En un solo día

En un solo día

Algunos días dan para mucho, para tanto que se podría, no diría un libro, pero sí para varios capítulos, se amontonan historias, situaciones, problemas y, porque no, también alguna alegría.

Pero también esos días, quizás se amontonan un montón de emociones que también se amontonan y lo mismo te sale una sonrisa, que de repente tienes ganas de llorar y en un momento dado incluso te gustaría estar en la cima de una montaña y gritar, así como hacíamos de niños para escuchar el eco, pero en esta ocasión para sacar la tensión que llevamos dentro.

Días que dan para mucho, mentes que no paran y que a veces necesitan un descanso. Nervios, tensión y emociones que no sabes del todo gestionar y que llega algo o alguien que hace de repente que hagas una pausa, que cambies el hilo del día y que de repente sientas algo diferente a todo eso que llevabas sintiendo toda la mañana y que estaba consiguiendo que el inicio de la semana fuera duro.

Es curioso que unas simples palabras puedan cambiar tus emociones, que consigan sacar esa primera sonrisa del día, de la semana. Es como esa brisa fresca que llega y aparta las nubes para que brille un poquito el sol, esa brisa fresca que acaricia nuestro rostro y nos hace sonreír.

En un solo día podemos pasar de estar tristes a contentos y viceversa, de estar nerviosos a tranquilizarnos, de no tener ganas de nada a querer comernos el mundo.

A veces lo conseguimos solos, otras con algo de ayuda y otras…otras aparece esa brisa que sin darse cuenta cambia el rumbo de nuestras emociones.

B.D.E.B.

Acompáñame a estar solo – Ricardo Arjona.
Apartadas

Apartadas

Esta mañana mientras caminaba por la orilla, he visto que en la arena, en una parte más apartada de la orilla, se había formado un «charco o piscina» y allí estaban ellas, apartadas de todos los que pasean por la orilla y, aunque sin querer, las molestamos mientras paseamos o corremos por allí, parecía que en ese lugar se sentían protegidas, sin temer a nadie.

Me ha recordado algo, de niña a mí también me tenían «apartada», no en el mal sentido, me relacionaba con todos a pesar de mi timidez, pero si me tenían apartada de los problemas, me sobreprotegían y es ahora, de un tiempo hacia aquí, cuando me he dado cuenta de ello, aunque me ha hecho falta un poquito de ayuda para hacerlo.

Me tenían apartada en una burbuja, no consentida ni malcriada, eso nunca, pero sí me protegían de sobremanera para que nada ni nadie pudiera dañarme en el sentido emocional. Me consta que lo hacían sin darse cuenta porque si tenían que regañarme lo hacían y siempre me educaron en el respeto (ya hablaba de ello no hace mucho) pero cuando había algún problema, alguna mala noticia, algún enfado entre alguien, intentaban que no llegara hasta mí y si lo hacía que fuera de la manera «más delicada» posible. Eso, mientras eres una niña, quizás no sea del todo malo pero cuando te conviertes en una adolescente y después en una mujer, ya ahí…

El problema es que mientras te tienen apartada la coraza la han puesto otros pero cuando tu sales de esa «jaula de cristal» es cuando te das cuenta de lo vulnerable que eres, de lo fácil que es que te dañen y te toca aprender a marcha forzada a crear tú misma esa coraza y, ya os digo, no es fácil.

Aprendes a no apartarte, a qué tenemos que enfrentarnos a todo porque de eso se trata la vida, de amar, querer, abrazar, pero también a luchar y pelear y no ver todo desde esa burbuja donde nos hacían sentir seguros.

No reprocho nada, mis padres lo hicieron bien, protegieron a esa pequeña que sabían que todo le afectaba de sobremanera y el haber perdido un hijo antes aún les hacía protegerla más, creo que incluso mi hermana mayor lo hacía. Hoy les doy las gracias, porque eso demostraba el amor hacia mí, aunque no ayudó para otras cosas, pero no importa.

Hoy las he visto apartadas y todo esto llegó a mi mente, hoy, después de tener una noche de esas en que duermes poco o nada porque a veces los problemas se ponen en fila de madrugada para que pienses en ellos (vamos, que no hay horas el resto del día…)

Hoy ellas estaban ahí, como si lo que ocurriera fuera de ese charco no fuera con ellas, quizás yo también siga apartándome de vez en cuando, cuando paseo por ese mar disfrutando de aquello que me encuentro en mi camino.

