
Andaba escribiendo una entrada, diferente a esta, contestando a la pregunta del día cuando tocaron el timbre, enseguida supe de que se trataba y sin poder evitarlo los nervios se apoderaron de mí.
En ocasiones esperamos las cosas, pero mientras están «quietas» parece que nos damos un respiro y, aunque no las olvidamos, es como que nos permitimos un respiro entre tanto tormento. Pero al final llegan…
Llegan y nos afectan, por mucho que te digan (amigos, familiares, profesionales del tema, hasta terapeutas…) que todo está bien, que es lo normal, que ya sabes que tenía que llegar, que no pasa nada… si pasa.
Pasa que esperas el momento de quedarte a solas para romperte, todo aquello que aparcaste de nuevo aparece y de nuevo te preguntas mil cosas y te dan ganas de mil más…
Interrupciones que llegan a quitar la tranquilidad, de nuevo a borrar de un zarpazo la sonrisa de tu cara, la pequeña felicidad que sentías, pequeña sí, porque aunque los asuntos se dejen a un lado sabes que siguen ahí.
Esto durará un rato, al menos de «cara al exterior», porque cuando esté acompañada sé que fingiré que todo está bien, ya tenía hace poquito a mi hijo mayor interrogándome con la mirada, buscando esa mirada directa que no le he podido dar.
Algún día esto acabará, de la manera que tenga que ser, pero es un proceso lento y que desgraciadamente yo ya hice lo posible por terminar pero no está en mis manos. Ese día espero seguir con mi vida y que no lleguen interrupciones que hagan saltar por los aires mi estabilidad emocional, es lo único que pido.
B.D.E.B.



