Historias…

Historias…

Mientras caminábamos por la orilla del mar, nos contábamos nuestras historias, nuestros éxitos, nuestros fracasos, cuando la vida nos sonreía, cuando nos hizo llorar, cuando nos rompió, cuando nos recompusimos…

Mirábamos al frente sintiendo la brisa y de vez en cuando nos mirábamos a los ojos buscando la mirada del otro, necesaria, observar que entendía a la perfección de lo que estábamos hablando, dos vidas complicadas ¿acaso hay alguna que no lo sea?

Más adelante nos detuvimos y nuestras miradas fueron a parar al horizonte, el mar estaba en calma y esa calma se contagiaba. Te miré de reojo, tu rostro estaba serio, tu mirada sin embargo brillaba. Me acerqué un poco más y te agarré de la mano mientras dejé que mi cabeza reposara en tu hombro.

-¿Es bonito verdad?

-Lo es

No hubieron más palabras, solo un nuevo cruce de miradas, una sonrisa, tu rostro ya no estaba serio y tus ojos brillaban aún más. Un acercamiento, un beso, un abrazo del que no quise soltarme…

Cerré los ojos mientras mi rostro estaba sobre tu pecho, escuchando esos latidos acelerados y supe que ahí empezaba una nueva historia, esta no tendríamos que contarla, porque la viviríamos juntos tú y yo…

B.D.E.B.

Carla  Morrison – Te regalo
Vistas…

Vistas…

Mientras hablo contigo desvío la mirada, observo el mar al fondo y el castillo a la izquierda, casi pegado a nosotras.

Mientras trasciende la conversación va oscureciendo, mi corazón también ha llegado hoy así oscureciendo, en estos días las tormentas han hecho que se disipe la luz y mientras hablamos vuelvo a mirar el castillo, ahora se encendieron las luces, hoy está iluminado de color rojo y poco a poco yo me ilumino con él.

Quizás el decir en alto las cosas que pesan, sacarlas fuera, o quizás pensar en lo bueno que tengo, tú siempre consigues que te hable de ello, de lo que me hace feliz, de quienes hacen que los días sean un poquito mejor.

Hoy me has dicho tú aquello que yo siempre digo, «la familia es la que uno elige» no he podido estar más de acuerdo. Y como siempre, recordando a quienes elijo las lágrimas pelean por salir, no las he dejado, pero tú te has dado cuenta, tu sonrisa te delata y sé que sabes como me siento.

El nudo sigue en la garganta pero por aquellos que siempre están, de una o de otra manera, quienes tienen una palabra exacta como decía ayer, quienes estuvieron desde el minuto cero sin soltarme de la mano o quienes tiran de mí cuando las fuerzas se agotan. Ese nudo está ahí por ellos, porque no sé si algún día les podré agradecer tanto.

Me he despedido de ti con el corazón iluminado de nuevo, con ese color rojo,brillante, como el del castillo en esta noche y observando el mar de fondo.

B.D.E.B.

Kany García – Que pasen los días
La «palabra» que necesito

La «palabra» que necesito

Hoy es uno de eso días que te levantes con «la resaca» emocional del día anterior, con dolor de cabeza y sin muchas ganas de nada aún queriendo que el día sea un poquito mejor.

Y a veces son simplemente unas letras las que te hacen decir, «Sí» vamos a seguir tomando rumbo hacia donde queremos llegar y no seguir a la deriva y que el viento nos obligue a ir a un sitio que no es el que queremos estar.

Te das cuenta de que llegan de esa persona que siempre está en la sombra, que si intentas explicar que sí, que es él, mirará hacia atrás buscando a otra persona porque no cree que te diriges a él. No le gusta ser protagonista ni descubrirse, al menos eso es lo que me parece y yo lo respeto, siempre.

