida y observar y acercarme a quien fuera más similar a mí.
Y aunque ahora soy menos tímida de lo que he sigo siendo es observadora, más de lo que me gustaría, porque es posible que esté bien serlo pero por otro lado, al observar ves y a veces ves cosas que no te gustan, que de otra manera habrían pasado desapercibidas pero para ti no lo son.
Cuando la gente no es observadora, piensa que ante algunas situaciones no te vas a dar cuenta de que está pasando algo, que quizás no te dicen para no herirte o no incomodarte, pero tú enseguida entiendes que algo pasa, porque notas que todo está distinto, que el comportamiento cambia.
Y si a lo de ser observadora le añades que una de las cualidades que más valoro en las personas es la sinceridad, pues pasa que cuando alguien me oculta algo me molesta, principalmente si es alguien importante en mi vida, y después de la molestia llega esa pequeña punzada de dolor.
Pero bueno, es lo malo que tiene el observar, que no siempre se ven cosas bonitas. Yo seguiré siendo así, para bien o para mal, porque también es cierto que cuando observas te das cuenta antes que otros si alguien necesita ayuda y sólo por echar un cable a quienes aprecio, merece la pena ser observadora.