Soledad mágica

Soledad mágica

En ocasiones un momento de soledad nos ayuda a poner en orden todo lo que llevamos dentro, o parte de ello.

Me gusta estar rodeada de mi gente, compartir con ellos, disfrutar junto a ellos. Mantener esas largas conversaciones, desahogarme y escuchar, me gusta mucho escuchar y más si lo necesitan.

Pero reconozco que cuando, por algún motivo, aún en medio de un paseo, de un viaje, de una visita, llega ese momento de soledad y de estar con una misma, de mirar lo que tengo alrededor y además mirarme dentro, de dejar fluir aquello que está atrapado, de soñar despierta. Cuando llega ese momento, lo disfruto casi tanto (en ocasiones incluso más) que estando en compañía.

Así sucedió en ese momento en el que capté la imagen. Sentada en un banco, enfrente justo de aquel solitario, rodeada de esos árboles que parecían abrazarme a pesar de haber perdido sus hojas, inspirando ese aroma que desprendían el resto de flores y arbustos del lugar, dejándome llevar por la magia de ese lugar y por el embrujo de esa ciudad.

Esos momentos son tan necesarios, ese paréntesis, ya sea en medio del caos o del disfrute, los necesitamos igual. Y cuando llegan se disfrutan, respiramos hondo, nos dejamos llevar, buscamos a ese yo que está escondido y que pocas veces mostramos, que guardamos interiormente para que no lo puedan dañar como hacen con nosotros, aunque algún privilegiado en algún momento lo ha conseguido ver, se lo hemos querido mostrar.

Son momentos mágicos que a veces las palabras no son suficientes para mostrarlo, pero estoy segura que cada uno de vosotros, en algún momento también lo habréis vivido.

B.D.E.B.

Kany García – Aunque sea un momento
Los días pasan…

Los días pasan…

Y desde que he regresado ella no se aparta de mi lado

Finaliza una semana intensa en la que creo que no ha faltado de nada (hasta ratitos de pensar en lo que no se debía). Emociones, sensaciones, compartir, admirar, sentir, recordar… y caminar con la mejor compañía.

Primero fue Valencia, con esas fiestas que cada día admiro y disfruto más. Una mezcla de sentimientos entre la alegría y la tristeza que en más de un momento me escogieron el corazón y hasta «dolía» el estar pasándolo bien, me hacía sentir un poco culpable.

Y después llegó esa ciudad que me robó el corazón hace casi veinticinco años, Granada, volver allí es despertar una gran cantidad de sentimientos y emociones que me costaría describir. Pasear de nuevo por sus calles, el Albaicín, el mirador de San Nicolás y desde allí observar la Alhambra…por más veces que lo visite siempre hará que se me erice la piel y que llegue ese recuerdo de aquella primera vez.

Termina una semana de no parar y termino agotada, feliz de haberlo disfrutado, de haber vuelto a sentir todas esas emociones que me provocan cada una de esas ciudades de distinta manera pero igual de bonitas y feliz de hacerlo siempre bien acompañada, con personas que se han convertido en pilares fundamentales en mi vida, que están y me lo recuerdan a menudo para que no se me olvide.

Mañana toca volver a la rutina y, sinceramente, no me da pereza hacerlo, lo único que ocurre es que cada semana que comienza es como si esperara algo que tiene que llegar, que llegará tarde o temprano y sé que en ese momento todo esto que estoy disfrutando, que estoy sintiendo, toda esa felicidad (aunque incompleta) pienso que se podría esfumar y siento miedo, no lo puedo remediar.

Esa sensación de estar disfrutando y feliz pero «de prestado» y que en algún momento alguien llegue a quitártelo, porque me conozco y dejaré que lo hagan por mucho que me mentalice en que no debo permitirlo.

Quizás por eso diga que esa felicidad es incompleta, aunque creo que siempre nos falta algo para ser del todo felices, solo en ocasiones vemos que somos afortunados pero es como que se podría mejorar.

En mi caso ahora mismo me falta ese puntito de tranquilidad que desde hace casi un año no existe, me tiene en vilo siempre de esperar lo que está por llegar.

Mientras llega toca disfrutar de los momentos, mantener la mente ocupada para no sobrepensar y compartir con aquellos que no se apartan de mí para estar cerca cuando llegue el momento.

B.D.E.B.

Paula Mattheus – Cuando nadie mira
Un banco, una luz…

Un banco, una luz…

La soledad de ese banco vacío que un día compartimos los dos. La tenue luz hacía que tus ojos brillaran, o quizás era por sentirte acompañado.

Aún puedo escuchar las risas, las conversaciones largas, profundas, un «te quiero» susurrado.

Aún puedo recordar ese hueco perfecto donde recostar mi cabeza entre tu hombro y tu cuello, el olor de tu perfume mezclado con el aroma de tu piel, inconfundible, inolvidable…

Tu brazo sobre mis hombros, arropándome, el mío rodeando tu cintura, acercándome, nuestras manos entrelazadas y nuestros pensamientos deseando que se parara el tiempo.

Ese banco, hoy vacío y solitario… recordando un beso apasionado, una mirada de enamorados y una promesa rota.

Un banco, una luz tenue y un camino separado en dos…

B.D.E.B.

Jesse & Joy – Lo que nos faltó decir
Brujas…

Brujas…

Recuerdo los cuentos que leía de niña en los que aparecían las brujas. Para una niña miedosa como yo no eran las mejores lecturas, pero siempre había algo en ellas que me atraía, quizás más que algunos cuentos de princesas.

Después creces y transformas esos cuentos en la vida propia, aparecen esos personajes y te das cuenta que ni las «brujas» son tan malas como nos lo quisieron mostrar, ni las «princesas» son tan buenas e inocentes.

Hay quien dice que soy un poco bruja, quizás lo sea, pero sin maldad.

B.D.E.B.

Saurom – Noche de Halloween
Iluminar

Iluminar

Los días grandes de fiestas, de cualquier tipo de ellas, no tenemos más que mirar un poquito hacia arriba para fijarnos en esos preciosos adornos que además tienen la función de iluminar nuestras calles.

Ayer mientras los observaba, me vino a la mente que así como esas miles de luces iluminan el camino que llega hasta el centro de la fiesta, hay personas que nos iluminan a nosotros en otro tipo de camino bastante más  complicado, el de la vida.

En la claridad se ven bonitos, se balancean a tu lado y te resultan bonitos, te alegras de verlos lucir así y sonríes mientras los observas. Pero cuando llega la oscuridad descubres algo más, no solo brillan,también están ahí para iluminarte, a ti y al camino que sigas. Apartan esa oscuridad, transformándola en brillo de mil colores y aunque sea a ratitos, tu vida vuelve a tener luz gracias a ellos.

Doy gracias por recibir su luz, su calor y sentir que con ellos cerca yo también puedo brillar.

B.D.E.B.

El nido, Rozalén – De corazón