Callar, sentir…

Callar, sentir…

No sé si os ha pasado alguna vez, imagino que sí, que hay algo ahí que nos preocupa, que nos quita el sueño pero procuras no hablar de ello, es más, no eres la única persona implicada y hacemos lo mismo, no queremos hablar de ello, preferimos dejarlo a un lado como si no existiera, pero existe, está ahí…

Quizás en ti mismo no te das cuenta pero ves a la otra persona que no duerme a malas penas, que se le nota nerviosa, que la tensión incluso le provoca molestias musculares y no quiere decir que ese problema es el culpable de todo, porque decirlo es hablar de ello, justo lo que se quiere evitar.

Claro, lo ves en la otra persona, pero a ti también te está pasando, cuesta dormir a pesar del cansancio, estás irritable, y algo importante, intentáis distraeros con otras cosas para que no aparezca de repente y tener que hablar de ello.

En la soledad habláis, de cualquier otro tema, de lo que pasa en el mundo, de lo que tenéis pensado hacer en vacaciones, incluso del tiempo…cualquier conversación es válida, menos esa, es como si hablar de ello fuese retroceder a meses atrás, donde estaba presente cada día, donde pasaba justo lo contrario, era la conversación obligada casi a todas horas, casi con todo el mundo.

Ahora regresa de nuevo, pero solo el problema, la conversación se evita, creo que ya ocupó demasiadas horas en nuestra vida, demasiados nervios, demasiado dolor, rabia, incomprensión, demasiadas lágrimas.

Quizás pensamos que al no hablar de ello no se recuerda, pero sí, está demasiado presente, en la mente de cada uno, diría que hasta en el corazón, pero mejor guardar silencio mientras se pueda, mientras no sea necesario, porque cuando llegue el momento de enfrentarlo,quizás no hayan palabras, solo una mirada que diga, estoy aquí, estamos juntos en esto.

B.D.E.B.

Valeria Castro – Contigo
Presencia

Presencia

Cada mañana, Clara recorría el mismo trayecto en metro. Entraba en el vagón, se colocaba los auriculares y se refugiaba en la pantalla de su móvil. Noticias, mensajes, vídeos, correos. Un flujo interminable de información que llenaba cada segundo de silencio.Una mañana cualquiera, mientras desplazaba el dedo sobre la pantalla, escuchó un leve sollozo.Levantó la […]

Presencia

Hace poquito tiempo sigo un blog «Todo es relativo» y cada entrada me deja pensando y reflexionando, la de hoy me ha tocado más allá.

En ocasiones nos hace falta eso,parar, observar y acompañar.

Gracias José María por esta y otras entradas, espero que no te importe que la comparta.

B.D.E.B.

Creer o practicar

Creer o practicar

¿Crees en el minimalismo?

Creo en el minimalismo y creo que con él quizás tendríamos una vida mejor y con menos «problemas». Ahora si la pregunta se refiere a si lo practico, seguramente la respuesta sería diferente.

A veces no siempre se trata de lo que creemos, lo que nos gustaría o lo que haríamos, es más complicado. Si vivimos en una gran ciudad o una un poco más pequeña no es igual que vivir en un pueblecito pequeño o una aldea. Creo que nos amoldamos un poco a las circunstancias que nos rodean.

Si convivimos en la casa con más personas no puede ser igual que estar solo, yo quizás pueda estar y vivir con lo esencial, pero si el resto no, al final siempre habrá más trastos y lo más probable es que los terminemos usando.

Si vives en un pequeño pueblo, seguro que tienes a mano esa naturaleza para poder pasear por senderos, montañas, orillas de un río, etcétera, quizás no hay un gimnasio cercano para hacer deporte pero se hace de otra forma más sana.

En casa tenemos todas las comodidades posibles y un millón de trastos que quizás hace años que no se usan, sin embargo en verano, cuando estoy en el camping, sobrevivo sin ellos me doy cuenta de que tampoco hace falta tanto y que con menos quizás tengo más porque allí encuentro otras cosas sencillas que llenan mucho más nuestra vida que todo lo superfluo.

