La mitad del armario

La mitad del armario

No es la mejor foto pero lo importante es el significado…

En ocasiones cuando hablas o comentas algo, aunque sea a través de las letras, parece que algo se pone en marcha para que llegue a ti una canción que te haga pensar sobre ello y te invite a escribir.

El otro día comentábamos esa mitad de armario que en ocasiones, irremediablemente, se queda vacía, dejando una ausencia y sin saber si ocupar ese espacio con «tus trastos» o esperar por si algún día se vuelve a llenar.

Justo al día siguiente apareció esta canción en la playlist y la tuve que anotar porque tenía que estar aquí, así como la fotografía de esta misma tarde del atardecer en el Puig Campana. Otra historia de amor que se vió truncada, otra mitad de armario que se quedó vacía, aunque la leyenda es antigua y en aquella época más que armario sería la mitad de una cueva.

La canción habla de lo bonito, de cuando esa persona llega para quedarse, cuando pone tu vida patas arriba y tú le haces un hueco no solo en el armario, también en el corazón que es lo más importante, se instala y esperas que sea «para siempre» dos palabras tan difíciles de cumplir, de que se conviertan en realidad…

Y aunque cada vez es más complicado que ese armario sea compartido, en ocasiones ocurre, en otras se vacía y después se llena, creo que la ilusión debería de ser la misma pero no sé si será posible, lo que sí sé es que cuando decidimos compartir ese armario lo hacemos con una ilusión increíble tal como dice la canción.

Siempre termina apareciendo la palabra compartir, creo que es porque me gusta demasiado, no solo la palabra, el significado que conlleva.

En estos días se cumplirán veintiocho años de compartir mi mitad de armario (aunque hay quien dice que realmente es un cachito solo) sigo sin saber si será «para siempre» pero de momento me conformo con que sea el ahora, realmente creo que es lo que importa.

B.D.E.B.

Morochos – Mitad de tu armario.

Darko

Darko

Y ayer le tocaba a él, Darko. Dicen que significa regalo y eso ha sido, un regalo para ella y un regalo para mí por un tiempo, aunque tendré la oportunidad de verlo crecer y seguir disfrutando de él.

El más pequeño y el más «malito», le encantaba saltar encima del hermano cuando estaba dormido y morderle para jugar. A la par muy cariñoso, se pone a dos patitas y «llora» para que lo cojas al brazo, creo que eso son los genes de su madre, porque el padre es un alma libre y prefiere andar por ahí a su libre albedrío.

Hoy un poquito más «tocada» que el otro día, quizá esperaba que se echaran para atrás, aunque siempre intenté hacerme a la idea de que sólo estarían un tiempo conmigo, se les toma cariño, por eso se han marchado con personas cercanas, que estoy segura de que los tratarán como uno más de la familia, como hago yo, porque se convierten en eso, uno más.

Y lo bueno del día es que ya tengo a mis dos bichejos conmigo, ya llegaron al camping y se están habituando al lugar aunque ya es conocido para ellos.

Ella, hoy en casa, me han dicho que lo buscaba, quizás aquí le sirva de distracción y en unas semanas se volverá a reunir con él por un tiempo.

Una vez más me doy cuenta de cuanto se llega a querer a esos bichejos, llegan a nosotros y se quedan para siempre.

Sus huellas llegaron al corazón y quedarán marcadas en la piel.

B.D.E.B.

Mi compañero fiel

Caos necesario

Caos necesario

No hay dos olas que rompan igual, cada una va a su aire, sin patrones que seguir y forman un hermoso caos en el mar.

¿Un poquito de caos en realidad nos viene bien?

Pues yo diría que sí y que además es muy necesario.

En muchos aspectos de nuestra vida nos guiamos por unas «normas», por hacer «lo establecido», seguir patrones y intentar que todo sea lo más ordenado y planificado posible, pero ¿y lo bien que sienta salirse de esos patrones?

Es necesario ese poquito de caos, salirse de lo habitual, un poquito de desorden, de desenfreno, de improvisación, siempre nos viene bien.

Creo que una de las cosas que más me gustan cuando estoy aquí en el camping es eso. Nos olvidamos un poquito de los horarios, se come cuando se tiene hambre, se duerme cuando se tiene sueño y mientras tanto disfrutamos. Baños en la piscina, atardeceres, noches de conversaciones, de observar la luna y las estrellas o una partida a algún juego de mesa.

Lo mismo comes solo que de repente la mesa es de veinte personas, que surge salir a dar un paseo o te tumbas a descansar de ese «caos».

No hay normas ni patrones establecidos, solo disfrutar, y se agradece, el resto del año ya está para llevar ese orden que no sé si nos gusta, pero la vida nos «obliga» un poco a llevarlo.

Y no puedo olvidar a esas personas que te traen también ese poquito de caos,pero no hablo de las que terminan por amargar nuestra existencia, si no aquellas que se les ocurre cualquier locura, cualquier plan para sacarte de ese pozo en el que a veces nos metemos.

En definitiva, me gusta el caos en su justa medida y lo creo necesario en la vida, sin él sería mucho más aburrida.

B.D.E.B.

Extremoduro – Dulce introducción al caos.
Invitados especiales…

Invitados especiales…

Estos dos primeros días de camping suelen ser los más «duros». Aunque se va poco a poco, hay mucho que montar, que organizar y dejar listo para disfrutar de los días restantes.

Lo hemos tomado con calma, relajados y parando cuando era necesario para tomar un refrigerio, darse un baño en la piscina o comer en el restaurante del camping, porque no había muchas ganas de ponerse a cocinar y bastante faena por delante.

Y hoy, en una de esas paradas, he descubierto lo «descarados» que se habían vuelto los pajaritos. Normalmente se acercan cuando las mesas están vacías y se apoderan de los restos de comida antes de ser retirados por los camareros.

Hoy, se cayó un grano de maíz al aliñar la ensalada, y de repente apareció uno de esos «descarados» se posó en la silla vacía y de ahí a la mesa, lo cazó y salió volando.

Me hizo gracia así que fui poniendo uno tras otro y observando como se iban acercando cada vez uno a cogerlos, al final habían unos cuantos invitados en la mesa.

Observar, ofrecer y disfrutar con pequeños detalles que nos regala el día a día.

B.D.E.B.

Aprendiendo

Aprendiendo

¿Qué lección has aprendido hace poco que te cambió la forma de ver las cosas?

Creo que siempre hay alguna lección nueva que aprender, cada día siempre surge algo nuevo. Pero también es cierto que no todas nos hacen cambiar.

Quizás tenga que irme a unos meses atrás y allí creo que aprendí no una, sino muchas lecciones, que no le damos valor a lo que es verdaderamente importante, que algunas personas no ven más allá de su bienestar, que no siempre hay tiempo para ese café, esa comida o esa conversación pendiente porque de un plumazo se esfuma todo y después lloramos el no haberlo hecho.

Pero hay una que quizás cambió mi forma de ver las cosas, «uno es solo culpable de sus propias decisiones, no de las que tomen los demás»,  a partir de ahí creo que comencé a ver las cosas diferentes y sobretodo dejé de culparme a mí misma de algunas cosas.

B.D.E.B.

Malú – Aprendiz