En ocasiones recuerdo algunas fechas porque hay algo de referencia y si además ocurrió algo significativo para mí, creo que se quedan grabadas. Así como hace unas horas recordaba ese segundo «aniversario» del problema de mi pierna, hoy justo hace un año también ocurrió algo importante para mí, compartí una tarde junto a dos compañeros de aquí que considero ya amigos.
En ocasiones unas horas dan para mucho aunque siempre nos quedemos con ganas de más y creo que eso es lo más importante, quedarse con ganas de más, porque eso significa que has pasado un rato muy agradable, con personas que sin conocer te conocen demasiado, que sin saber te han dado su apoyo cuando más lo has necesitado y que has mantenido una conversación como lo harías con viejos amigos a los que conocieras desde hace años.
Hoy hace un año de ese café, de estar cara a cara, de mirar a los ojos, de conversar, sonreír, abrazar.
Una tarde de felicidad, donde me regalaron su tiempo y compartí el mío y descubrí que se puede conocer sin hacerlo y que aunque en la distancia se abrace siempre es más bonito sentir ese abrazo.
Hoy justo hace dos años, me levanté y me fui al trabajo,en la oficina como un jueves normal.
Llevaba poco más de una hora allí, ya me había tomado ese primer café con mi compañero y la pierna derecha se comenzó a dormir. Me levanté de la silla, comencé a moverla y nada, no se despertaba. Comencé a caminar de un lado para otro y en lugar de despertar fue a peor, la fuerza la iba perdiendo y ahí me asusté y pedí que me llevaran a urgencias.
Ahí empezó el calvario de pruebas, de repente me dijeron de operarme de urgencias porque el nervio estaba pinzado, un rato después otro facultativo opina que no y pruebas y más pruebas durante meses, todas las especialidades posibles dieron su opinión, tratamientos medicinales varios, físicos, rehabilitación y un largo etcétera durante meses y nada, la pierna recuperó fuerzas pero se quedó con esa misma sensación y sin terminar de recuperar. Me aferré a esas palabras del último neurólogo que visité «igual que se durmió, un día despertará, no hay un daño importante y lo hará por si sola».
A partir de ahí dejé de tomar tratamientos y de buscar soluciones, aprendí a vivir con la pierna así y hace unos meses prové con la quiropráctica, la pierna continúa igual pero al menos la espalda se resiente menos de ese «mal caminar».
Y creo que en la vida son muchas ocasiones en las que hacemos eso, aprender a vivir con aquello que un día sucedió, que nos afectó de una u otra manera y que sigue ahí y en ocasiones sale a relucir porque algo nos lo «recuerde».
Está presente en nuestro día a día pero estamos tan acostumbrados a vivir con ello que ya forma parte de nosotros, sabemos que sigue ahí pero la vida también sigue y toca o tirar hacia adelante o quedarnos estancados, seguir caminando con la pierna medio cojeando o tirarse en el sofá diciendo que no podemos caminar así. Eso fue lo primero que me dijeron que «dejara de un lado» mis paseos por la playa y lo hice por un tiempo hasta que si haciendo caso no mejoraba quizás tocaba ya volver a mis rutinas.
A veces es la salud la que nos cambia, otras son situaciones, o personas o sentimientos, pero en todas creo que al final nos acostumbramos a ello y seguimos, intentamos ser fuertes y seguir, de vez en cuando aparece ese recuerdo diciendo «sigo aquí» y en ese momento paramos un poco, respiramos profundamente, soltamos unas lágrimas si es preciso y después continuamos con ese paseo porque está en nosotros poder continuar por muy difícil que sea subir esa cuesta con una pierna que no responde del todo, seguro que siempre hay alguien ofreciendo un brazo donde apoyarse.
Esa primera vez en la que una chica tímida llegaba a esa casa. Casi desconocidos, diferentes a lo que estaba acostumbrada, queriendo arropar (unos más que otros) callada, con una sonrisa torcida y mil nervios dentro.