No voy a mentir, las comodidades están muy bien y en mi día a día me resultan necesarias, pero cuando cambio esta vida por la del «campista» reconozco que me siento diferente y muy a gusto y no me importaría una jubilación como la de esos extranjeros que habitan allí prácticamente todo el año, eso sí, a ser posible con el mar cercano.

B.D.E.B.

Paul Alone – No valgo pa’Ciudad
Sin filtros…

Sin filtros…

Una amiga me estaba diciendo hoy que últimamente no «tenía filtros» a la hora de decir las cosas, que a veces le pasaba algo por la cabeza y tal como le pasaba lo decía, sin más, sin llegar a pensar.

Justo hace unos días, alguien me dijo que había dicho algo que quizás no debía de haberlo hecho. El caso es que recuerdo haberlo pensado pero no haberlo dicho, pero por lo visto lo pensé en voz alta sin darme cuenta de ello.

Siempre he sido una persona tímida y callada, he preferido callar antes que hablar y ofender a alguien, aunque siempre hablo con respeto pero es cierto que a veces sin querer podemos ofender por mucho que no sea nuestra intención, a todo el mundo no le sientan bien las verdades, y quizás por eso utilizamos a veces esos «filtros» a la hora de hablar, pensamos primero en que nadie se pueda ofender con lo que vamos a decir y algunos temas, con depende qué personas, son temas «tabú» que intentamos no tocarlos.

He sido así, pero creo que con los años voy soltando esos filtros y cada vez los utilizo menos, sigo siendo respetuosa con las personas (y mira que a veces nos tocan mucho la moral), en ocasiones me muerdo la lengua porque sé que puede acabar en discusión, pero otras veces no hay filtros, las cosas salen tal cual llegan a la cabeza, porque algunas situaciones ya nos cansan, se repiten y hay gente que nos toma por tontos, o que confían en que sigues siendo esa persona que siempre calla por no ofender, no importa si a ti te ofenden,  te mienten o te hacen daño.

Así que no sé si será la edad o quizás el cansancio de todo lo vivido pero cada vez utilizo menos los filtros, si acaso para capturar alguna bonita imagen con la cámara, aunque la de hoy sea sin filtros, algo a lo que me voy acostumbrando…

B.D.E.B.

Beret y Melendi – Desde cero.
Abrir ventanas

Abrir ventanas

Hoy una publicación en las redes me llamó bastante la atención y me dejó pensando en cuanta razón había en ese escrito.

Era un vídeo de un edificio con todas las ventanas cerradas y tan solo había una abierta. Por esa ventana abierta, una cortina salía y se movía libremente, sin nada que la detuviera, ondeaba al aire como si de una bandera se tratara.

Había muchas frases con muchas verdades, pero entre todas hubo unas que me llamaron la atención:

» La cortina volando no es desorden, es libertad. Es el viento entrando donde todavía existe espacio para sentir.»

Estamos muy acostumbrados a contestar ese «bien» a la pregunta de como estamos, por no preocupar, porque realmente nos gustaría estarlo, porque es «más bonito» y más fácil para el otro, alguien que esté bien a alguien que no lo esté, el edificio estéticamente está más bonito con todas las ventanas cerradas que con algunas abiertas dejando volar esas cortinas.

Nos cerramos como esa ventana, y no nos damos cuenta de que así no somos tan libres como nos gustaría, que no está nada mal abrir de par en par, dejar que entre el aire, sentirlo y ondear mientras él nos lleva de un lado a otro, sentirnos vivos.

Hoy comienza un mes que siempre he vivido con mucha ilusión, y aunque este año de nuevo vuelve a ser complicado porque hay asuntos que sobrevuelan por ahí, voy a abrir ventanas, voy a sentir y dejar que el viento me haga ondear y me lleve donde crea conveniente. Voy a abrir y dejar que entre el olor a pólvora, la música y el brillo del fuego, a permitir que afloren los sentimientos y compartirlos una vez más y esa ventana solo se cerrará para evitar que se cuele aquello que venga a enturbiar la claridad que siempre entra cuando abrimos una ventana, quizás a la esperanza…

B.D.E.B.

Manuel Carrasco – Siendo uno mismo.