
Ayer de nuevo estaba casi llena, yo en cambio me sentía completa, feliz, con buena compañía, con la «resaca» y el buen sabor de boca de esos días grandes de mi tierra, con fuegos artificiales de fondo y con recuerdos y risas mientras llegaban a la cabeza.
Ella estaba casi llena, pero la sentía en su máximo esplendor, jugaba a esconderse detrás de las palmeras, su reflejo en el mar, no podía faltar él en una noche bonita.
Como en otras ocasiones ella es protagonista de planes que surgen de la nada, salidas casi improvisadas a última hora pero que resultan mejores que las planeadas con semanas de antelación. Y es que creo que de eso se trata, de vivir el día a día, de improvisar y disfrutar del momento, de compartir ratitos, de reír, de dejar que nos ilumine la luna y que el mar nos transmita su frescura y su calma en esas noches de un verano recién inaugurado.
De nuevo ella es testigo de lo vivido, de lo disfrutado, de conversaciones, de miradas, de abrazos.
De nuevo ella casi llena y de nuevo yo me sentí completa en las cosas que realmente importan.
B.D.E.B.






