Comenzando por los recuerdos de una niñez en la que los juegos eran de mesa, largas partidas al risk, al monopoly, incluso a las cartas, cualquiera era bueno para pasar el rato con los amigos, nada de juegos electrónicos ni «on-line» todo cara a cara.
Las cartas, postales, felicitaciones, todo escrito a mano y cuando esperabas alguna, todos los días mirabas el buzón, ansiosos de ver si recibíamos algo.
Los teléfonos eran fijos y después llegaron los móviles, pero sólo para llamar y mandar SMS…
Pero llegó Internet y todo cambió, ¿para bien? Pues en muchos aspectos diría que sí, desde hacernos la vida más fácil (teletrabajar por ejemplo) poder comunicarse de otras formas y hasta recuperar amistades del pasado de las cuales habíamos perdido el contacto (lo malo de que no hubieran móviles). También hemos podido hacer amistades nuevas en la distancia, que es algo que a mucha gente le puede parecer complicado pero se puede, gracias a este invento tengo algunos buenos amigos que aunque no nos veamos muy a menudo, cuando lo hacemos es como si no hubiera pasado el tiempo.
Creo que todo está en hacer buen uso de la tecnología, no por ello tenemos que dejar de compartir momentos, si en las reuniones con los amigos o familiares sacamos el móvil, que sea para hacer una foto (que después terminará en las redes sociales) pero que la tecnología no sea un sustituto de un cara a cara.
Podemos tener conversaciones por aquí, pero no olvidemos esas conversaciones mirando a los ojos de quien tienes enfrente, de sentir ese abrazo, esa mano amiga que te agarra fuerte, es muy necesario.
Ayer fui a visitarles y me vine con un sabor amargo. A él se le notaba agotado, sin ganas de nada y es que yo creo que la situación le va superando.
Cuando todo empezó yo creo que todos pensamos que iba a ser más fácil pero estábamos equivocados, es difícil, muy difícil y para él aún más.
Poco a poco la enfermedad avanza y mientras lo hace él se va desesperando más y más. Porque es muy duro ver como la persona con la que has compartido toda tu vida, no es ni la sombra de lo que era, cada vez hay que estar más pendiente de ella y cuando los años pesan termina por dejarte destrozado.
Esa enfermedad va haciendo mella en todos, en quien la padece y sobretodo en quién está al lado, cada día necesitan más atención, estar más pendiente de ellos y con poco o nada de tiempo para uno mismo.
Ella ajena a todo, en su realidad que no es la tuya, y tú luchando día a día para que ella no se sienta mal aunque eso te cueste la vida.
Tú llevas todo el peso y se te va notando, cada día más agotado y sin ganas de nada, me preocupa, nos preocupa porqué sólo tú sabes lo que estás pasando, hiciste una promesa hace muchos años y me consta que de sobra la estás cumpliendo.
El otro día estando en el trabajo, al terminar de crear la ficha de un cliente nuevo, me vino al recuerdo una persona que hace tiempo, ella y su marido fueron clientes de la empresa anterior y sobretodo ella hizo bastante mella en mí.
Es curioso porque en aquel entonces a la mayoría de clientes los conocía sólo de hablar por teléfono con ellos y cruzar correos electrónicos, a los pocos que conocía en persona era porque venían a la empresa a conocerla y allí me los presentaban.
Ella era de Santander y nunca llegaron a venir a la empresa, imagino que por la distancia y unido a que la empresa la llevaban ella, su marido y una chica más, tampoco podían ausentarse y dejarla allí sola varios días. Así que nuestra relación era principalmente telefónica pero siempre hablábamos de más cosas aparte del trabajo.
Era una señora muy agradable, su marido un poco más serio pero los dos encantadores, tenían dos niños pequeños y a ella cuando me hablaba de ellos se le notaba esa alegría en la voz y ese orgullo con el que las madres (y los padres) hablamos siempre de ellos.
La empresa expuso un año en una feria en Madrid y ella esperaba encontrarme allí, pero yo no fui y luego habló conmigo para decirme que se había quedado un poco «chafada» porque esperaba conocerme en persona…
Con el tiempo yo quedé embarazada y ella continuamente preguntaba por mí, siempre muy pendiente de todo, y cuando nació mi hijo, llegó una mañana al hospital un repartidor de flores con un centro enorme y una tarjeta de felicitación de parte de ella y su marido, ufff las emociones, lloré como una tonta y no podía ni leer las palabras, cuando me recuperé le llamé (volví a llorar) y les agradecí de corazón el detalle.
Siempre pensé que algún día nos conoceríamos en persona, pero no pudo ser…
Unos meses más tarde a ella la ingresaron y operaron de urgencia del corazón, parecía que se recuperaba y una mañana llamé a su secretaria para ver cómo estaba y aún recuerdo esas palabras con lágrimas en los ojos «Blanca, Carmen murió hace dos días» poco más pude escuchar de esa conversación, recuerdo que mi compañera me preguntó que había pasado y casi no era capaz de contarle.
Yo prefiero mil veces una conversación cara a cara que una telefónica, sentir un abrazo a mandarlo, pero en ocasiones esto no es posible y la relación se tiene así y no por ello es menos bonita, porque hay personas que parece que están destinadas a tener un vínculo aunque sea en la distancia.
Han pasado muchos años pero cuando escucho algo de esa tierra (nunca he ido y no sé si iré) el recuerdo de ella siempre me viene a la mente y el corazón se me encoge.