Hay quien tiene siempre esa palabra correcta, necesaria, que parece una tonteria ¿una palabra puede cambiar el estado de ánimo? Sí, lo hace, cuando llega en el momento adecuado, cuando es justo esa la que necesitabas, sin saberlo ni tú ni de quien sale porque, igual que una palabra nos puede llegar a hacer mucho daño, otra puede llegar a curar, a acariciar y ayudar a tener esperanza en que todo se arreglará.

Hoy lo volviste a hacer, como tantas otras veces que recuerdo con especial cariño, de nuevo acariciaste donde dolía sin saberlo, de nuevo llegaste a curar, porque aunque no lo creas sabes tocar las teclas cuando quieres y sacar una sonrisa de las lágrimas, una esperanza o el rumbo a tomar.

Hay personas que sin ellas saberlo se convierten en necesarias, tú una de ellas.

Gracias una vez más por tanto, aunque pienses que no es nada.

B.D.E.B.

A la deriva…

A la deriva…

Algunos días, una conversación, una canción, un recuerdo que llega a la mente, un sueño o la falta de este, incluso una frase o una palabra, te desmonta casi por completo.

No importa que se haya empezado bien, puede ser que se vayan acumulando cosas a lo largo de la mañana y cuando llega esa última hace que todo estalle por los aires. Pero no lo hace en forma de grito, ni de enfado, lo hace justo al contrario, un grito ahogado y unas ganas de meter la cabeza debajo de una manta y romper a llorar.

Imagino que siempre volvemos a lo mismo, a finales que nunca llegan, a incertidumbres que no nos permiten la tranquilidad que necesitamos, a un sentimiento de culpabilidad, que aún a sabiendas de que no había otra forma de hacer las cosas y por mucho que todos hablen de tu inocencia, a ti siempre te queda la duda del «y si lo hubiera hecho de otra manera».

Van siendo muchos más los días buenos que los malos, me quedo con eso y con la predisposición de seguir queriendo llegar a entendimientos pero hay días que todo pesa y que por cualquier motivo todo vuelve a salir a flote y mientras lo hace tu comienzas a «hundirte».

Y desde ahí miras el comienzo del día, en el que te veías haciendo esta y otra cosa, en el que habías planeado varias tareas de las cuales no has hecho ninguna. Te echas en el sofá y pasas esas horas perdidas, si alguien pregunta siempre se puede poner el pie de excusa, porque lo que trae estos días también, es que no tienes ganas de dar explicaciones para que te contesten que no puedes ni debes estar así (que fácil es hablar cuando no se siente)

Sabes que será un día, dos como mucho, que después todo vuelve a colocarse en su sitio y volverás a tener paciencia para esperar ese final, que curioso ¿verdad? Hay finales que no queremos que lleguen nunca y otros sin embargo los esperamos ansiosos, nunca estamos conformes.

Hoy está todo patas arriba de nuevo y cuando menos ganas tenemos de salir, de movernos pues pasa que, como si algo te impide que estés así, llega una llamada y te hace tener que moverte y salir, así quizás te pega el aire (ese que últimamente azota fuerte por aquí) y cambia de rumbo este día que se iba un poco hacia la deriva…

B.D.E.B.

Leiva – Caída libre
Tarde de domingo

Tarde de domingo

Mientras la negrita se coloca sobre las piernas dispuesta a seguir echando su siesta, Ares que es un «alma libre» busca el hueco del sofá que quede libre. Allí se aposenta erguido y con pose, siempre con su bonita planta.

Ella es más, no sé como decirlo, ¿pasota? Se tumba de cualquier forma, preferiblemente buscando unas piernas (preferiblemente las mías), pero si no hay nadie sentado, se tumba de cualquier forma sin importarle su aspecto. Él no, él aunque se esté durmiendo sentado ahí está en pose como esperando un reportaje fotográfico, eso sí, no te acerques a él con la cámara porque no se deja fotografiar así de fácil, huye casi tanto como un famoso.

Lo bueno de las tardes de domingo en casa es que ellos acompañan como uno más, ¿peli y manta? Pues vamos allá, eso sí, sin palomitas para no alterar su tranquilidad (y la mía).

B.D.E.B.