
En ocasiones cuando hablas o comentas algo, aunque sea a través de las letras, parece que algo se pone en marcha para que llegue a ti una canción que te haga pensar sobre ello y te invite a escribir.
El otro día comentábamos esa mitad de armario que en ocasiones, irremediablemente, se queda vacía, dejando una ausencia y sin saber si ocupar ese espacio con «tus trastos» o esperar por si algún día se vuelve a llenar.
Justo al día siguiente apareció esta canción en la playlist y la tuve que anotar porque tenía que estar aquí, así como la fotografía de esta misma tarde del atardecer en el Puig Campana. Otra historia de amor que se vió truncada, otra mitad de armario que se quedó vacía, aunque la leyenda es antigua y en aquella época más que armario sería la mitad de una cueva.
La canción habla de lo bonito, de cuando esa persona llega para quedarse, cuando pone tu vida patas arriba y tú le haces un hueco no solo en el armario, también en el corazón que es lo más importante, se instala y esperas que sea «para siempre» dos palabras tan difíciles de cumplir, de que se conviertan en realidad…
Y aunque cada vez es más complicado que ese armario sea compartido, en ocasiones ocurre, en otras se vacía y después se llena, creo que la ilusión debería de ser la misma pero no sé si será posible, lo que sí sé es que cuando decidimos compartir ese armario lo hacemos con una ilusión increíble tal como dice la canción.
Siempre termina apareciendo la palabra compartir, creo que es porque me gusta demasiado, no solo la palabra, el significado que conlleva.
En estos días se cumplirán veintiocho años de compartir mi mitad de armario (aunque hay quien dice que realmente es un cachito solo) sigo sin saber si será «para siempre» pero de momento me conformo con que sea el ahora, realmente creo que es lo que importa.
B.D.E.B.