B.D.E.B.

Antoñito Molina – Superviviente.
Diferencias…

Diferencias…

El paso de los años es el que en muchas ocasiones nos hace buscar (o encontrar) las diferencias entre las cosas. Lo que parecía igual, lo que siempre has intentado equiparar y pensabas que realmente era así, y al final descubres que estabas equivocada, que hay muchas diferencias que quizá no veías y ahora sí, o quizás las ocultaban y ahora se dejan ver.

Siempre intento pensar que era yo quien no veía las cosas, quien miraba siempre lo «bonito», creo que es menos doloroso que pensar que te han estado ocultando como eran realmente, y es que a veces nos cegamos y no vemos más allá, como cuando miras al sol y después vuelves a mirar cualquier otro objeto, paisaje, sólo ves esa lucecitas y lo demás está borroso…

Pero hablaba de diferencias, de como siempre has intentado ver todo igual y al final descubres que no lo es.

Y es entonces cuando comienzas a ver que nunca lo fue, que en un lugar pedías y en el otro te ofrecían. En uno reían contigo, en el otro se reían de ti. Donde tú confiabas abusaban de tu confianza, en el otro lugar siempre confiaron en ti, lo siguen haciendo. En ambos lugares te conocieron vulnerable, conocieron tus puntos débiles, unos los ultilizaron para protegerte, otros para saber donde herir.

Habían muchas diferencias, no las supiste ver, o quizás no las creíste o quizás estaban ocultas como en esos pasatiempos que consisten en encontrarlas. Al final salieron a la luz, no porque tú estuvieras buscando, porque al final no se puede fingir todo el tiempo.

Hoy al menos tienes algo claro, quienes están, quienes te apoyan, a quienes les gusta reír contigo o se esfuerzan por verte sonreír. Sabes quienes confían en ti y en quien puedes confiar, sabes con quienes te puedes mostrar vulnerable y contarles tus peores pesadillas, porque crearan una coraza a tu alrededor para que no puedan herirte, y si no consiguen evitarlo, estarán los primeros para curar las heridas.

B.D.E.B.

Manuel García y Mon Laferte -La danza de las libélulas.
En color

En color

Entré al mismo despacho que hace algo más de un año atrás, y hoy me fijé en ese cuadro de una fotografía en la pared. Era muy parecido a esa fotografía que yo tomé un día, esa arboleda alrededor del camino, un camino que se ve casi sin fin, en el cuadro estaba en blanco y negro, así como yo siempre la había compartido, en blanco y negro, no sé muy bien si por el dolor del día en que la tomé o porque era un camino del cual no veía el final.

La primera vez que entré a ese despacho era solo un principio, uno de esos que sabes que va a ser largo, un camino a recorrer en el que ya anticipabas que habrían muchas lágrimas, muchos momentos de querer tirar la toalla, muchas decepciones (llegaron aún más de las que imaginabas), me atrevería a decir que una enfermedad sí, porque la salud mental también cuenta, y eso era el principio ¿qué sería el final?…

Hoy observé el cuadro, encontré la similitud con mi imagen, y aunque llegué con los nervios a flor de piel, supe que era un camino con final, que puede ser que hoy sea de nuevo otro inicio pero ya más cerca del final. Hoy se acabó una de las grandes incertidumbres aunque no sea del todo, pero quizás aporta un poco de tranquilidad dentro de ese gran caos.

Hoy toca ponerle color a esa foto, hoy ya no está en blanco y negro, Hace poco alguien me decía que era curioso que transformara una imagen al blanco y negro en señal de tristeza, como de duelo, pero es algo que suelo hacer a menudo. Quizás por eso hoy he querido transformarla y ponerla en color, porque aunque queda aún mucho camino por recorrer, muchas lágrimas por derramar y muchos momentos en los que desee de nuevo tirar la toalla, hay mucho más detrás de todo eso…

Hay uniones que no conseguiran romper.

Hay apoyos que siempre están, que no decepcionan.

Hay sueños por cumplir, ilusiones que se mantienen intactas.

Hay un esfuerzo que se tiene que ver compensado.

Hay distancias que ya son insalvables pero quizás porque era necesario.

Lo único que siento de todo esto es que me hizo cambiar como persona, aunque solo sea para algunos…

B.D.E.B.

Luz Casal – Volver a comenzar.