No fue mal, ellos seguían a lo suyo y pronto cada uno siguió aún más a ello. Tú asombrada porque en otro lugar siempre fue distinto, más humilde pero quizás con mejores modales.
Hoy creo que casi todo termina como empieza, con las personas a lo suyo, a sus vidas y mientras no me «influya» a mí, lo demás no importa, quizás pueda ser incómodo pero llevadero.
En otro lugar, todo es diferente, hay risas, hay bromas sin malicia, sin humillar, hay abrazos verdaderos, ganas de salir en esa foto, ganas de juntarse, ganas de celebrar, de estar y acompañar.
En otro lugar hay ganas de sostener a quien realmente lo necesita.
Lo que un día fue era la antesala de lo que hoy realmente es y cuando no hay ganas si no compromiso, con el tiempo se desvanece el estar.
Doy gracias a que en otro lugar, todo sigue igual a lo que un día fue, el recibir con cariño y abrazar esa compañía.
Tantas veces nos quedamos así «a tres segundos» sin saber si dar el paso hacia adelante o quedarnos en el sitio «por no molestar» y ese poquito de tiempo, esa indecisión puede llevarnos a conocer a esa persona maravillosa o perdérnosla.
Reconozco que yo soy de las que muchas veces se quedan a esos tres segundos, que quizás por algo de timidez que aún conservo, otras veces por no molestar o ser pesada y otras porque no estás segura de si a la otra persona le «apetece» que te acerques más, que te asomes a ver un interior que no se quiera mostrar. Y te quedas ahí, manteniendo la distancia pero con ganas de acercarte.
Yo, que siempre he sido de mantenerme un poquito en la sombra, en un segundo plano y tampoco he dejado asomarse a muchos, quizás por el temor a que me hicieran daño (con los palos se aprende dicen), sin embargo un día creo este lugar y aquí me «explayo» cada vez que hay alguna situación, algún sentimiento que ahoga y necesito sacarlo fuera.
Cuando no terminamos de acercarnos en ocasiones nos arrepentimos más adelante, por motivos diferentes, pero ocurre y dices «ya no volverá a ocurrir» pero sigue ocurriendo, sigues con ese temor a acercarte y poder molestar.
Hoy que desperté con un poquito de nostalgia, recordando lo bonito que llegó cuando me atreví y lo que (quien) se quedó en el camino cuando no lo hice, justo hoy descubro esta canción y pienso en que quizás algún día no me quede a esos tres segundos…
Dinos algo acerca de tu par de zapatos preferido y adónde te han llevado.
No soy mujer de tacones, ni de «zapatitos de charol», quizás por mi problema con los pies acostumbro a utilizar calzado cómodo y estas van conmigo en todos los viajes y cuando se trata de largas caminatas.
Llegaron unas a mis pies y a partir de ahí comenzó «mi colección» principalmente por lo cómoda que voy con ellas y (no voy a mentir) porque veo algún modelo que me llama la atención y al final terminan en mis pies.
¿Adónde me han llevado?
Me llevaron a cruzar ciudades, a caminar al lado del río, pasear por el bosque y también por el mar.
Caminé de la mano,y y en soledad, con la mejor compañía, con risas, con lágrimas, sintiendo el sol en la cara y cubriéndome del frío.
Descubrí ciudades, fiestas, costumbres. Descubrí pueblecitos perdidos y a la vez encantadores.
Pero volvamos a ese caminar, estas zapatillas caminaron en mis pies al lado de otras y recorrer kilómetros acompañada es la mejor manera de hacerlos, tus zapatillas al lado de otras, tus pies al lado de otros pies.
Con ellas bailé, salté de alegría, corrí a dar un abrazo y compartí caminos que un día se unieron, seguiré haciéndolo…
Aún quedan muchos kilómetros por recorrer, con ellas puestas y en compañía.
¿Me acompañas?
B.D.E.B.
Enrique Bunbury y Pepe Aguilar – Ven y camina conmigo